Cupido-Eros y sus flechas de amor

¿Te ha pasado que cuando estás a lado de esa persona especial que “te mueve el tapete” el corazón se te acelera, sonríes más de lo normal, te llenas de una intensa energía y pareciera que los días fueran más dulces? Bienvenido al enamoramiento, ¡has sido flechado por el mismísimo Cupido!

Y ojo, no estamos hablando del amor, porque eso ya es otra historia, pero el día de hoy te compartiremos el mito de ese niño alado que flecha a las parejas a su antojo.

¿De dónde salió Cupido?

La historia de Cupido tiene miles de años en el mundo, pero hay diversos mitos respecto a su origen, algunos de los más conocidos son:

  • Según los griegos, Cupido es en realidad Eros, dios del amor y del deseo sexual y es hijo de Afrodita (diosa de la belleza y el amor) y Ares (dios de la guerra). Ahora entendemos de donde viene su intensidad.
  • En la mitología romana, se aseguraba que Cupido era hijo de Venus (la Afrodita de los griegos) y de Marte (o sea, Ares).
  • De acuerdo con Virgilio, Cicerón o Séneca, fue concebido por una mezcla de amor, noche y sombras realizada por Júpiter (principal dios de los romanos). Según esta versión, Cupido reflejaba el deseo, las pasiones, los caprichos e incluso las violencias que podemos desbordar los seres humanos.

A pesar de los diferentes mitos respecto a su nacimiento, todos coinciden en que Eros llevaba dentro de sí una mezcla de belleza y violencia, lo carnal y lo material, la riqueza y la pobreza. Además, se dejaba arrasar por sus pasiones y emociones, olvidándose muchas veces de la razón.

Cupido y sus flechas. Tomada de Tenor.
Atravesando corazones

La historia de Cupido supera hasta a los mejores cuentos de Disney. Se dice que le gustaba pasear por el bosque, en donde un día encontró ramas de madera de un fresno recién caído y con ellas hizo su propio arco y flechas. Todo comenzó como un juego, pero poco a poco fue perfeccionando sus disparos hasta volverse un experto.

Tiempo después, su madre se dio cuenta de su gran habilidad con los tiros y le regaló un arco de oro y flechas con puntas diferentes: unas con punta de oro y plumas de paloma y otras con punta de plomo y plumas de búho. Junto con ese regalo, le dio una tarea que él aceptó gustoso: se encargaría de disparar esas flechas directo al corazón de los seres humanos, las de oro serían para unir a aquellas personas que merecieran estar juntas en pareja y las de plomo provocarían olvido e ingratitud en los corazones de quienes lo necesitaran. Aquellas flechas eran tan poderosas que incluso hacían efecto en los dioses más fuertes.

Cupido también se enamoró

En este mito no pudo faltar algo muy común en las historias intensas: los celos y la envidia. De acuerdo con el mito griego, Afrodita, mamá de Cupido, envidiaba la belleza de Psique —una princesa que vivía en el mundo de los mortales— y por eso, mandó a su hijo a la Tierra con la misión de hacerla enamorarse del hombre más feo, hostil y despreciable del mundo.

Eros iba a cumplir el deseo de su madre, pero al mirar a la princesa se enamoró profundamente de ella y tiró al mar la flecha que iba destinada a Psique. En ese instante, Cupido dejó de ser solo un niño para transformarse en un joven. Tomó a Psique entre sus brazos y se la llevó a su palacio para vivir con ella, la princesa aceptó porque días atrás el oráculo ya le había predicho ese destino. Él le puso como única condición que nunca lo mirara directamente al rostro, porque una mortal no podía ver a un dios.

Eros: el eterno insatisfecho. Tomada de: VEIN Magazine.
La tentación que venció a Psique

La pareja vivió feliz por un tiempo, pero llegó el día en que Psique ya no pudo aguantar la curiosidad de conocer el rostro de su amado y rompió la promesa que había hecho. Cupido se sintió traicionado y la abandonó, no sin antes decirle: “el amor no puede vivir sin confianza”.

Para recuperar el amor de Eros, Psique acudió a su suegra Afrodita, quien le encomendó cuatro difíciles retos, uno de ellos consistía en bajar al inframundo y guardar en un cofre un poco de la belleza de la diosa Perséfone para dársela a ella. Psique no pudo evitar la tentación y de regreso del viaje abrió el cofre para volverse más bella, esa terrible decisión la hizo caer en un sueño profundo parecido a la muerte.

Pero este no fue su fin, porque Cupido la seguía en secreto y quedó enternecido al ver todo lo que ella había luchado por recuperarlo, la despertó de su sueño y pidió a Júpiter que la convirtiera en una diosa para poder casarse con ella sin temor. Al final el dios aceptó y tiempo después, de la unión entre la pareja nació Hedoné (la encarnación del placer, la sensualidad y el deleite).

Ahora que conoces más sobre Cupido, ya puedes echarle la culpa por su mala puntería o agradecerle por haber flechado tu corazón en el momento indicado.

Así nació El Principito de Saint-Exupéry 

¿Te imaginas ser un piloto aviador y poder recorrer diversas partes del mundo?, Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) lo era y muchos de sus viajes fueron la inspiración para convertir sus vivencias en literatura, como es el caso de obras como: El aviador, Vuelo nocturno y El Principito. Esta última, seguramente la has leído en algún momento de tu vida.  

El Principito es una de las obras más conocidas alrededor del mundo y aunque se ha considerado un libro para niños, la realidad es que sus temas como: la pérdida, la soledad, la muerte y el amor, son también para adultos.  

Las cartas en las que nació El Principito 

Fueron varias las causas que se juntaron para que su autor decidiera crear esta historia, una de ellas fue el impulso de sus amigos, a quienes les mandaba cartas en las que agregaba el dibujo de un hombrecito rubio con bufanda y cabello alborotado, era como su “alter ego infantil”, pues a través de él, expresaba las emociones que a su parte adulta le era difícil decir. Por eso, sus amigos lo animaron a que le diera vida a aquel simpático joven y lo hizo en el año 1942, dedicándose a realizar los dibujos en acuarela, así como a escribir la increíble historia del muchacho rubio.  

Encuentro entre el Principito y el aviador.

A su vez, Saint-Exupéry en varios momentos de su vida cayó en etapas de profunda tristeza y alcoholismo, — debido a que en Nueva York se sentía aislado, su vida en pareja era inestable y los exiliados franceses lo acusaban de colaborar con el gobierno de Vichy — por eso, buscó una manera de plasmar parte de su sentir y pensamientos.

“Es muy curiosa la desesperación. Necesito renacer”, escribió él.  

Así, por medio del Principito, el autor pudo recuperar a su niño interior y conmovernos por medio de su personaje, quien llora o se entristece por instantes, pero también conserva ilusiones, se ríe, aprende y muestra una gran fortaleza.  

El terrible accidente que dio origen a El Principito 

Otra de las situaciones en las que se basó el autor para dar origen a El Principito, fue el accidente que sufrió junto con su mecánico aviador André Prévot, cuando en uno de sus viajes aéreos, la avioneta en la que viajaban se estrelló en el desierto de Libia, increíblemente él y su compañero sobrevivieron al impacto; sin embargo, después de dos días, la poca comida y bebidas que llevaban (uvas, naranjas y vino)  se agotó, lo que provocó que Saint-Exupéry tuviera alucinaciones visuales y auditivas en las que se enfrentaban sus dos “yo”: el que daba todo por perdido y el que aún se aferraba a la esperanza. 

Saint-Exupéry como aviador.

Fue hasta el cuarto día cuando milagrosamente fueron rescatados por un beduino que iba en camello; así que, esta anécdota en la que casi pierden la vida, ha quedado claramente retratada en el libro.   

Los mensajes de libertad de El Principito 

Por otro lado, aunque la obra de Saint-Exupéry deja grandes lecciones en cuanto a la amistad, el amor y el dolor, al mismo tiempo, por medio de los viajes del Principito a varios planetas, el escritor plasma su visión sobre el mundo moderno y tecnológico en el que predominan las personas que han dejado a un lado la importancia de las relaciones humanas para centrarse únicamente en el deseo de obtener poder, reconocimiento y riqueza. A la vez, se refiere a la libertad, usando como ejemplo contrario a un dictador, fue por estos temas que su obra fue censurada durante la dictadura militar en Argentina. 

“No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domésticas, tendremos necesidad el uno del otro.”

Sin duda, El Principito es una obra que hace reflexionar a chicos y grandes, pues sus temas van más allá de lo que se lee a simple vista; así que, ahora ya conoces la historia del autor y de los motivos que lo llevaron a plasmar parte de sus emociones en voz del pequeño muchacho rubio.  

Historias de amor-odio chilango

Oleo-aereo-para-la-ciudad-de-Mexico

No recuerdo exactamente la fecha en la que regresé a vivir a la Ciudad de México. No recuerdo si era 9 o 12 de noviembre, o algún día entre éstos. Acababa de volver de Barcelona y ahora probaría fortuna en la inmensa capital mexicana. Escribo esto a modo de homenaje a todo el tiempo que pasé aquí: este año se hubieran cumplido tres, pero me faltarán un par de meses. De cualquier manera, me siento satisfecha. A lo largo de todo este periodo he tenido experiencias de todo tipo, he aprendido mucho, he conocido a tanta gente y tantos lugares, incluso, tuve la oportunidad de cruzar caminos con mi fiel compañera peluda a la que quiero montones.

Es la segunda vez que vivo aquí, aunque la primera sólo lo hice durante tres meses, tiempo insuficiente para conocer más o menos a fondo el lugar, pero suficiente para hacer conexiones adecuadas y saber cómo moverse por ahí, de manera funcional.

He vivido en cuatro casas/departamentos diferentes y en tres zonas distintas: siete meses en una casa de huéspedes en San Angel, once meses en un departamento en la Narvarte, otros dos en otro de la misma colonia, y en el actual, de la Del Valle, llevo un año y dos meses. En todos compartiendo con roomies/huéspedes.

6306368801_a989ab98e2_zDesde un inicio he sido usuaria activa del transporte público, pues no tengo auto. He tomado de todo: metro, metrobús, pesero, RTP, trolebús, tren ligero, taxis. Y ahora, soy fan de Uber. He trabajado como freelance para distintas editoriales y he tenido un par de trabajos de planta que en verdad me han gustado mucho. He conocido muchos lugares interesantes de todo tipo y sé que me quedaron muchos pendientes, pero también sé que siempre puedo volver. Asimismo, he conocido a mucha gente, también de todo tipo, y algunos se han convertido en grandes amigos. De todos he aprendido. Y de todas mis experiencias en la ciudad. Aquí he crecido en varios aspectos, además del físico, por supuesto. Aquí cumplí mis 30. Aquí aprendí que los temblores, aunque no son cosa de todos los días, sí son habituales e incluso algunos ni los sentí. He aprendido a moverme entre muchedumbres y a esperar y a hacer colas para muchas cosas. He aprendido a hacerme notar, si es que necesito algo. Aunque creo que nunca aprenderé a sentirme cómoda y a no impacientarme con el desorden urbano y con los apretujamientos y empujones. He aprendido a convivir con la temporada de lluvias a lo largo del año, pero sigo perdiendo sombrillas y nunca he comprado un par de botas ad hoc. Hace un par de semanas, me empapé de pies a cabeza por no ir preparada para el torrencial chubasco que duró unos cuantos minutos mientras caminaba por el Parque de los Venados. Y, desafortunadamente, la contaminación ha hecho algunos estragos en mis ojos, pero nada grave, por el momento. Aproveché la cercanía con ciertos estados y el hecho de que salen vuelos a todos lados desde aquí, e hice unos cuantos viajes: a Puebla, Veracruz, Cancún, Los Cabos. Una de las mejores sensaciones de vivir en esta ciudad es que uno da por sentado que lo encuentra todo. Y eso es, generalmente, verdad. Siempre disfruté de los paseos nocturnos en coche por Reforma.

Una de las mejores cosas que hice fue adoptar a Simona, mi hermosa gata, en un albergue de mi querida Narvarte: nunca olvidaré el momento en el que nos conocimos, ni sus ojitos anhelantes y sus maullidos como diciendo: “Llévame a mí”.

Y, por supuesto, aquí nunca hay tiempo para aburrirse, pero pasar los domingos en mi cuarto siempre fue también una buena opción.

images

Ahora me vuelvo a ir, después de tres años que se pasaron como agua. No tengo idea si algún día volveré a vivir aquí. Por el momento es tiempo de probar otros aires. Lo único que sí es seguro es que siempre recordaré mi etapa “chilanga” y esta caótica ciudad, con la que, invariablemente, tengo una relación de amor-odio. Y esos amores citadinos, nunca se olvidan.