Lenguaje inclusivo: ¿una lucha por la visibilidad?

Si eres fan de las redes sociales, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos tiempos han aparecido con más frecuencia palabras como: todes, nosotrxs, ellxs, etc. Se trata del llamado “lenguaje inclusivo”, una práctica que cada día consigue más seguidores —sobre todo entre los grupos feministas y LGBT+—, pero ¿cuáles son los orígenes de este lenguaje?

Orígenes

Aunque pareciera que es algo actual, sus inicios se remontan a los años setenta del siglo XX, cuando el feminismo se planteó por primera vez que en la lengua castellana se daba poca importancia al género femenino, mientras que la mayoría de las referencias estaban dirigidas a lo masculino. Esto sigue ocurriendo hoy en día, seguramente has acudido a una junta de “padres” de familia en donde la mayoría son “mamás” o conocido asociaciones de “jueces” integradas en mayor medida por mujeres.

Delia Suardíaz fue la primera en estudiar esta problemática en su tesis de maestría: Sexism in the spanish language (1973), donde descubrió que el lenguaje incluso degrada a las mujeres y expuso la necesidad de un cambio lingüístico. Para muestra de ello, basta revisar las ediciones anteriores a la 23ª del Diccionario de la Lengua Española (2014), en las que todavía se asociaban las palabras “débil” y “endeble” a lo femenino.

¿Débil? (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

Así que, hasta la fecha, algunos grupos de personas siguen inconformes con la forma en que la Academia se dirige o representa al género en sus definiciones y buscan una nueva manera de expresar su discurso e identidad.

¿Diversxs?

Aunque en un inicio el lenguaje inclusivo buscaba únicamente la visibilidad de las mujeres, ahora se ha extendido a las personas de la diversidad sexual y a los aliados de esta. Aquí, nombrar dos sexos no basta; de acuerdo con las ideas de la crítica queer, es imposible reducir a dos categorías la multiplicidad del género que podemos habitar o con el que nos podemos identificar.

De modo que el uso de la “x” y la “e” surgen como una nueva manera de inclusión para las personas diversas. Más allá de ser formas neutras del lenguaje, se trata de mostrar la indecibilidad del género.

Diversidad. (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

A diferencia de la “x”, la “e” no solo se puede utilizar en la escritura, sino también en la oralidad. Se volvió popular a partir del 2018, en un debate político que buscaba la despenalización del aborto en Argentina, donde su uso fue autorizado para tareas y trabajos de algunos colegios, así como en los juzgados.

En varios países de habla hispana aún existe un debate sobre la aceptación o rechazo del lenguaje inclusivo entre grupos impulsores de este y miembros de las instituciones de la lengua española. A pesar de que ambos tienen argumentos interesantes, lo cierto es que dicha búsqueda de aceptación del lenguaje inclusivo habla de un cambio de ideas en la sociedad y de una lucha de mujeres, personas de la comunidad LGBT+ y aliados, por una visibilidad e inclusión.

Gritos y silencio. Los días de las mujeres

El 8 de marzo desfilaron, según cifras oficiales, 80 mil mujeres (aunque se dice que, en realidad, fueron al menos 120 mil) en la Ciudad de México. Aun así, se considera que la participación fue menor que en otros países como Chile, España y Argentina. Y eso que es la más nutrida hasta la fecha. ¿Será que nuestra inmersión en el ancestral sistema patriarcal es tan profunda que dominan la desinformación, el desinterés o incluso la indiferencia?

“¡Mujer, escucha, esta es tu lucha!”

O tal vez es porque se producen 10 feminicidios cada día: mujeres asesinadas por alguien cercano, frecuentemente su pareja, sin más motivo que el de ser mujeres, atacadas con violencia inaudita, violadas, humilladas, sus cuerpos desnudos, envilecidos, expuestos en sitios públicos, fotografiados y difundidos por los medios de comunicación. El miedo es intenso, es profundo y paraliza.

“¡Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal!”

El lunes después de la marcha fue de paro. Muchas mujeres (las que pudieron), no trabajaron ni participaron en redes sociales o labores del hogar. Algunos hombres dijeron extrañarlas, otros se sintieron aliviados por el silencio. Ese lunes las bolsas de valores se tambalearon por la caída en los precios del petróleo. Una semana después, el COVID-19 nos obligó a aislarnos y desde entonces es la noticia dominante.

“¡Ni una asesinada más!”

Hace pocos días, durante una de sus “mañaneras”, el presidente López Obrador habló de las mujeres como población especialmente vulnerable por ser quienes se encargan de las labores domésticas y de cuidado. El comentario fue considerado machista y desacertado. El equipo de manejo de crisis entró en acción y esa misma tarde, la conferencia diaria de información por el coronavirus tuvo enfoque de género. Participaron mujeres y hablaron de mujeres.

“¡No somos una, no somos cien, pinche gobierno, cuéntanos bien!”

Por desgracia, lo dicho por el presidente, por más inadecuado que suene, es real. La ONU y los gobiernos de diversos países que llevan más tiempo en aislamiento reportan una triple violencia hacia ellas: primero, las embarazadas y enfermas reciben menos atención, que se brinda a los contagiados; segundo, la carga del trabajo doméstico se multiplica porque deben cuidar de hijos, marido, ancianos y enfermos en el hogar; por último, la cuarentena provoca un aumento de la violencia doméstica: “las restricciones de movimiento, las restricciones financieras y la incertidumbre generalizada envalentonan a los perpetradores y les proporcionan poder y controles adicionales”, afirma Dubravka Simonovic, relatora especial de la ONU sobre la violencia contra la mujer.

“¡Verga violadora, a la licuadora!”

Por varios meses, estarás en casa noche y día con el abusador, con el que te humilla, con el que te viola. Una persona más peligrosa aún por el encierro y el estrés. Métete al baño y reporta por whats, no por teléfono, porque te puede oír y las represalias serán mayores. Cuida a tus hijos y a tus hijas porque el enemigo no sale de casa. Acuerda un gesto hacia una vecina o amiga que indique que necesitas ayuda. No lo provoques ni te muevas ni respires…

¿Sirvieron de algo los gritos y el silencio? Ojalá…

Foto de entrada: Allie Smith en Unsplash

Fotos marcha 8 de marzo: MLD