Así escriben los que escriben

Solemos pensar que, como la literatura es una expresión artística, el escritor se sienta a esperar a las musas y se pone a escribir cuando “la inspiración le llega”. Esto no pasa. O sí, pero en contados casos. 

Para los hombres y mujeres que viven del oficio literario, escribir viene acompañado de horarios, rutinas, sudores, supersticiones, manías e inseguridades y la anhelada inspiración los alcanza trabajando. Aquí algunas costumbres de reconocidos escritores: 

Más temprano que tarde

Levantarse temprano es más una regla que una excepción y lo que hacen la mayoría de los autores más premiados: Carlos Fuentes e Isaac Asimov empezaban todos los días a las seis, Ernest Hemingway y Susan Sontag al amanecer, Haruki Murakami y Silvia Plath a las cuatro de la mañana, Kurt Vonnegut a las cinco y media, William Gibson y Goethe a las siete, como parte de una larga lista.

Inspiración. (Tomada de Gif Animados)

Casos contrarios: Simone de Beauvoir se levantaba de malas y comenzaba a escribir hasta las diez. Roberto Bolaño, Honoré de Balzac y Charles Bukowski eran noctámbulos. Por último, Juan Carlos Onetti, quien solo trabajaba cuando las musas lo abordaban, pasó largos periodos de su vida acostado y leyendo  novelas policiacas.

Andando y creando

No son pocos los escritores que dan largas caminatas. Puede que sea por gusto, pero estudios científicos revelan que caminar aumenta la producción creativa. Así que tal vez por eso Charles Dickens, Virginia Woolf, obert Louis Stevenson y otros autores caminantes escribieron tantas páginas durante sus carreras literarias. Y ni qué decir de Murakami, que condimenta su mínimo de seis horas diarias escribiendo como poseso con largas carreras.

Caminata. (Tomada de Pinterest).
Maniáticos

¿Cuál manía será más extraña? Gabriel García Márquez no podía concentrarse si no había en su escritorio un jarrón con una rosa amarilla. George Bernard Shaw se construyó una cabaña sobre un mecanismo giratorio para que el sol pudiera iluminar su ventana todo el transcurso del día. Victor Hugo escribió un par de novelas… desnudo, para no caer en la tentación de salir a la calle. Otro romántico, Friedrich Schiller, se inspiraba con aroma a manzana podrida. Había quienes exigían silencio absoluto y cero interrupciones para “dejar salir el genio”, como Juan Ramón Jiménez y Roald Dahl. 

Pero quizá T.S. Eliot les ganó a todos al ponerse maquillaje ¡verde!, según él para mostrar un semblante cadavérico y demostrar que podía ser un escritor audaz y rebelde.

Gabriel García Márquez . (Tomada de LeerMx)
Supersticiosos

Se dice que Jack Kerouac todos los días antes de empezar a escribir, se ponía de rodillas y rezaba. Scott Fitzgerald —más que nada para justificar su alcoholismo— redactaba de noche bebiendo champaña. Ana María Matute jamás escribía de espaldas a una puerta. Hemingway no trabajaba sin tener a mano un amuleto, y es cierto que escribía de pie, pero no por supersticioso, sino para aliviar el dolor de una vieja herida en la pierna.

Revisar, revisar, revisar

Siguiendo con Hemingway, era un maniático de las revisiones y releía y corregía sus obras más de treinta veces. Patricia Highsmith consideraba las correcciones más importantes que la escritura en sí, y dedicaba las tardes a revisar y reescribir el trabajo de las mañanas. Simone de Beauvoir también pasaba unas horas al día solo revisando y corrigiendo. Murakami es tan obseso de las revisiones como de correr. Y así muchos otros.

Correcciones. (Tomada de Tenor).

Sean cuales sean los hábitos y las manías, lo más importante es no parar, sobre todo si se está en pleno desarrollo de una obra, o como lo hacía Ray Bradbury, que escribía a diario sin falta, sin importar el sitio o las condiciones de trabajo. Para él, eso significaba hacer lo que más amaba desde que el mago de una feria lo señaló con una espada de fuego y le dijo, “vive por siempre”:

“Descubrí que tal vez podía vivir por siempre si me convertía en escritor. Así que he estado escribiendo cada día desde esa vez en Tucson, Arizona. En los últimos 75 años nunca he dejado de escribir.”

Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte II)

Su carrera de pintor

Van Gogh encontró en el arte una manera de expresar los sentimientos que tanto le costaba comunicar a los demás, era un amante de la naturaleza y de los maravillosos paisajes que esta le regalaba; sin embargo, “no lograba ponerse de acuerdo con ella”, por lo que —con un influjo del impresionismo —creó la atmósfera que estaba en su imaginación, formando un estilo y una combinación de colores propios.

La siesta. (Tomada de Pinterest).

Uno de los temas constantes en sus cuadros es la vida cotidiana en los campos, en donde aparecen los mineros y campesinos por quienes sentía gran simpatía. En esos tiempos le escribió a su hermano —con quien tenía una relación muy estrecha— esta carta:

 “Querido Théo: Estoy copiando dibujos y creo que si los vieras no los encontrarías tan mal. Si ya tienes los que te pedí de Millet, el pintor que tanto me gusta, envíamelos en cuanto puedas. No te preocupes por mí, si logro continuar dibujando me sentiré bien. He interrumpido mi trabajo para escribirte y tengo prisa por continuarlo, de manera que me despido. Te mando un fuerte y cariñoso abrazo. Vincent”.

Los comedores de patatas

Terminada en 1885, es considerada su primera gran obra de arte. En ella retrató a cinco campesinos con los mismos tonos de la tierra que cultivaban; así, la papa recién cosechada se encuentra plasmada en todo el lienzo. Sin embargo, en su época esta pintura no tuvo el éxito esperado, pero hoy en día ha alcanzado gran prestigio entre la comunidad artística.

Vincent van Gogh - Los comedores de patatas
Comedores de patatas (1885).
La noche estrellada

Uno de los cuadros más famosos, apreciados y que ha inspirado a otros artistas es La noche estrellada, aquí algunos de los datos interesantes de esta gran obra:

  • De acuerdo con las cartas que intercambiaba con su hermano Theo, para realizar este cuadro se inspiró en el paisaje que veía desde el hospital psiquiátrico Saint-Paul-de-Mausole.
  • Algunas teorías afirman que tiene cierta simbología —como los cipreses— relacionada con los cementerios y la muerte. Un comentario de Van Gogh da pie a esta sospecha:

“Mirar las estrellas siempre me pone a soñar. ¿Por qué, me pregunto, no deberían los puntos brillantes del cielo ser tan accesibles como los puntos negros del mapa de Francia? Así como tomamos el tren para llegar a Tarascon o Rouen, tomamos la muerte para llegar a una estrella”.

Noche estrellada (1889). (Tomada de Pinterest).
  • Van Gogh mencionaba en sus cartas a Theo a la “estrella del amanecer”, años más tarde, el historiador Albert Boime descubrió que esta estrella era en realidad el planeta Venus.

A pesar de realizar 900 cuadros (entre ellos más de 30 autorretratos y 148 acuarelas) y más de 1600 dibujos, fue de esos artistas que —por desgracia— en su época no fueron reconocidos y en vida solo vendió un cuadro: El viñedo rojo. Fue comprado por 400 francos durante una exposición en Bruselas por Anna Boch, una coleccionista de pintura impresionista. Sus demás obras no trascendieron hasta después de su muerte, actualmente se venden por millones de euros en subastas y ventas privadas.

Si quieres conocer más acerca de la enigmática vida de este gran artista, las razones que lo llevaron a mutilarse una oreja y las sospechas acerca de su muerte, no dejes de leer la primera entrega de este texto  Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte I),

 

Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte I)

La mayoría de los artistas buscan exorcizar sus demonios personales por medio de sus obras, transformándolas en algo maravilloso, tal es el caso del reconocido pintor Vincent Willem van Gogh (Países Bajos, 1853-1890). A pesar de haber padecido varios trastornos psicológicos, logró plasmar en sus cuadros un mundo colorido y único.

Vida personal

Su biografía es conmovedora e intrigante desde el inicio. Nació justo un año después de que llegara al mundo un hermano con su mismo nombre: Vincent Willem, quien nació muerto o falleció al poco tiempo. De acuerdo con algunos psicólogos, la muerte del primer niño puede tener repercusiones tanto en los padres como en el hijo siguiente y seguramente fue impactante para él ver una tumba en donde estaban grabados su nombre y apellidos.

Pintando (tomada de Taringa).

A Van Gogh le costaba relacionarse con los demás y sus trastornos lo llevaron a internarse en un hospital psiquiátrico en varios momentos de su vida. A pesar de que recibió varios diagnósticos, como: epilepsia, esquizofrenia, neurosífilis, psicopatía y trastorno bipolar, no se ha llegado a una conclusión general sobre el mal que lo acechaba.

El misterio de la oreja y la muerte de Van Goh

Un suceso muy conocido de Van Gogh es la mutilación de su oreja. Existen varias versiones, algunos expertos dicen que fue consecuencia de sus trastornos, otros creen que lo hizo al recibir la noticia de que su querido hermano Theo se casaría, unos más, afirman que fue Paul Gauguin quien le “voló” la oreja con un golpe de espada durante una discusión. Lo cierto es que después de la mutilación, llevó su oreja como un regalo para Rachel, una mujer que trabajaba en un burdel, quien cayó desmayada al ver tan terrible obsequio.

La oreja de Van Gogh.

Otro punto del que se ha hablado mucho es la muerte del pintor. La versión oficial dice que se suicidó a los 37 años pegándose un tiro; sin embargo, en el año 2011 Steven Naifeh y Gregory White Smith afirmaron en su obra Van Gogh: la vida, que el artista falleció una tarde en que salió a pintar y accidentalmente recibió un disparo de los adolescentes René y Gaston Secrétan; él no quiso responsabilizarlos y asumió la culpa. Esta teoría no está confirmada, pero es una posibilidad.

Su carrera de pintor
Trigal con cuervos.

Le encantaba el dibujo desde que era joven pero su carrera como pintor inició hasta los 32 años y desde entonces no paró de pintar a lo largo de sus últimos cinco años de vida.  ¿En qué se inspiraba para pintar?, ¿cuáles son los secretos ocultos de su arte?, en la próxima entrega de este artículo podremos conocer la respuesta a estas y varias interrogantes más.

Continuará…

 

 

El Libro de los muertos: la última aventura

Para los antiguos egipcios, la muerte era mucho más que un fin: antes de alcanzar el Paraíso, el fallecido tenía que correr una variedad de aventuras que se pueden observar en imágenes, así como los conjuros para vencer las “adversidades post mortem”, en el ancestral Libro de los muertos. Aquí algunos datos curiosos acerca de él.

“¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!” Libro de los muertos.

El origen del misterioso libro
  • Si nos atenemos a la traducción literal, en realidad se llama Libro de la salida al día, una metáfora sobre la vida después de la muerte. Recordemos que los egipcios le rendían culto al sol y creían que al morir se unían a él en su diario recorrido del día a la noche. 
  • El título por el que lo conocemos actualmente se le debe a uno de sus traductores, el egiptólogo alemán Karl Richard Lepsius, quien lo estudió en el siglo XIX.
  • Se calcula que este conjunto de sortilegios se utilizó desde el 1650 a.C. hasta el año 60 a.C. 
  • En un principio solo los miembros de la nobleza tenían acceso a él; después su uso se extendió a los adinerados que podían darse el lujo de adquirir un ejemplar y poco a poco las demás clases sociales pudieron conseguirlo, aunque fuera en forma de copias de mala calidad. Lo importante era dejar cerca del muerto esas instrucciones para que pudiera alcanzar el Inframundo, equivalente al Paraíso de los cristianos. 

“Mi boca es abierta por Ptah,  las ataduras de mi boca son soltadas por el dios de mi ciudad.”  Libro de los muertos.

El oscuro viaje después de la muerte
  • Según los antiguos egipcios, la aventura de la muerte comienza con el ritual de la apertura de la boca, que realizaba el sacerdote durante el funeral. Consiste en “abrir” los ojos, la boca, los oídos y la nariz del difunto para que pueda iniciar su viaje al Más Allá.
  • Durante el viaje el muerto es acechado por seres terroríficos que tratan de impedir que llegue a su destino, pero gracias a los conjuros del Libro de los Muertos, puede adquirir poderes similares a los de los dioses y luchar contra estos enemigos.
  • Luego de esta lucha hay que cruzar un laberinto. El Libro de los Muertos revela cómo acceder a él por una de sus múltiples puertas.
  • Una vez cruzado el laberinto, el difunto llega a una sala donde están los dioses, que escuchan sus buenas y malas acciones en vida y le realizan un juicio pesando su corazón. Si este pesa lo mismo que la pluma de la justicia se salva; si no, se le considera impuro y recibe el castigo eterno.

“Me ha sido concedida la gran Corona Roja y salgo al día contra mi enemigo, para capturarlo, porque tengo poder sobre él.” Libro de los muertos.

La salvación
  • Para los que alcanzan la salvación comienza una nueva rutina, en un valle similar a aquel donde estuvieron en vida. Cada día se levantan con el dios sol, Ra, comen, beben y cultivan los campos para obtener sustento.
  • Los ayudan en su trabajo los ushebtis, estatuillas que los familiares depositaban en el sepulcro y que gracias a un conjuro del Libro de los muertos, cobran vida y se convierten en sus sirvientes.

Así es como los egipcios —los buenos egipcios—, después de su aventura alcanzaban una vida de trabajo reposada y sin dificultades. Hoy en día no estaría de más tener un Libro de los muertos para conjurar a los entes malignos del estrés, el desempleo y cosas peores que nos atormentan en la vida antes de la muerte.

 

Ciudad-seudónimo

Hay escritores que crean pueblos o ciudades de otros planetas. Hay autores que conciben universos o lugares imposibles dentro de la Tierra. 

Italo Calvino inventó ciudades-espejo, ciudades-deseo, ciudades-símbolo, ciudades-destino y muchas más de nombres exóticos y cualidades desafiantes en Las ciudades invisibles. J.R.R. Tolkien no solo creó pueblos, sino regiones inconmensurables atrapadas en la Tierra Media… y sus lenguajes. Y George R.R. Martin describe ciudades siempre en guerra en su serie Canción de hielo y fuego.

GRANDES CIUDADES LITERARIAS

Hay escritores que no inventan, recrean un sitio particular de nuestro mundo, un pueblo que ya existe y le dan vida nueva. A este pueblo le cambian el nombre, le extraen historias y personajes que lo cambian para siempre y lo vuelven famoso, universal, lo convierten en un pueblo mítico, literario, una zona que conocerán lectores de diversos lugares.

  • Así lo hizo William Faulkner con Lafayette, al que rebautizó con el enredado nombre de Yoknapatawpha County
  • Lo hizo también Marcel Proust cuando le puso Balbec a un lugar llamado en realidad Cabourg.
  • El Aracataca natal de Gabriel García Márquez se hizo famoso bajo el nombre de Macondo, tanto así que los mismos habitantes de este pueblo colombiano (los verdaderos, no la familia Buendía) han solicitado que se le cambie el nombre para ser oficialmente Macondo, siempre Macondo.
  • Juan Rulfo tomó el nombre de Comala, un pueblo de Colima, y lo trasplantó a un universo literario donde su Comala se parece poco al verdadero. Rulfo lo habita de fantasmas y los hace tatemarse en el calor del pueblo como si andarán sobre las brasas de una hoguera.
  • El Cuévano de Jorge Ibargüengoitia es fácil de identificar, en realidad es Guanajuato, pero el autor lo describe bajo seudónimo para ironizar la doble moral, las costumbres absurdas y la gente timorata.

Macondo, Comala y Cuévano, ciudades-seudónimo, existen, pero resultan más reales cuando son escritas por García Márquez, Rulfo e Ibargüengoitia y son reinterpretadas por cada lector a su manera.

 

Lo que no sabías del doblaje de voz en películas

Según cuenta la leyenda, al inicio de los años 80, cuando Star Wars llegó a España y Latinoamérica, muchos niños no conocieron a Luke Skywalker, Chewbacca y RD2D, sino a Lucas Trotacielos, Mascatabaco y Arturito, nombres que los cines pensaron más acordes a las tierras hispanohablantes. Aunque tal historia es un mito urbano, con apenas un toque de verdad, refleja bien la complicada historia del doblaje; para muchos, este arte y negocio ha sido un puente para conocer películas, series y caricaturas de todo el mundo; para otros, es un atentado contra la integridad intelectual de la obra. 

Una controvertida historia

Durante la época del cine mudo, las películas apoyaban su narrativa en intertítulos que, entre escenas, mostraban escritas las descripciones y diálogos, o en un “charlatán”, que explicaba la película para aquellos que no podían leer. Sin embargo, la llegada del cine sonoro supuso nuevos problemas para la exhibición de cintas extranjeras, aunque algunos trataron de verlo como oportunidades. La productora Metro Goldwyn Mayer estaba segura de que la gran maquinaria del cine estadounidense haría del inglés la lengua mundial, pero esto solo ayudó a desatar el pánico internacional a la “intrusión lingüística”, y países como Francia recurrieron al subtitulaje para rescatar el idioma nativo de la oleada norteamericana, prohibiendo exhibir películas en idiomas ajenos que no llevaran subtítulos.

El analfabetismo predominaba en todo el mundo, así que las productoras buscaron otras opciones. En 1928 nació el doblaje moderno, cuando Paramount Pictures logró sincronizar el diálogo de The Flyer, traducido del inglés al alemán, con los movimientos labiales de los actores. 

Sin embargo, la calidad de la técnica solía ser pésima, por lo que los cineastas preferían otros métodos, llegando a filmar sus películas varias veces con actores de diferentes países como la excelente versión española de Drácula de 1931, protagonizada por Carlos Villarías y Lupita Tovar, lo cual resultaba costoso y, a falta de supervisión constante, la calidad de una versión a otra era muy variable. Por esto, varios años y avances tecnológicos después, el doblaje tuvo un gran renacimiento.

De México, para el mundo

En los años 40, la Metro Goldwyn Mayer se llevó a sus estudios de Nueva York a un puñado de actores mexicanos de radionovelas  para doblar sus películas. Rápidamente, en México y otros países de Latinoamérica, como Argentina creció una gran industria del doblaje. Sin embargo, para finales de la década varios gobiernos decidieron que esta práctica fomentaba la competencia desleal para la producción local, y prohibieron que los cines nacionales presentaran películas extranjeras dobladas que no fueran infantiles. En México, este veto estuvo vigente hasta el año 2000, por lo que los doblajes fueron territorio mayormente televisivo por medio siglo.

Evangelina Elizondo, bajo la dirección de Santos, fue nuestra Cenicienta mexicana. Fuente: Disney y De Memoria.

La industria del doblaje en Latinoamérica se volcó al público infantil. Walt Disney mismo se interesó en las posibilidades del doblaje mexicano después de la fuerte crítica que el locutor Edmundo Santos hizo del mal doblaje al español de Blanca Nieves, y en poco tiempo, Santos pasó a ocuparse de la traducción de las canciones de Disney. Unos años más tarde, se convirtió en asesor oficial del idioma, desarrollando las reglas gramaticales para el llamado “español neutro” que evitaban tropicalizaciones o acentos típicos. 

El problema de la tropicalización

A inicios de los 50, Santos se mudó con su equipo a la Ciudad de México para trabajar en La Cenicienta, y pasaría los siguientes 27 años, hasta su muerte, encargándose por completo del doblaje al español de películas y productos derivados de Disney. Aunque esta era nos regaló joyas como El Libro de la Selva con la voz de Tin Tan para Baloo, Luis Pelayo tras Bagheera y a Carlos Petrel como Sheer Khan, la práctica del español neutro fue abandonada a partir de 1991 para La Bella y la Bestia, en favor doblar una versión latinoamericana y otra con el castellano de España. 

 

Mientras tanto, la televisión seguía siendo el campo más fértil para los actores de doblaje. A diferencia de la actuación frente a la cámara, contar con la voz como herramienta principal implicaba que ni la edad, ni el aspecto físico ni el género eran barrera, y la libertad de acción era tal que, sobre todo en caricaturas, se permitían incorporar rasgos culturales y ciertas tropicalizaciones que las hicieran más accesibles y reconocibles; a pesar de que esto no pocas veces resultaba en interpretaciones que desmerecen la versión original, también nos permitió disfrutar de creaciones excepcionales como la que hizo Jorge Arvizu, “el Tata” para Don Gato y su pandilla: mientras que en los EUA pasó desapercibida, en toda Latinoamérica se volvió un ícono cultural, tal como te contamos en uno de nuestros artículos pasados.

Don Gato y su pandilla.

El doblaje en la actualidad

En décadas recientes la labor de doblaje comenzó a devaluarse, los estudios y televisoras dieron preferencia a voces menos entrenadas, pero más baratas, o cayeron en la práctica del star system, dando los papeles principales a actores y cantantes populares, expresamente contratados para interpretarse a sí mismos o a sus personajes más conocidos. De igual forma, se volvió cada vez más frecuente el introducir en trabajos extranjeros chistes locales, referencias o modismos de la cultura popular, sin ningún cuidado o respeto por el trabajo original ni por la labor profesional de los verdaderos actores del doblaje. Resulta curioso que, de entre todas las voces de profesionales y cinéfilos que a través de los años se han alzado contra esta mala práctica, sea la de Jorge Luis Borges, desde el lejano 1945, la más profética: 

“Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. (…) Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?”.

 

Así nació El Principito de Saint-Exupéry 

¿Te imaginas ser un piloto aviador y poder recorrer diversas partes del mundo?, Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) lo era y muchos de sus viajes fueron la inspiración para convertir sus vivencias en literatura, como es el caso de obras como: El aviador, Vuelo nocturno y El Principito. Esta última, seguramente la has leído en algún momento de tu vida.  

El Principito es una de las obras más conocidas alrededor del mundo y aunque se ha considerado un libro para niños, la realidad es que sus temas como: la pérdida, la soledad, la muerte y el amor, son también para adultos.  

Las cartas en las que nació El Principito 

Fueron varias las causas que se juntaron para que su autor decidiera crear esta historia, una de ellas fue el impulso de sus amigos, a quienes les mandaba cartas en las que agregaba el dibujo de un hombrecito rubio con bufanda y cabello alborotado, era como su “alter ego infantil”, pues a través de él, expresaba las emociones que a su parte adulta le era difícil decir. Por eso, sus amigos lo animaron a que le diera vida a aquel simpático joven y lo hizo en el año 1942, dedicándose a realizar los dibujos en acuarela, así como a escribir la increíble historia del muchacho rubio.  

Encuentro entre el Principito y el aviador.

A su vez, Saint-Exupéry en varios momentos de su vida cayó en etapas de profunda tristeza y alcoholismo, — debido a que en Nueva York se sentía aislado, su vida en pareja era inestable y los exiliados franceses lo acusaban de colaborar con el gobierno de Vichy — por eso, buscó una manera de plasmar parte de su sentir y pensamientos.

“Es muy curiosa la desesperación. Necesito renacer”, escribió él.  

Así, por medio del Principito, el autor pudo recuperar a su niño interior y conmovernos por medio de su personaje, quien llora o se entristece por instantes, pero también conserva ilusiones, se ríe, aprende y muestra una gran fortaleza.  

El terrible accidente que dio origen a El Principito 

Otra de las situaciones en las que se basó el autor para dar origen a El Principito, fue el accidente que sufrió junto con su mecánico aviador André Prévot, cuando en uno de sus viajes aéreos, la avioneta en la que viajaban se estrelló en el desierto de Libia, increíblemente él y su compañero sobrevivieron al impacto; sin embargo, después de dos días, la poca comida y bebidas que llevaban (uvas, naranjas y vino)  se agotó, lo que provocó que Saint-Exupéry tuviera alucinaciones visuales y auditivas en las que se enfrentaban sus dos “yo”: el que daba todo por perdido y el que aún se aferraba a la esperanza. 

Saint-Exupéry como aviador.

Fue hasta el cuarto día cuando milagrosamente fueron rescatados por un beduino que iba en camello; así que, esta anécdota en la que casi pierden la vida, ha quedado claramente retratada en el libro.   

Los mensajes de libertad de El Principito 

Por otro lado, aunque la obra de Saint-Exupéry deja grandes lecciones en cuanto a la amistad, el amor y el dolor, al mismo tiempo, por medio de los viajes del Principito a varios planetas, el escritor plasma su visión sobre el mundo moderno y tecnológico en el que predominan las personas que han dejado a un lado la importancia de las relaciones humanas para centrarse únicamente en el deseo de obtener poder, reconocimiento y riqueza. A la vez, se refiere a la libertad, usando como ejemplo contrario a un dictador, fue por estos temas que su obra fue censurada durante la dictadura militar en Argentina. 

“No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domésticas, tendremos necesidad el uno del otro.”

Sin duda, El Principito es una obra que hace reflexionar a chicos y grandes, pues sus temas van más allá de lo que se lee a simple vista; así que, ahora ya conoces la historia del autor y de los motivos que lo llevaron a plasmar parte de sus emociones en voz del pequeño muchacho rubio.  

Lo que no sabías de los autocinemas

Hoy en día, las películas nos acompañan con un sinfín de historias de diferentes géneros y para todos los gustos, desde romance y comedia, hasta acción, misterio y terror. 

Ahora que, si le sumas la compañía de tu mejor amigo, tu familia o tu ligue en un lugar íntimo y cómodo, la experiencia frente a la pantalla se disfruta al doble, o al menos así lo pensó Richard M. Hollingshead, quien montó el primer autocinema en Nueva Jersey en 1933. 

Mágica compañía en el autocinema.

¿Qué llevó a Hollingshead a inventar los autocinemas? 

Una de las teorías afirma que la mamá de Hollingshead era una persona con obesidad y por ello no se sentía cómoda en ninguna butaca, así que él no dudó en buscar una solución.  

La otra versión asegura que el magnate quería impulsar el uso del auto, así como los productos Whis, teniendo por eslogan publicitario: “cada quien en su propio palco”.    

“Cada quien en su propio palco”.

Sea cual sea la razón que llevó a Hollingshead a crear esta nueva manera de ver películas, lo cierto es que fue un gran éxito que rebasó incluso las ventas de los cines convencionales, siendo así que, para 1956 los autocinemas se habían extendido por toda la Unión Americana.  

¿Por qué triunfaron los autocinemas? 

  • Eran mucho más baratos que los cines convencionales, porque con un solo boleto podían entrar todos los que cupieran en un carro, en modo “auto sardina”. 
  • Podías llevar tus propias botanas y hasta tomarte unos tragos de alcohol mientras disfrutabas el film 
  • Los carros eran el lugar ideal para romancear o pasar una tarde de besos con tu pareja.

    Diversión en tu propio auto.
  • La calidad del audio de las películas era increíble, pues se transmitía por medio del radio de los autos.  
  • El sitio en el que se ubicaban fue diseñado de forma ideal, tenían rampas para que los carros se inclinaran ligeramente hacia atrás y no se obstruyeran la vista entre sí. 
Colocación ideal para los autos. 

El fin y el regreso de los autocinemas

A pesar del gran éxito de los autocinemas, en los años 80 muchos quebraron, pues con la llegada de las nuevas tecnologías, como las televisiones a color, el VHS y Beta, ya podías ver películas en pijama y pantuflas desde la comodidad de tu casa.  

Disfrutando el cine en casa.

Actualmente, debido a la pandemia, en México y en otros países se han vuelto a colocar nuevos autocinemas que han sido recibidos con gran agrado por parte de los visitantes; así que, tal vez hemos vuelto un poco a una manera antigua y diferente de ver cine.  ¿Y tú, ya viviste esta increíble experiencia? 

Dibujo mi vida y cuento una historia

Cuenta la leyenda que el primero que hizo un Draw my life fue el cantante irlandés Bry, quien en 2011 publicó un video en YouTube donde contaba sus 22 años de vida con dibujitos que iba haciendo y borrando sobre la marcha.

De eso se trató en un principio Draw my life, de contar autobiografías con imágenes que se van dibujando durante la narración. Pero como dice la trillada frase, “una imagen vale más que mil palabras”, acompañar un relato con dibujitos fue un mix mágico que ya es un subgénero bien establecido entre los youtubers.

De contar la propia historia se pasó a hablar de las de otros, a relatar sucesos históricos, cuentos de terror o chismes del espectáculo, a hacer tareas escolares o presentaciones novedosas, en fin, Draw my life resultó un recurso inagotable para hacer storytelling.

¿Cómo se hace?

En realidad, no importa que uno sea malísimo para dibujar, hay algunos Draw my life que prácticamente están hechos con bolitas y palitos —claro que mientras más “arte” tenga más atractivo puede resultar.

Hay que preparar previamente un storyboard, es decir, una serie de cuadros donde especifiquemos qué dibujos estarán en cada parte de la narración.

Pasando a la autobiografía, se hace esencial —además de “presentar credenciales”, como dónde nacimos o quiénes son nuestros padres— identificar los sucesos trascendentes en nuestras vidas, aquellos que significaron una transformación o nos fueron llevando a lo que somos actualmente.

En cuanto a la edición, existe una multitud de aplicaciones que nos permiten darle la velocidad y efectos deseados a nuestro video.

Érase que se era

Lo que sí es realmente importante es saber contar una historia de forma clara y bien estructurada.

Una buena guía para armar el relato es seguir “el camino del héroe” —desarrollado por el profesor Joseph Campbell.

Es la forma más tradicional y antigua de contar, y se puede encontrar desde en textos antiguos, como la Odisea de Homero o las aventuras del Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, hasta las sagas de Star Wars y Harry Potter.

Hay un héroe, un joven inexperto que de pronto se vuelve el elegido para una misión, para cumplirla debe emprender un viaje lleno de obstáculos donde tendrá aliados, un maestro que le guiará, una dama a la que deberá rescatar y enemigos por vencer.

Esto se traduce en una estructura que contiene:

  1. Introducción o inicio, donde se describe al personaje y el ambiente que lo rodea.

  2. Desarrollo o nudo, que presenta los sucesos de la historia, las aventuras y problemas del personaje. Estos conflictos van aumentando hasta llegar al clímax, o sea el nudo mayor de la historia.

  3. Desenlace, la solución del conflicto y estado actual del protagonista.

Todos dibujan mi vida

La popularidad de Draw my life es inmensa. Una búsqueda simple nos da un resultado de 96 millones de videos y el canal Draw my life en español tiene 3.97 millones de suscriptores.

Draw my life es un gran recurso para contar nuestras historias o las de nuestras empresas, para reseñar películas, series o libros y una de sus grandes aplicaciones está en la educación, en videos didácticos sobre historia universal, personajes inspiradores, resolución de problemas como bullying, maltrato animal o el calentamiento global.

Ahí donde se pueda contar una historia, ahí puede estar Draw my life.

Imagen de portada por Frank Romero en Unsplash

Gatos, arte y algo más

Calculan los expertos que el gato fue domesticado por el hombre hacia 7500 antes de Cristo. Desde entonces ha pasado de ser dios —Bastet, la diosa de la fertilidad de los egipcios— hasta estrella de los videos en redes sociales. Desmond Morris, investigador del comportamiento animal, lo describía como un ser que lleva una doble vida:

“En casa es un minino crecido que mira imperturbable a sus amos. Pero cuando se va de juerga es todo un adulto, es su propio jefe y hasta una criatura salvaje, de vida libre, avispado y autosuficiente, entonces sus protectores humanos quedan por completo en el olvido.”

Los gatos pueden ser mucho más que una mascota: en 2011, una mujer de 94 años le heredó a Tomasso, su gato negro de 4 años, una fortuna de casi 10 millones de euros. En su testamento estipulaba que la comodidad y bienestar del gato debían estar aseguradas de forma permanente.

Muchos escritores se han declarado amantes de los felinos: Carlos Monsiváis tenía más de 20, el gato blanco de Jorge Luis Borges se llamaba Beppo, mientras que Julio Cortázar le puso a su gato parisino Theodor W. Adorno. Haruki Murakami tiene al menos una docena, Charles Bukowski quería reencarnar en gato, Mark Twain era defensor de la inteligencia gatuna, a Jean-Paul Sartre le gustaba acariciaba a su gata Nada mientras escribía y Herman Hesse disfrutaba sus ratos de ocio persiguiendo a un gatito.

Por su parte, los artistas plásticos han hecho una enorme contribución al universo gatuno al ofrecernos obras impresionantes que nos muestran a estos adorados animales en todas sus facetas. He aquí algunas muestras de ello:

Gatos antropomórficos en La despedida de soltero, Luois Wain, ca. 1939.

Wain (1860-1939) fue uno de los ilustradores ingleses más populares. Sobre él, H.G. Wells dijo que “inventó un estilo felino, una sociedad felina, todo un mundo felino”. Fue una autoridad en todo lo relacionado con los gatos: presidente del National Cat Club, juez de concursos de gatos y miembro de organizaciones benéficas de animales. Trabajó durante casi 30 años, a veces produciendo hasta varios cientos de dibujos al año, que fascinan a los amantes de los gatos y el arte hasta el día de hoy.

Gato de ensueño en La poeta, Marc Chagall, 1949-50.

Pionero del modernismo, Marc Chagall (1887-1985) experimentó la “edad de oro” del modernismo en París, donde sintetizó las formas de arte del cubismo, el simbolismo, el fauvismo y el surrealismo. Los gatos a menudo ayudaron a enfatizar el carácter fantástico de sus pinturas y desempeñaron un papel importante en muchas de ellas. Suelen ser los compañeros de las figuras que pintó: poetas, músicos o mujeres, como vemos en esta pintura.

Gato cazador en Gato cazando un pájaro, Picasso, 1939.

 

Picasso (1881-1973) contaba acerca de esta pintura que “el tema me obsesionaba, no sé por qué”. A pesar de su crueldad, es una imagen de la vida cotidiana ampliada a proporciones apocalípticas. El gato pospone la matanza del ave tanto tiempo como sea posible; cuanto más lo hace, más tiempo tiene el poder absoluto.

Gato satisfecho en El gato negro, Min Zhen, siglo XVIII.

¡Es un gato tan gordo y feliz! Min Zhen (1730-1788) fue un pintor y tallador de sellos chino nacido en Nanchang, Jiangxi, que pasó la mayor parte de su vida en la ciudad china de Hubei. Se destacó por pintar figuras humanas y ocasionalmente pintar con los dedos. Quedó huérfano a una edad temprana y a veces se lo asocia con los ocho excéntricos de Yangzhou.

Minino juguetón en Gato jugando, Henriëtte Ronner-Knip, 1860.

Henriëtte Ronner-Knip (1821-1909) nació en Amsterdam en una familia de pintores. Es conocida por sus pinturas de mascotas domésticas, principalmente gatos. Sus obras rara vez ofrecen un significado metafórico y se centran solo en los gatos mismos, a los que estudió con avidez y sinceridad. Incluso llegó a construir un estudio con fachada de vidrio para poder ver a sus gatos corretear libremente, dormir y meterse en problemas en los que solo los gatos pueden meterse.

Gatito feliz en Julie Manet o Niña con gato, Auguste Renoir, 1887.

Berthe Morisot y su marido Eugène Manet —hermano de Édouard, el pintor—, conocían a Renoir (1841-1919) desde hacía muchos años. Su admiración por el talento del pintor los convenció de encargarle un retrato de su hija Julie. El gato es solo una adición, ¡pero es tan dulce! Seguro está ronroneando, sin mencionar que se ve mucho más feliz que Julie.

Gato consentido en La comida del gato, Marguerite Gérard, finales siglo XVIII.

Marguerite Gérard (1761-1837) fue famosa por sus pinturas al óleo y grabados. Como artista de género, se centró en retratar escenas de la vida doméstica. Sin embargo, a diferencia de otras pintoras a las que les gustaba referirse a la antigüedad clásica, ella solía utilizar trajes y escenarios de varios siglos atrás. Muchas de sus pinturas ilustran las experiencias de la maternidad y la infancia dentro del hogar, y varias enfatizan la importancia de la música y el compañerismo femenino. El compañerismo felino es igualmente importante, como podemos ver en este cuadro.

Gato distorsionado, en El gato blanco, Pierre Bonnard, 1894.

Bonnard (1867-1947) utilizó la distorsión para crear una imagen humorística de este gato arqueando la espalda. El pintor pasó mucho tiempo decidiendo la forma y la posición de las patas, como se puede ver en los dibujos preparatorios. La inspiración japonesa se puede encontrar en la composición atrevida y asimétrica, así como en la elección del tema. A lo largo de su obra, Bonnard produjo innumerables pinturas que presentaban a los gatos, a veces como un simple detalle, a veces, como tema central.

Gato de cabaret en El gato negro, Théophile Steinlen, 1896.

Le Chat Noir fue un club nocturno del siglo XIX en el bohemio distrito de Montmartre de París. Se cree que es el primer cabaret moderno, donde los clientes se sentaban en las mesas y bebían bebidas alcohólicas mientras eran entretenidos con un espectáculo de variedades en el escenario. Este icónico póster de Théophile Steinlen anuncia este club nocturno en su apogeo era en parte un salón de artistas y en parte un auditorio ruidoso. Hoy en día, las reproducciones de este gato se pueden comprar en todas partes de París.

Mininos peleoneros en Riña de gatos, Francisco de Goya, 1786.      

Este óleo fue pintado por Francisco de Goya (1746-1828) para ser plasmado en un tapiz protagonizado solo por animales en una época en la que esto no era frecuente. El pintor demuestra su gran capacidad de observación y su profundo conocimiento de la postura felina.

Gatos y plantas en El gato helecho, Remedios Varo, 1957.

Para realizar esta encantadora pintura, la surrealista Remedios Varo (1908-1963) se inspiró en el sueño que le contó una amiga. Varo amaba a los gatos, le parecían tan mágicos y misteriosos como en realidad son y aparecen en muchas de sus obras.

Muchos, muchos gatos en Gatos sugeridos como las cincuenta y tres estaciones del Tōkaidō, Utagawa Kuniyoshi, 1850.

55 gatos aparecen en este tríptico del ilustrador japonés Utagawa Kuniyoshi, a quien, obviamente, le encantaban los gatos y su estudio estaba invadido por ellos. Su afición por los felinos se coló en su trabajo y aparecen en muchas de sus mejores estampas. Esta obra es una divertida parodia de Las cincuenta y tres estaciones del Tōkaidō de Hiroshige, que fue la colección más vendida en la historia del ukiyo-e (estilo de estampa japonesa). El Tōkaidō tenía 53 estaciones de correos diferentes a lo largo de su ruta y proporcionaban establos, comida y alojamiento para los viajeros. Kuniyoshi decidió mostrar estas estaciones a través de juegos de palabras de gatos. Por ejemplo, la cuadragésima primera estación del Tōkaidō se llama Miya. Este nombre se parece un poco a la palabra japonesa oya (親) que significa “padre”. Por esta razón, la estación se representa como dos gatitos con su madre.

Por si no sabías… y buscas nombre para tu gato

En la Edad Media, los nombres favoritos para ponerle a los gatos eran: en Inglaterra, Gyb; en Francia, Tibert. En textos antiguos irlandeses encontramos nombres como Cruibne —Garrita—, Breone —Pequeña flama, quizá usado para un gato naranja—, Glas nenta —Ortiga gris— y Pangur Bán —Totalmente blanco.

Foto de entrada por Andrii Ganzevych en Unsplash