Tras el signo de gato

Además de ser un emblema de la era digital, el “signo de gato” o “#” ha tenido muchas vidas. Desde su temprana relación con la tecnología hasta la síntesis lingüística que lo viralizó en internet, aquí te contamos su historia.

En los prehistóricos días antes de la internet, el “avistamiento” común del símbolo, usualmente conocido como “signo de número”, se daba en el teclado telefónico. Así, en España lo llaman “almohadilla” o “cuadradillo”, en Argentina se conoce como “numeral”. En Brasil le dicen velha (o “vieja”), en honor al jogo da velha, un juego semejante al ”tres en raya”; este es el mismo orígen del nombre usado en México, “signo de gato”; el “gato” chileno y el “michi”, popular en Perú. 

Gatos antiguos

El “signo de gato” data de la antigua Roma, donde la unidad métrica libra pondo (o “libra de peso”) se abreviaba como una “lb” cruzada en la parte superior por una línea horizontal, indicando que se trataba de una contracción y evitando confundir la “l” con el numeral 1. Con el tiempo, el término libra pondo dio nombre a la unidad pound, así se conoce hoy al símbolo # en los Estados Unidos.

A la derecha, el símbolo de la libra pondo. A la izquierda, el signo escrito por Isaac Newton. (Imagen cortesía del New Yorker).

A medida que los escribas comenzaron a trazarlo cada vez más rápido, “lb” se transformó en nuestro “signo de gato”. Su popularización se la debemos en parte a Isaac Newton, que en sus tratados lo ocupaba tantas veces que obligó a los impresores de la época a incluirlo en sus prensas. Para 1853, el libro An Elementary Treatise on Book-keeping by Single and Double Entry lo manejaba ya como un símbolo común para señalar cifras.

Gatos tecnológicos

A principios de los años 60 llegó el teléfono de tonos. Al usar botones en lugar de una rueda giratoria se requería un nuevo acomodo de los números, y Bell Laboratories, subsidiaria de AT&T, experimentó con diversos diseños.

El acomodo final perdura hasta hoy: los números del 1 al 9 ordenados en una cuadrícula de 3×3, y el cero en la parte inferior central, flanqueado por dos “claves”: el asterisco, al que llamaron “sextile”, y otro —nuestro “signo de gato”— que provenía de los lenguajes de programación y fue nombrado octothorp, con el “octo” refiriendo a las ocho líneas que sobresalen del signo, y “therp”, según se cuenta, en honor al deportista Jim Thorpe.

Una publicación de 1999 de la revista Encore, hablando sobre la introducción del “signo del gato” a los teléfonos con teclado. (Imagen cortesía de Gizmodo).
Gatos internautas

Incluso en los días tempranos de internet era común encontrarse con el signo de gato: a finales de los 80, en los canales de Internet Relay Chat (o IRC) representaba las “salas” de conversación.

Su metamorfosis al hoy omnipresente hashtag fue inspirada por el acomodo del IRC. En 2007, uno de los primeros usuarios de Twitter, Chris Messina, propuso utilizarlo para llevar una clasificación de las conversaciones relacionadas con un evento próximo sobre tecnología e internet.

La idea no fue bien recibida por Twitter, pues alegaban que un sistema como ese “era para nerds” y que no sería adoptado ampliamente. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, el programador Nate Ritter ocupó la red para informar de los devastadores incendios forestales de San Diego; la información llegaba de manera tan vertiginosa que Messina le propuso utilizar el #SanDiegoFire que ya se estaba usando en la red Flickr por usuarios que compartían sus fotos del incendio. 

Ritter accedió, y durante días dio cobertura al siniestro, probando a Twitter que el sistema funcionaba. Para 2009 la popularidad de los hashtags (nombrados así por el hash inglés con que en el Reino Unido se nombra al signo, y el tag, o “etiqueta”) era tal, que Twitter decidió adoptarlos oficialmente, iniciando una tendencia que cambió no solo la manera en que organizamos y consumimos la información, sino que nos permite transicionar de las ideas al movimiento, de las historias individuales a las protestas masivas, de las experiencias solitarias a la memoria colectiva. 

 

Cambios en la política de privacidad de Facebook, Twitter e Instagram. ¿Solución o cortina de humo?

Por Mario González / Redactor en 360 para cliente 

 

 

Estos cambios tendrán efecto a partir del 25 de mayo de este año, con la llegada de la nueva ley GDPR.

Con la llegada de la nueva ley GDPR (General Data Protection Regulation) y después del escándalo de Cambridge Analytica, las redes sociales más populares como Facebook, Twitter e Instagram han comenzado a realizar ajustes a sus políticas de privacidad, donde el foco parece estar puesto en el uso de datos personales. Sin embargo, los cambios fueron presentados al usuario mediante notificaciones que, más allá de invitar a leer los cambios, incitaban a solo aceptarlos para evitar la “fatiga” de leer el documento. Por este motivo nos dimos a la tarea de revisar detenidamente esta actualización y compartirte un breve resumen de lo más destacado, para saber si realmente representan un paso hacia la transparencia, o siguen siendo más de lo mismo.

Comencemos con Facebook, quien parece no desistir de sus negocios con terceros, ya que en los cambios destaca que, si bien ya puedes negar que tus datos se usen para mandarte mensajes publicitarios personalizados, no puedes evitar que estos se almacenen. Es decir, que seguirás viendo la misma cantidad de anuncios, pero con la diferencia de que quizá no sean de tu interés. En este sentido, cabe destacar que Facebook hace énfasis en la información relativa a la ideología, religión u orientación sexual, donde el usuario deberá consentir de manera específica si quiere que la red social le sugiera páginas o productos relacionados a ello.

Otro aspecto por destacar es la opción de reconocimiento facial, la cual supuestamente no se activará sin consentimiento del usuario, sin embargo, el texto destinado a ello sólo informa sobre los pros y contras de esta tecnología, dejando disponible solamente la opción de “continuar”. Es decir, que cuando se presenta la notificación, la opción está “desactivada”, pero al momento de dar clic en “continuar”, automáticamente el usuario la activa.

Por otro lado, el caso de Instagram es muy peculiar, ya que la compañía no había actualizado sus condiciones de uso desde 2013. Entre las notificaciones más relevantes, se encuentra el hecho de que la empresa registra cómo se mueven los usuarios dentro de la aplicación o, mejor dicho, saben cómo y qué partes de la pantalla tocan, justificando que es una medida para evitar bots y fraudes, aunque es evidente que se trata de información muy valiosa que podría ser usada de otras maneras.

Otro aspecto que destacar es Instagram Stories, tema que no aparecía por ninguna parte antes de la actualización, y que ahora solo lo hace de forma pasajera en la política de datos, donde solo se menciona en un punto, y pasa desapercibido en las condiciones de uso, pese a tratarse de una de las funciones más populares de la app. Además, a diferencia de Facebook, su red matriz, Instagram no ofrece ninguna opción para editar la información proporcionada, dejando prácticamente dos opciones al usuario: aceptar o eliminar su cuenta.

Por su parte, Twitter no presentó cambios novedosos, aunque sí un formato más claro y explicativo que el de antes, donde redacta detalladamente situaciones como el hecho de que Twitter puede ceder de forma gratuita tus tuits a terceros, así como registrar y analizar todos los mensajes de tu cuenta e incluso localizar tu ubicación.

Como podemos ver, los cambios en las políticas de privacidad en estas redes sociales parecen más una justificación de hechos, que un ajuste en la forma en la que trabajan. Es decir, que al igual que Instagram, la postura de las compañías frente al usuario parece ser clara y definitiva: acepta o márchate. Así que ahora que lo sabes, ¿qué decisión tomarás?