Secretos de la RAE: ¿nuestros antepasados envidiarían nuestras palabras?

Todos los días nos comunicamos con los demás, ya sea para cuestiones del trabajo, de la escuela o simplemente para echar chisme con nuestros amigos, familiares o pareja. Pero algo que nos parece tan cotidiano como hablar español llevó todo un proceso de transformación e incluso hoy en día nuestro idioma sigue cambiando con el ingreso de nuevas palabras y la modificación de otras.

¿Desde cuándo hablamos español?

Aunque sabemos que el castellano tiene sus orígenes en el latín, no existe un registro de la fecha exacta en que se empezó a utilizar como una lengua reconocida, pero los primeros escritos en castellano se remontan a los siglos IX y XI.

A pesar de que “dar a luz” a una nueva lengua no es un proceso que ocurra de la noche a la mañana, el impulso de altas autoridades puede acelerarlo, tal fue el caso del rey Alfonso X, quien a partir del año 1200 dio un realce al castellano al mandar a escribir obras originales en esta lengua y traducir otras cuantas.

Sin embargo, el camino para volver al castellano una lengua estándar aún recorrió otros cuantos siglos y sucesos importantes, algunos de ellos fueron:

  • Siglo XV: Antonio de Nebrija publicó la primera gramática sobre el castellano, y fue durante esta misma época cuando se terminó el proceso de unificación de dicha lengua en todo el país.
  • Siglo XVII: fue en este siglo cuando Miguel de Cervantes Saavedra publicó la primera parte de la famosa obra El Quijote, que además de destacar por estar escrita en el castellano de la época y de ser una de las más traducidas en todo el mundo, tiene un gran valor cultural al ser una historia que —de manera satírica/cómica— hace una crítica a la sociedad.

    Don Quijote y Sancho. Tomada de Tenor.
  • Siglo XVIII: exactamente en el año 1713 se fundó la Real Academia Española de la Lengua (RAE), este suceso fue el parteaguas que marcó el inicio del español contemporáneo.
¿Hablamos igual que nuestros antepasados?

Si has visto películas que se ambientan en épocas antiguas seguramente has notado que los personajes no hablan igual a como lo hacemos nosotros, esto ocurre porque las lenguas siguen evolucionando con el paso del tiempo de acuerdo con los hechos históricos que se presentan, así como con los cambios en la cultura y la sociedad.

Basta con echar una mirada al mundo actual en que las redes sociales y el mundo virtual nos han bombardeado y con ello ha habido un gran ingreso de palabras nuevas, como: “chat”, “online”, “emoticon”, etc.; así como la aparición de acepciones (modificaciones en el significado) de algunas palabras, como en el término “ladrillo” que además de su significado tradicional, ahora hace referencia a los primeros celulares que se distinguían por ser grandes y pesados.

Diccionario. Tomada de Gficat.

Algunos hechos históricos también marcan la llegada de nuevas palabras y los cambios en otras, uno de ellos fue la pandemia por COVID-19, en donde se añadieron acepciones y términos a la RAE, como: “hisopado”, “cribado”, “nueva normalidad”, entre otros.

De forma que, tan solo en el 2021 el diccionario de la RAE dio a conocer 11,425 nuevas entradas y 24,819 acepciones. No cabe duda de que el lenguaje —al igual que los procesos en la vida— es cambiante y no deja de sorprendernos con nuevas modificaciones.

Si quieres conocer más secretos del español en una charla amigable entre colegas, solo da clic aquí para escuchar un nuevo episodio de Ñoñerías de la Lengua, el podcast de 360 Agencia Editorial.

 

Conlangs: idiomas artificiales

Cuando éramos niños, muchos de nosotros hablamos el “idioma de la efe” con nuestros amigos, hermanos o primos, era un idioma “secreto” que solo los más pequeños entendíamos (o al menos eso creíamos). Para usarlo bastaba con dividir una palabra en sílabas e intercalar sílabas en efe: “hola”, se decía “hofolafa”. Sin darnos cuenta usamos una lengua artificial o conlang construido años atrás con el único fin de divertirnos.

El término conlang —dado por el lingüista Otto Jespersen— tiene su origen en las palabras en inglés constructed language y se refiere a los lenguajes que una persona o un grupo crea conscientemente, basándose en la gramática y vocabulario de uno o varios lenguajes que ya existen. Es decir, surge de manera artificial en lugar de evolucionar naturalmente.

Algunas lenguas artificiales son hechas por lingüistas que buscan instaurar una lengua universal que sea sencilla de utilizar para todos, mientras que otros idiomas artificiales son inventados con fines artísticos: para dar a los personajes de una novela, cuento, serie o película un propio idioma.

Descifrando signos. Tomada de C. J. Eguren.
De la fantasía a la realidad

Uno de los creadores más famosos de conlangs fue J. R. R. Tolkien, quien creó múltiples idiomas para llevarlos a sus historias. Una de ellas fue El señor de los anillos (1954-1955), en donde las criaturas de la Tierra Media hablan diversas lenguas, como las élficas quenya y sindarin, que en la vida real están basadas en los alfabetos tengwar y rúnico.

Otras obras literarias —que se llevaron a la pantalla grande— en las que podemos leer/escuchar idiomas artificiales, han sido:

  • 1984 (1949) de George Orwell, en donde el autor introduce la neolengua para mostrar cuán totalitario es el estado de Oceanía.
  • La Naranja Mecánica (1962) de Anthony Burgess está escrita en inglés y nadsat, la lengua vernácula preferida por los adolescentes de la novela.
  • La saga de Harry Potter (1997-2007), en donde algunas criaturas mágicas, Voldemort y el protagonista hablan por momentos en pársel, la “lengua de las víboras” inventada por su autora J. K. Rowling.
Harry Potter hablando pársel. Tomada de Tenor.

Estas son algunas de las más conocidas, pero varios escritores han optado por inventar conlangs para darles mayor originalidad a los mundos y a los personajes únicos que nos presentan.

 Esperanto: un lenguaje para todos

¿Te imaginas que todos habláramos un mismo idioma en todo el planeta?, sin duda sería más sencillo comunicar nuestras ideas y emociones con las personas de otros países.

Este era el sueño de Ludwik Lejzer Zamenhof, un doctor polaco que inventó el esperanto —a finales de la década de 1800— con la finalidad de facilitar las conversaciones entre los individuos de cada rincón del mundo y con ello crear un mundo sin desigualdades.

Un idioma para todos. Tomada de Awareness’ s blog.

Así, creó el libro Unua Libro (1887) en donde plasmó las bases del esperanto, el cual contaba con 920 raíces léxicas que, combinadas en 16 sencillas reglas gramaticales de la lengua, podían formar miles de palabras. Las raíces de este conlang estaban basadas en gran medida en el latín, con notables influencias del ruso, polaco, inglés y alemán; sin embargo, era muy sencillo de aprender.

Si quieres saber si el esperanto se convirtió en una lengua hablada por todo el mundo y conocer más sobre cómo y para qué se crean los idiomas artificiales, ¡no te pierdas el nuevo capítulo de Ñoñerías de la Lengua, el podcast de 360 Agencia Editorial!

 

El fascinante mundo de la traducción, el doblaje y la localización

Al leer el libro de un autor extranjero en nuestro idioma o ver nuestra serie favorita doblada al español, rara vez nos detenemos a pensar en todo el proceso que hubo detrás para que pudiéramos disfrutar cada uno de los diálogos de los personajes.

En el mundo del cine, la televisión, el marketing y la literatura todos los contenidos “se cocinan detalladamente” antes de llegar a ti. Aquí te dejamos tres puntos importantes del laborioso proceso de transformar un texto de un idioma a otro.

Traducir va más allá de ser literal

Si crees que la traslación mecánica —y a veces descabellada— del traductor de Google es la correcta, esto no es así, una verdadera traducción incluye ser detallista con la sintaxis, modificar la puntuación e incluso cambiar las expresiones de la lengua original a otras palabras sin que se pierda el sentido de la idea, porque como lo decía Walter Benjamin:

“Ninguna traducción sería posible si su aspiración suprema fuera la semejanza con el original […]”

No le creas todo a Google translate.
Doblaje: voces y personajes

El doblaje consiste en grabar y sustituir las voces originales de una película o de un programa de televisión por otras idénticas o similares en otro idioma.

Aunque muchos prefieren ver películas en su lengua original y leer los subtítulos, actualmente más de 625 millones de personas en el mundo (entre ellas quienes tienen dificultades visuales) siguen viendo contenido doblado a su idioma.

México es uno de los países más reconocidos en doblaje para Latinoamérica, esto debido a que nuestro acento es neutro y también al trabajo que varios actores mexicanos han realizado desde los años 40 a la fecha. Son tan famosos que seguramente recuerdas las voces de tus personajes favoritos de la infancia y si las vuelves a escuchar en una película enseguida las reconoces.

Doblaje / Tomada de Giphy.
Localización: cada cultura tiene su esencia

Cuando se traduce un texto a otro idioma puede perderse alguna expresión o chiste típico de la región donde se hizo, la localización busca que esto no ocurra y, por el contrario, da un gran peso a la cultura para mantener la esencia de los diálogos y adapta su significado al contexto.

Este proceso se realiza con frecuencia en las agencias de traducción de videojuegos, páginas web, marketing y publicidad, pero no debe confundirse con la tropicalización porque, aunque es semejante, esta es más usada por marcas o empresas.

Si quieres conocer más datos curiosos sobre estos temas y escuchar entrevistas divertidas con grandes invitados como la actriz de doblaje Lili Barba (la voz de Carlitos de Rugrats) solo da clic aquí.

6 formas de visibilizar a la mujer por medio del lenguaje (sin usar @, x, e)

El lenguaje inclusivo en cuanto al género, de acuerdo con la ONU, es “la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género”. Y es también una de las acciones más difíciles de lograr en un contexto que discrimina sistemáticamente a las mujeres. 

Sexismo, androcentrismo, perpetuación de estereotipos, uso de expresiones, figuras retóricas y conceptos que vulneran, invisibilizan y nulifican a las mujeres. Todo esto lo encontramos en el lenguaje cotidiano, en artículos, imágenes, noticias, anuncios por escrito y en video.

Quienes escribimos marketing de contenidos deberíamos tener el compromiso de ofrecer materiales que promuevan una cultura de equidad para ir avanzando hacia un futuro esperanzador donde todas y todos tendremos realmente los mismos derechos y oportunidades. Por lo pronto, vayamos paso a paso y además de buscar la igualdad con nuestras acciones, pongámoslo por escrito.

Tip: Para saber si en una frase hay sexismo, usa la regla de la inversión, sustituye el término masculino por el femenino. Si la idea es inadecuada para el sector masculino, entonces la frase es sexista:

  • “El doctor Martínez y Lolita”
  • Regla de inversión: “La doctora López y Pepito”

¿Les gustaría a los hombres aparecer así en una oración?

He aquí (cortesía del Manual de comunicación no sexista de Claudia Guichard Bello, publicado por INMUJERES) algunas formas en las que se discrimina a las mujeres en la lengua española escrita y las estrategias para burlarlas. Nos enfocaremos en algunas variantes de la designación asimétrica de mujeres y hombres, donde se otorga el reconocimiento a los hombres por sobre las mujeres. 

1. El artículo precede al apellido. Muchas veces leemos u oímos que se refieren a una mujer como “la D’Alessio”, “la Sheinbaum” o “la Garro”, pero ¿cuándo se menciona a un hombre como “el Fernández”, “el Ebrard” o “el Paz”?

Solución. Da un trato simétrico, es decir, llama a mujeres y hombres por sus nombres y apellidos o por sus nombres de pila, sin ningún artículo precedente.

2. Hay de cortesías a cortesías. Por “cortesía”, diferenciamos a las mujeres solteras (o vírgenes) como “señoritas” de las casadas, que son “señoras”, pero los “señores” siempre son “señores”.

Solución. Evita mencionar a las mujeres en función de su relación con un varón: “Señoras y señores…”, sin tratar de averiguar el estado civil de ellas.

3. Uso del diminutivo para referirse a las mujeres. Se habla de los hombres con respecto a sus cargos y a las mujeres se les pone en segundo plano y “en chiquito” aunque tengan la misma profesión (y un apellido): “el licenciado Pérez y Martita”.

Solución. “O todos coludos o todos rabones”. Escribe ambos nombres en iguales circunstancias: La licenciada González y el licenciado Martínez.

4. ¿Señora de quién? Con frecuencia se trata a las mujeres como propiedad de los hombres y suerte tienen si se menciona su nombre: “Don Manuel González y su querida esposa”, “La novia de Messi” o “La viuda de Fernández”.

Solución. Llámalas por su nombre: “Don Manuel González y doña María Gómez”, y si sabes su profesión, escríbela.

5. Sabemos que son mujeres. Cuando hablamos de hombres en colectivo, ellos son “los abogados”, “los senadores”, “los corredores”, mientras que ls mujeres son: “las mujeres abogadas”, “las mujeres senadoras” o “las mujeres corredoras.

Solución. ¿Qué crees? Ya hay femenino gramatical para los cargos públicos y profesiones, así que enfatizar que son mujeres está de más: “las abogadas”, “las senadoras”, “las corredoras”.

6. Las mujeres profesionistas sí existen. Y no siempre en cargos subordinados a los de ellos. Se habla de “doctores y enfermeras” o “de obreros y vendedoras de verduras”, se solicitan empleos para “químico biólogo” y “secretaria”. Al parecer, las mujeres no pueden ser químicas o doctoras ni lo hombres verduleros.

Solución. Menciona a los trabajadores y las trabajadoras de ambos sexos: contadores y contadoras, obreros y obreras, ingenieros e ingenieras.

Hay otras formas de discriminación hacia las mujeres en el español escrito, pero francamente no caben en un solo blogpost. Nuestra última recomendación es: no seas como la RAE, que define al “hombre público” como “el que tiene presencia e influjo en la vida social” y a la “mujer pública” como “prostituta”.

Si quieres conocer más sobre lenguaje inclusivo, ¡ahora también nos puedes escuchar por Spotify! Da click aquí para escuchar nuestro podcast. 😉 

Lenguas en peligro de extinción

“Solo el más fuerte sobrevive” es una expresión usada indiscriminadamente para subrayar la canibalística idea de que la supervivencia de una persona, especie o raza en un ambiente hostil es de mayor importancia que otra. Y aunque la teoría evolutiva dicte que este es el camino hacia la evolución y perseverancia del ser mejor adaptado, la pérdida de una especie, por débil que esta sea, implica más que un simple tache en los libros de historia.

En el lenguaje ocurre un fenómeno similar; los idiomas cambian, evolucionan. Se adaptan a las condiciones actuales y se aprovechan de las alteraciones globales para crecer y expandirse.

Sin embargo, a medida que una lengua se fortalece, muchas otras, aisladas del mundo exterior o carentes del poder económico-social de sus contrapartes, terminan por recular, marchitarse y eventualmente morir. Especialmente ahora cuando los emojis y el leet son más empleados y populares que el náhuatl. El leet o 1337 o leet speak es un tipo de escritura alfanumérica, usada primordialmente en Internet, donde los números sustituyen a las letras que más se asimilen a su forma gráfica, es decir, el 3 sustituye a la E, mientras el 4 reemplaza a la A, y así sucesivamente. 

Panorama actual

De acuerdo con la UNESCO, actualmente existen unas 3,000 lenguas en peligro de extinción, casi la mitad de las más de 6,000 que se hablan alrededor del mundo. De ellas, 9.6% están en situación crítica; 8.95% se encuentran en serio peligro; 10,65% en peligro de extinción y 9.85% en estado vulnerable.

Es decir, la mayor parte de las lenguas en peligro (1,907) son habladas por menos de 10,000 habitantes, mientras que aquellas en estado crítico o de alto riesgo, son usadas por apenas cientos de personas o menos. Algunas, incluso, residen en una sola persona o una familia.

Para la UNESCO, la diversidad lingüística se ve amenazada por los modelos de educación mono y bilingües y los enfoques inapropiados para el desarrollo del lenguaje. Y cómo no, si en las escuelas lo que se enseña es el uso y comprensión de lenguas globales; idiomas que – con miras en el futuro – abran las puertas hacia un trabajo bien remunerado. Situación que, no tan sorprendentemente, sucede también en localidades remotas y pueblos indígenas, donde los padres impulsan a sus hijos a aprender español, inglés, chino o hindú para que puedan integrarse a una sociedad que poco ha hecho por integrarlos desde un principio.

Al final del día, podríamos achacar la desaparición de centenares de lenguas a través de los años a la modernización, urbanización y globalización. Pero la realidad es que este fenómeno no es nuevo, sino que ha sucedido repetidamente a lo largo de la historia, incluso antes más que ahora. Colonizaciones e invasiones han contribuido a la extinción de miles de lenguas que, en su momento, eran tan prevalentes y relevantes como ahora lo son el inglés y el español.

Después de todo, el genocidio no se limita a los seres humanos; trasciende más allá de las personas y se manifiesta en la completa erradicación de ideas, creencias y, por su puesto, costumbres y lenguas.

Conservación  

Hoy, afortunadamente, existe la intención de preservar estas lenguas en peligro de extinción con esfuerzos que, al igual que aquellos enfocados en flora y fauna en riesgo de desaparecer, podrían parecer fútiles a estas alturas. No obstante, lingüistas alrededor del mundo, con ayuda de herramientas digitales, han colaborado en la creación de diccionarios escritos donde al menos se conserve un vestigio de la lengua, aunque en papel, algunas de las expresiones pierdan algo de su significado. 

Cada día 21 de febrero, desde el 2002, la UNESCO celebra el Día Internacional de la Lengua Materna; iniciativa que busca salvaguardar la diversidad lingüística y fomentar la inclusión de las lenguas indígenas, tribales y autóctonas en un mundo por demás homogeneizado. Se estima que cada dos semanas una lengua desaparece. Si este dato se aplicara a los humanos, es decir, que cada 15 días una tribu indígena o raza se extinguiera, las alarmas estarían sonando desde hace ya algún tiempo.

MIRA HACIA EL FUTURO

Por ello podríamos pensar, ¿cuál es el problema de perder una o varias lenguas en desuso y que no aportan aparentemente nada a nuestro mundo de redes sociales y bebidas energéticas? Ultimadamente da igual. Quizás sí, quizás no, quizás jamás sintamos el impacto de la desaparición de la lengua amami de Japón; mientras sigan produciendo animé y podamos comer sushi al 2×1, ¿qué más da? 

Sin embargo, perder un lenguaje es perder un fragmento de historia, una ventana a una cultura y una ideología particular, donde sus habitantes poseen una cosmovisión distinta del mundo. Ese punto de vista, esa forma de mirar la naturaleza, la vida y a los mismos humanos se desvanece una vez que el último hablante se marcha.


Los cuentos, canciones y ritos de todo un pueblo dejan de existir al no haber quién los transmita y, mucho menos, quién los escuche. Y en algunos cientos de años –si el planeta sigue vivo para presenciarlo– cuando el 95% de la población hable chino-mandarín y el español sea una lengua en peligro de extinción, nuestros descendientes lamentarán el no poder exclamar “¿qué tranza?” al no existir nadie que responda, entusiasta: “carnal”.

 

Anglicismos: las palabras inglesas que han ingresado al español

Aunque ya ni lo notamos, en nuestras conversaciones diarias usamos palabras que tienen su origen en otros idiomas, como el árabe (alberca, aceite, jarra), el italiano (acuarela, novela, pizza), el francés (chef, jamón, taller), también del latín—nuestra lengua madre—, alemán, griego, etc. Pero en los últimos tiempos, las palabras en inglés llevan la delantera en colarse a la lengua española.

¿Qué son los anglicismos?

Los préstamos lingüísticos del inglés a otras lenguas tienen el nombre de anglicismos y a pesar de que en español tenemos palabras para designar ciertas cosas, preferimos usar el término extranjero.

Los anglicismos se dividen en:

  • Préstamos léxicos: palabras de un idioma que son adoptados por otro, ya sea de forma idéntica o ligeramente modificados (como “online” en lugar de “en línea”).
  • Términos castellanizados: palabras inglesas que han adaptado su escritura y oralidad al español (como “tuitear”).
  • Giros sintácticos y frases hechas: frases que se han modificado de acuerdo a su imitación del inglés, (como “hacer sentido” en lugar de “tener sentido”, que viene de “to make sense”).
La invasión de los anglicismos

Hoy en día, muchos usamos anglicismos sin razón aparente, pero los lingüistas afirman que hay algo que nos motiva: queremos obtener prestigio, no conocemos la palabra en español o se nos dificulta expresar una idea en nuestra lengua natal —vacío semántico— y preferimos hablar con un término nuevo.

Lo cierto es que elegimos nuestras palabras dependiendo de las personas con las que estamos, el léxico que manejamos, nuestras ideologías, el momento y el lugar en el que nos encontramos.

¿Cómo no usar anglicismos, si nos bombardean por todos lados? Basta con echar un vistazo al mundo de los negocios, comercio, moda, cine, televisión, redes sociales, etc., en donde palabras como: reality show, marketing, fashion, spoiler, lobby, newsletter, casting, están presentes todos los días.

El inglés se ha convertido en el idioma que rige la manera en que se piensan y expresan reflexiones, propuestas y pensamientos, no solo en México sino alrededor del mundo. Es más común todavía en el lenguaje de los jóvenes y adolescentes, celebridades, youtubers, hablantes del “spanglish” y especialistas en áreas tecnológicas y científicas.

Así que,  ser bilingüe ha dejado de ser una elección para convertirse en una necesidad, porque quienes no saben inglés quedan fuera de varias dinámicas: desde no poder hojear una revista de moda hasta no ser aceptados en algún círculo social, además de que disminuye sus posibilidades de conseguir un empleo.  

Anglicismos vs. lingüistas conservadores

Aunque a algunos nos parece cool usar palabras en inglés, para los más conservadores es una amenaza a la lengua española, que busca fracturar el significado real de algunas palabras, como es el caso del término “fake news” que suena como una categoría nueva y elegante, pero en realidad se trata solo de “mentiras”. Los más apegados a las normas del lenguaje, afirman que el uso de anglicismos quiere crear un nuevo imaginario social sin memoria histórica, cultural, política y económica.

Las instituciones del lenguaje también están en contra del uso de palabras inglesas dentro del español, como la Real Academia Española (RAE), quien no se quedó con los brazos cruzados y promovió el buen uso del español sin anglicismos, para ello se valió de una campaña que tuvo gran éxito:

¿Quiénes son los savant o personas con “síndrome del sabio”?

Al igual que el universo, el cerebro se encuentra lleno de misterios, dentro de él guardamos tanta información que podría compararse con la de una gran biblioteca o —en términos actuales— con la gigantesca memoria de una PC. A pesar de que la memoria es limitada para la mayoría de nosotros, para las personas con el “síndrome del sabio” o savant no lo es, ellos tienen una gran capacidad de almacenamiento y habilidades increíbles.

¿Te imaginas poder memorizar libros enteros, aprender idiomas fácilmente o tocar un instrumento musical sin tener que estudiar?, sin duda sería algo fantástico y es posible para algunos savant. Pero no todo es tan maravilloso como parece, porque a pesar de ser personas superdotadas en algunas cosas, tienen discapacidades mentales, físicas, del habla, sociales o motoras, e incluso muchos de ellos no pueden cubrir sus necesidades más básicas y la mitad de los casos se relacionan con trastornos del espectro autista.

Tomada de Amino Apps.
¿Cómo surgió el término del síndrome del sabio?

Fue el psiquiatra Benjamin Rush, quien en 1798 narró por primera vez el caso de un paciente que mostró una habilidad increíble para calcular la edad de las personas con solo verlas durante unos segundos, pero todavía no existía una palabra para denominar a quienes tenían esta condición.

Casi cien años después, John Langdon Down —famoso por sus aportes en cuanto al síndrome de Down— dio a conocer el término “idiot savant” (“idiota erudito”) para referirse a estas personas superdotadas, pero este resultó denigrante y poco aceptado. Después se les llamó “sabios autistas”, pero también fue erróneo porque no todos los savant tienen autismo. Actualmente se les conoce como savant o personas con “síndrome del sabio”, una definición mucho más acertada.

¿Qué ocurre en el cerebro de los savant?

A pesar de que hoy en día existen grandes avances tecnológicos en neurociencias, no hay un estudio médico que explique al cien por ciento esta condición, pero hay teorías al respecto: se cree que los savant tienen una disminución de las habilidades del hemisferio izquierdo del cerebro (que se encargan de las cuestiones lógicas, simbólicas y lingüísticas), mientras que las habilidades del hemisferio derecho están aumentadas (las artísticas no simbólicas, habilidades visuales, motoras, música y artes plásticas), también algunos tienen una gran habilidad matemática.

Daniel Tammet, Savant británico.
Los savant más famosos de la cultura popular

A lo largo de la historia se ha escuchado del caso de varios savant, cada uno con talentos diferentes.

  • Tony Deblois: tiene Síndrome de Asperger y es invidente, pero toca el piano desde los 2 años, ¡además puede interpretar de memoria unas 8 mil canciones!
  • Alonzo Clemons: un excelente escultor de figuras de animales que se venden como pan caliente, en precios de hasta 45 mil dólares.
  • Daniel Tammet: un savant británico que aprendió islandés en una semana y habla 11 idiomas diferentes.

    Stephen Wiltshire.
  • Stephen Wiltshire: desde los 3 años se comunicaba por medio de dibujos y con solo mirar una vez paisajes o edificios los plasma detalladamente. Este caso es muy parecido al de August, uno de los personajes de la novela Lo que no te mata te hace más fuerte (2015) de David Lagercrantz, un niño autista que —aunque no habla— dibuja de una forma impresionante y logra captar detalles que para otros pasarían desapercibidos, además despierta distintas emociones en quienes los ven.
La verdadera historia de Rain man

Otro de los savant más conocidos en la historia es Kim Peek (1951), quien nació con el cráneo agrandado y con daños en el cerebelo. Esta condición no le permitía hacer cosas tan básicas como abrochar su camisa, pero su memoria era sorprendente y recordaba 10 mil libros completos; si te preguntas cómo había leído tantos libros en su vida, la razón parece de otro mundo: ¡con cada ojo leía una página diferente al mismo tiempo!

Además de leer tanto, también memorizó mapas que incluían calles y carreteras de Estados Unidos, así que el GPS se quedaba corto a su lado y su precisión era infalible.

Rain man.

Todas estas asombrosas habilidades llegaron a oídos de un guionista durante un congreso de una asociación de niños con discapacidad, quien quedó impactado con la historia y decidió llevarla a la pantalla grande con la película Rain Man (1988), protagonizada por Dustin Hoffman y Tom Cruise.

Para que los gestos y rasgos de personalidad transmitieran la verdadera esencia de Peek, Hoffman se reunió varias con él. Convirtiéndose así en una conmovedora historia basada en hechos reales que llegó a un gran número de espectadores alrededor del mundo.

 

 

Tras el signo de gato

Además de ser un emblema de la era digital, el “signo de gato” o “#” ha tenido muchas vidas. Desde su temprana relación con la tecnología hasta la síntesis lingüística que lo viralizó en internet, aquí te contamos su historia.

En los prehistóricos días antes de la internet, el “avistamiento” común del símbolo, usualmente conocido como “signo de número”, se daba en el teclado telefónico. Así, en España lo llaman “almohadilla” o “cuadradillo”, en Argentina se conoce como “numeral”. En Brasil le dicen velha (o “vieja”), en honor al jogo da velha, un juego semejante al ”tres en raya”; este es el mismo orígen del nombre usado en México, “signo de gato”; el “gato” chileno y el “michi”, popular en Perú. 

Gatos antiguos

El “signo de gato” data de la antigua Roma, donde la unidad métrica libra pondo (o “libra de peso”) se abreviaba como una “lb” cruzada en la parte superior por una línea horizontal, indicando que se trataba de una contracción y evitando confundir la “l” con el numeral 1. Con el tiempo, el término libra pondo dio nombre a la unidad pound, así se conoce hoy al símbolo # en los Estados Unidos.

A la derecha, el símbolo de la libra pondo. A la izquierda, el signo escrito por Isaac Newton. (Imagen cortesía del New Yorker).

A medida que los escribas comenzaron a trazarlo cada vez más rápido, “lb” se transformó en nuestro “signo de gato”. Su popularización se la debemos en parte a Isaac Newton, que en sus tratados lo ocupaba tantas veces que obligó a los impresores de la época a incluirlo en sus prensas. Para 1853, el libro An Elementary Treatise on Book-keeping by Single and Double Entry lo manejaba ya como un símbolo común para señalar cifras.

Gatos tecnológicos

A principios de los años 60 llegó el teléfono de tonos. Al usar botones en lugar de una rueda giratoria se requería un nuevo acomodo de los números, y Bell Laboratories, subsidiaria de AT&T, experimentó con diversos diseños.

El acomodo final perdura hasta hoy: los números del 1 al 9 ordenados en una cuadrícula de 3×3, y el cero en la parte inferior central, flanqueado por dos “claves”: el asterisco, al que llamaron “sextile”, y otro —nuestro “signo de gato”— que provenía de los lenguajes de programación y fue nombrado octothorp, con el “octo” refiriendo a las ocho líneas que sobresalen del signo, y “therp”, según se cuenta, en honor al deportista Jim Thorpe.

Una publicación de 1999 de la revista Encore, hablando sobre la introducción del “signo del gato” a los teléfonos con teclado. (Imagen cortesía de Gizmodo).
Gatos internautas

Incluso en los días tempranos de internet era común encontrarse con el signo de gato: a finales de los 80, en los canales de Internet Relay Chat (o IRC) representaba las “salas” de conversación.

Su metamorfosis al hoy omnipresente hashtag fue inspirada por el acomodo del IRC. En 2007, uno de los primeros usuarios de Twitter, Chris Messina, propuso utilizarlo para llevar una clasificación de las conversaciones relacionadas con un evento próximo sobre tecnología e internet.

La idea no fue bien recibida por Twitter, pues alegaban que un sistema como ese “era para nerds” y que no sería adoptado ampliamente. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, el programador Nate Ritter ocupó la red para informar de los devastadores incendios forestales de San Diego; la información llegaba de manera tan vertiginosa que Messina le propuso utilizar el #SanDiegoFire que ya se estaba usando en la red Flickr por usuarios que compartían sus fotos del incendio. 

Ritter accedió, y durante días dio cobertura al siniestro, probando a Twitter que el sistema funcionaba. Para 2009 la popularidad de los hashtags (nombrados así por el hash inglés con que en el Reino Unido se nombra al signo, y el tag, o “etiqueta”) era tal, que Twitter decidió adoptarlos oficialmente, iniciando una tendencia que cambió no solo la manera en que organizamos y consumimos la información, sino que nos permite transicionar de las ideas al movimiento, de las historias individuales a las protestas masivas, de las experiencias solitarias a la memoria colectiva. 

 

El encanto de los emojis

A veces un emoji dice más que mil palabras, gracias a ellos demostramos si estamos tristes, enojados, enamorados, eufóricos, en medio de un ataque de risa, etc. Actualmente, usamos esas caritas amarillas y esos pequeños dibujos casi a diario, pero su historia no es reciente, así que para conmemorar el Día del Emoji, que se celebra cada 17 de julio, aquí te la contamos.

 Inicios: el emoticono =D

Los antepasados de los emojis fueron los emoticonos, símbolos creados a partir de signos de puntuación —caracteres ASCII— y que comenzamos a utilizar cuando mandábamos SMS de texto.

  • Los inicios se remontan al año 1857, cuando el National Telegraphic Review and Operators Guide plasmó el número 73 en código morse como expresión de “amor y besos”.
  • En 1881, la revista Puck publicó por primera vez cuatro emoticonos tipográficos: alegría, melancolía, indiferencia y asombro.
La llegada del emoji

Tuvieron que pasar varios años para que los emoticonos evolucionaran hasta convertirse en los emojis que conocemos hoy en día. Si tenías duda del significado de esta palabra, aquí te lo compartimos: es una palabra japonesa en la que e, es imagen y moji, carácter.

  • El primero del que se tiene registro surgió en 1995, se trataba de un símbolo de corazón que aparecía en las opciones de los móviles Pocket Bell.
  • Fue hasta 1999 cuando la plataforma de internet móvil NTT Docomo, encargó al japonés Shigetaka Kurita el diseño de los primeros 176 emojis para sus teléfonos. Se trataba de dibujos en cuadrículas de 12 x 12 píxeles y para hacerlos se inspiró en los íconos que usaban los reportes del clima de aquella época.

    Shigetaka Kurita. (Tomada de: Vos TV).
  • Los emojis de Kurita fueron un gran éxito y en 2010 se aceptó una propuesta para poderlos incluir en todas las plataformas. Para el 2011 Apple agregó un teclado especial para los nuevos íconos y un año después Android también los añadió.

Estos símbolos marcaron una forma dinámica de comunicación y ahora los podemos encontrar en cualquier dispositivo. Se han establecido algunas reglas para las empresas que los usen en sus aparatos electrónicos, como: añadir un borde negro, los animales deben mirar siempre a la izquierda y tienen que medir por mucho 18 x 18 píxeles.

Evolución del emoji

Los emojis han ido evolucionando a la par de los cambios sociales y culturales a lo largo del tiempo. Se han agregado íconos que apoyan la diversidad ideológica, cultural y sexual: algunos ofrecen la posibilidad de cambiar el color de la piel, otros incluyen personas en silla de ruedas, personas sordas e incluso parejas del mismo género, entre otros.

(Tomada de: Siga Chile).
¿Qué significan?

Debido a que los emojis nacieron en Japón, muchos se encuentran relacionados con esa cultura. Así que, si en alguna ocasión te has preguntado el significado de alguno de ellos, puedes encontrarlo en la Emojipedia, un increíble diccionario virtual creado por Jeremy Burge, que puede darte pistas de cada dibujo.

Por ejemplo, seguramente no sabías que el trío de monos —uno tapándose los ojos, otro las orejas y uno más la boca— se relacionan con un proverbio japonés que dice “no ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal”. Mientras que el caso del emoji de mujeres con orejas de conejo y leotardo negro representa a humanos con características animales que comúnmente aparecen en la animación japonesa.

“no ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal”

Aunque la Emojipedia pueda ofrecernos datos interesantes del mundo de los emojis, cada país y cada persona le da una interpretación diferente, eso es lo que los hace universales y les da un toque divertido a nuestras pláticas virtuales.

 

 

Lenguaje inclusivo: ¿una lucha por la visibilidad?

Si eres fan de las redes sociales, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos tiempos han aparecido con más frecuencia palabras como: todes, nosotrxs, ellxs, etc. Se trata del llamado “lenguaje inclusivo”, una práctica que cada día consigue más seguidores —sobre todo entre los grupos feministas y LGBT+—, pero ¿cuáles son los orígenes de este lenguaje?

Orígenes

Aunque pareciera que es algo actual, sus inicios se remontan a los años setenta del siglo XX, cuando el feminismo se planteó por primera vez que en la lengua castellana se daba poca importancia al género femenino, mientras que la mayoría de las referencias estaban dirigidas a lo masculino. Esto sigue ocurriendo hoy en día, seguramente has acudido a una junta de “padres” de familia en donde la mayoría son “mamás” o conocido asociaciones de “jueces” integradas en mayor medida por mujeres.

Delia Suardíaz fue la primera en estudiar esta problemática en su tesis de maestría: Sexism in the spanish language (1973), donde descubrió que el lenguaje incluso degrada a las mujeres y expuso la necesidad de un cambio lingüístico. Para muestra de ello, basta revisar las ediciones anteriores a la 23ª del Diccionario de la Lengua Española (2014), en las que todavía se asociaban las palabras “débil” y “endeble” a lo femenino.

¿Débil? (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

Así que, hasta la fecha, algunos grupos de personas siguen inconformes con la forma en que la Academia se dirige o representa al género en sus definiciones y buscan una nueva manera de expresar su discurso e identidad.

¿Diversxs?

Aunque en un inicio el lenguaje inclusivo buscaba únicamente la visibilidad de las mujeres, ahora se ha extendido a las personas de la diversidad sexual y a los aliados de esta. Aquí, nombrar dos sexos no basta; de acuerdo con las ideas de la crítica queer, es imposible reducir a dos categorías la multiplicidad del género que podemos habitar o con el que nos podemos identificar.

De modo que el uso de la “x” y la “e” surgen como una nueva manera de inclusión para las personas diversas. Más allá de ser formas neutras del lenguaje, se trata de mostrar la indecibilidad del género.

Diversidad. (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

A diferencia de la “x”, la “e” no solo se puede utilizar en la escritura, sino también en la oralidad. Se volvió popular a partir del 2018, en un debate político que buscaba la despenalización del aborto en Argentina, donde su uso fue autorizado para tareas y trabajos de algunos colegios, así como en los juzgados.

En varios países de habla hispana aún existe un debate sobre la aceptación o rechazo del lenguaje inclusivo entre grupos impulsores de este y miembros de las instituciones de la lengua española. A pesar de que ambos tienen argumentos interesantes, lo cierto es que dicha búsqueda de aceptación del lenguaje inclusivo habla de un cambio de ideas en la sociedad y de una lucha de mujeres, personas de la comunidad LGBT+ y aliados, por una visibilidad e inclusión.