Anglicismos: las palabras inglesas que han ingresado al español

Aunque ya ni lo notamos, en nuestras conversaciones diarias usamos palabras que tienen su origen en otros idiomas, como el árabe (alberca, aceite, jarra), el italiano (acuarela, novela, pizza), el francés (chef, jamón, taller), también del latín—nuestra lengua madre—, alemán, griego, etc. Pero en los últimos tiempos, las palabras en inglés llevan la delantera en colarse a la lengua española.

¿Qué son los anglicismos?

Los préstamos lingüísticos del inglés a otras lenguas tienen el nombre de anglicismos y a pesar de que en español tenemos palabras para designar ciertas cosas, preferimos usar el término extranjero.

Los anglicismos se dividen en:

  • Préstamos léxicos: palabras de un idioma que son adoptados por otro, ya sea de forma idéntica o ligeramente modificados (como “online” en lugar de “en línea”).
  • Términos castellanizados: palabras inglesas que han adaptado su escritura y oralidad al español (como “tuitear”).
  • Giros sintácticos y frases hechas: frases que se han modificado de acuerdo a su imitación del inglés, (como “hacer sentido” en lugar de “tener sentido”, que viene de “to make sense”).
La invasión de los anglicismos

Hoy en día, muchos usamos anglicismos sin razón aparente, pero los lingüistas afirman que hay algo que nos motiva: queremos obtener prestigio, no conocemos la palabra en español o se nos dificulta expresar una idea en nuestra lengua natal —vacío semántico— y preferimos hablar con un término nuevo.

Lo cierto es que elegimos nuestras palabras dependiendo de las personas con las que estamos, el léxico que manejamos, nuestras ideologías, el momento y el lugar en el que nos encontramos.

¿Cómo no usar anglicismos, si nos bombardean por todos lados? Basta con echar un vistazo al mundo de los negocios, comercio, moda, cine, televisión, redes sociales, etc., en donde palabras como: reality show, marketing, fashion, spoiler, lobby, newsletter, casting, están presentes todos los días.

El inglés se ha convertido en el idioma que rige la manera en que se piensan y expresan reflexiones, propuestas y pensamientos, no solo en México sino alrededor del mundo. Es más común todavía en el lenguaje de los jóvenes y adolescentes, celebridades, youtubers, hablantes del “spanglish” y especialistas en áreas tecnológicas y científicas.

Así que,  ser bilingüe ha dejado de ser una elección para convertirse en una necesidad, porque quienes no saben inglés quedan fuera de varias dinámicas: desde no poder hojear una revista de moda hasta no ser aceptados en algún círculo social, además de que disminuye sus posibilidades de conseguir un empleo.  

Anglicismos vs. lingüistas conservadores

Aunque a algunos nos parece cool usar palabras en inglés, para los más conservadores es una amenaza a la lengua española, que busca fracturar el significado real de algunas palabras, como es el caso del término “fake news” que suena como una categoría nueva y elegante, pero en realidad se trata solo de “mentiras”. Los más apegados a las normas del lenguaje, afirman que el uso de anglicismos quiere crear un nuevo imaginario social sin memoria histórica, cultural, política y económica.

Las instituciones del lenguaje también están en contra del uso de palabras inglesas dentro del español, como la Real Academia Española (RAE), quien no se quedó con los brazos cruzados y promovió el buen uso del español sin anglicismos, para ello se valió de una campaña que tuvo gran éxito:

Lenguaje inclusivo: ¿una lucha por la visibilidad?

Si eres fan de las redes sociales, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos tiempos han aparecido con más frecuencia palabras como: todes, nosotrxs, ellxs, etc. Se trata del llamado “lenguaje inclusivo”, una práctica que cada día consigue más seguidores —sobre todo entre los grupos feministas y LGBT+—, pero ¿cuáles son los orígenes de este lenguaje?

Orígenes

Aunque pareciera que es algo actual, sus inicios se remontan a los años setenta del siglo XX, cuando el feminismo se planteó por primera vez que en la lengua castellana se daba poca importancia al género femenino, mientras que la mayoría de las referencias estaban dirigidas a lo masculino. Esto sigue ocurriendo hoy en día, seguramente has acudido a una junta de “padres” de familia en donde la mayoría son “mamás” o conocido asociaciones de “jueces” integradas en mayor medida por mujeres.

Delia Suardíaz fue la primera en estudiar esta problemática en su tesis de maestría: Sexism in the spanish language (1973), donde descubrió que el lenguaje incluso degrada a las mujeres y expuso la necesidad de un cambio lingüístico. Para muestra de ello, basta revisar las ediciones anteriores a la 23ª del Diccionario de la Lengua Española (2014), en las que todavía se asociaban las palabras “débil” y “endeble” a lo femenino.

¿Débil? (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

Así que, hasta la fecha, algunos grupos de personas siguen inconformes con la forma en que la Academia se dirige o representa al género en sus definiciones y buscan una nueva manera de expresar su discurso e identidad.

¿Diversxs?

Aunque en un inicio el lenguaje inclusivo buscaba únicamente la visibilidad de las mujeres, ahora se ha extendido a las personas de la diversidad sexual y a los aliados de esta. Aquí, nombrar dos sexos no basta; de acuerdo con las ideas de la crítica queer, es imposible reducir a dos categorías la multiplicidad del género que podemos habitar o con el que nos podemos identificar.

De modo que el uso de la “x” y la “e” surgen como una nueva manera de inclusión para las personas diversas. Más allá de ser formas neutras del lenguaje, se trata de mostrar la indecibilidad del género.

Diversidad. (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

A diferencia de la “x”, la “e” no solo se puede utilizar en la escritura, sino también en la oralidad. Se volvió popular a partir del 2018, en un debate político que buscaba la despenalización del aborto en Argentina, donde su uso fue autorizado para tareas y trabajos de algunos colegios, así como en los juzgados.

En varios países de habla hispana aún existe un debate sobre la aceptación o rechazo del lenguaje inclusivo entre grupos impulsores de este y miembros de las instituciones de la lengua española. A pesar de que ambos tienen argumentos interesantes, lo cierto es que dicha búsqueda de aceptación del lenguaje inclusivo habla de un cambio de ideas en la sociedad y de una lucha de mujeres, personas de la comunidad LGBT+ y aliados, por una visibilidad e inclusión.

Las nuevas palabras y la infodemia

A finales del año pasado la Real Academia Española (RAE) anunció con bombo y platillo las nuevas palabras que los académicos aprobaron publicar en la versión 23.4 del Diccionario de la lengua española (DLE).

Por supuesto, no es novedad que se incluyeran “los términos del año”, o sea, COVID y diversos derivados y relacionados. Pero hay otras adiciones que te llamarán la atención si como nosotros eres fanático de las ñoñerías de la lengua.

La enfermedad, la salud y el bienestar

“COVID”, así con mayúsculas, aunque en nuestro Diccionario del Español de México (DEM) está aprobado su uso en minúsculas: “covid”, y ambos diccionarios coinciden en que puede ser masculino o femenino. También se añadieron “coronavirus” y “coronavírico” —relativo al coronavirus.

Entradas relacionadas con esta enfermedad son “cuarentenar” y “cuarentenear” —poner a alguien o estar en cuarentena—, así como “confinado” y “confinamiento”, que ya estaban, pero se agregó una nueva definición: poner en aislamiento a una persona o población por razones de salud o seguridad.

El DLE también abrió sus puertas a entradas relacionadas con medicamentos: “anticonvulsivo”, “antirretroviral”, “miorrelajante”; los antibióticos “cefalosporina”, “cloranfenicol”, “eritromicina”, “tetraciclina” y “vancomicina”.

Otras nuevas palabras relacionadas con la salud en general son: “ayurveda”, “farmacovigilancia”, “isoflavona”, “macronutriente”, “micronutriente”, “probiótico”, “prolactina” y “serotonina”.

De la internet

La RAE incluyó términos relacionados con la tecnología y la era digital, tales como: “emoji” —los españoles lo pronunciarán con la “j”, pero en México, si estuviera en el DEM, se debería escribir “emoyi”.

“Emoticón”, “avatar” —entendido como la identidad virtual gráfica de un usuario digital—, “hilo”, “perfil” —ya estaba, pero se agregó la acepción de identidad de un usuario en una red social—, “trol”, “troleo” y “trolear”, así como “publicar” —en el entorno digital— “videochat” y “videollamada”.

Las posturas

Palabras como “derechoso”, “fascistoide”, “izquierdoso”, “libertarismo”, “natalista”, “negativismo”, “reduccionismo” o “provida”, referentes a posturas filosóficas o políticas, apenas fueron contempladas por los académicos de la RAE para ser incluidas en su H.H. diccionario.

La gastronomía

El diccionario incluyó platillos regionales, como el “faláfel” de la cocina árabe, la “musaka” griega, el “marmitako” vasco, el dominicano “chenchén” y el “nacho” mexicano.

También encontramos a la “estevia”, planta que se usa como edulcorante, el pan “pita” y el “moka” —una variedad árabe de café, aunque en México nos referimos a una mezcla de café y chocolate en postres y bebidas—. Y del ambiente restaurantero, “gastrobar”.

Por cierto, parece que el sector olivarero “cabildeó” con los académicos, ya que incluyeron entre sus novedades algunas variedades de aceitunas, como “manzanilla”, “verdial” y “picuda”.

Otros más

De entre las 2,557 adiciones de la RAE, entre nuevas entradas y enmiendas de otras ya existentes, podemos encontrar “tex-mex”, “zumba”, “suricata”, “tapanco”, “partidocracia”, “multisectorial”, “jibarizar”, “finde”, “exoplaneta”…

Y muchas otras más que nos hacen pensar que los académicos de la lengua española deberían “cambiar el chip” —nótese esta nueva acepción— y acelerar, nomás tantito, sus procesos de inclusión de nuevas palabras que desde hace años dejaron de ser neologismos en el habla cotidiana.

¿Dónde quedó la infodemia?

Ante la avalancha de noticias generadas durante la pandemia por COVID-19, la OMS ha llamado a evitar “la cantidad excesiva de información —en algunos caso correcta, en otros no— que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando la necesitan”.

La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) considera la palabra “infodemia” —acrónimo de “información” y “epidemia”— como “un neologismo válido”, e incluso fue candidata a Palabra del año 2020 —la ganadora fue “confinamiento”.

Lo curioso es que, aun con el respaldo de la RAE, “infodemia” no aparece en el DLE.

¿Cuánto tiempo considerarán los académicos que necesita un neologismo para tener el honor de aparecer en el diccionario?
Mientras tanto, te dejamos aquí la liga de algunas nuevas entradas del DLE por si deseas informarte de su significado. O consúltalas directamente en el diccionario.

Foto de entrada por Anna Lisa en Unsplash