Lenguas en peligro de extinción

“Solo el más fuerte sobrevive” es una expresión usada indiscriminadamente para subrayar la canibalística idea de que la supervivencia de una persona, especie o raza en un ambiente hostil es de mayor importancia que otra. Y aunque la teoría evolutiva dicte que este es el camino hacia la evolución y perseverancia del ser mejor adaptado, la pérdida de una especie, por débil que esta sea, implica más que un simple tache en los libros de historia.

En el lenguaje ocurre un fenómeno similar; los idiomas cambian, evolucionan. Se adaptan a las condiciones actuales y se aprovechan de las alteraciones globales para crecer y expandirse.

Sin embargo, a medida que una lengua se fortalece, muchas otras, aisladas del mundo exterior o carentes del poder económico-social de sus contrapartes, terminan por recular, marchitarse y eventualmente morir. Especialmente ahora cuando los emojis y el leet son más empleados y populares que el náhuatl. El leet o 1337 o leet speak es un tipo de escritura alfanumérica, usada primordialmente en Internet, donde los números sustituyen a las letras que más se asimilen a su forma gráfica, es decir, el 3 sustituye a la E, mientras el 4 reemplaza a la A, y así sucesivamente. 

Panorama actual

De acuerdo con la UNESCO, actualmente existen unas 3,000 lenguas en peligro de extinción, casi la mitad de las más de 6,000 que se hablan alrededor del mundo. De ellas, 9.6% están en situación crítica; 8.95% se encuentran en serio peligro; 10,65% en peligro de extinción y 9.85% en estado vulnerable.

Es decir, la mayor parte de las lenguas en peligro (1,907) son habladas por menos de 10,000 habitantes, mientras que aquellas en estado crítico o de alto riesgo, son usadas por apenas cientos de personas o menos. Algunas, incluso, residen en una sola persona o una familia.

Para la UNESCO, la diversidad lingüística se ve amenazada por los modelos de educación mono y bilingües y los enfoques inapropiados para el desarrollo del lenguaje. Y cómo no, si en las escuelas lo que se enseña es el uso y comprensión de lenguas globales; idiomas que – con miras en el futuro – abran las puertas hacia un trabajo bien remunerado. Situación que, no tan sorprendentemente, sucede también en localidades remotas y pueblos indígenas, donde los padres impulsan a sus hijos a aprender español, inglés, chino o hindú para que puedan integrarse a una sociedad que poco ha hecho por integrarlos desde un principio.

Al final del día, podríamos achacar la desaparición de centenares de lenguas a través de los años a la modernización, urbanización y globalización. Pero la realidad es que este fenómeno no es nuevo, sino que ha sucedido repetidamente a lo largo de la historia, incluso antes más que ahora. Colonizaciones e invasiones han contribuido a la extinción de miles de lenguas que, en su momento, eran tan prevalentes y relevantes como ahora lo son el inglés y el español.

Después de todo, el genocidio no se limita a los seres humanos; trasciende más allá de las personas y se manifiesta en la completa erradicación de ideas, creencias y, por su puesto, costumbres y lenguas.

Conservación  

Hoy, afortunadamente, existe la intención de preservar estas lenguas en peligro de extinción con esfuerzos que, al igual que aquellos enfocados en flora y fauna en riesgo de desaparecer, podrían parecer fútiles a estas alturas. No obstante, lingüistas alrededor del mundo, con ayuda de herramientas digitales, han colaborado en la creación de diccionarios escritos donde al menos se conserve un vestigio de la lengua, aunque en papel, algunas de las expresiones pierdan algo de su significado. 

Cada día 21 de febrero, desde el 2002, la UNESCO celebra el Día Internacional de la Lengua Materna; iniciativa que busca salvaguardar la diversidad lingüística y fomentar la inclusión de las lenguas indígenas, tribales y autóctonas en un mundo por demás homogeneizado. Se estima que cada dos semanas una lengua desaparece. Si este dato se aplicara a los humanos, es decir, que cada 15 días una tribu indígena o raza se extinguiera, las alarmas estarían sonando desde hace ya algún tiempo.

MIRA HACIA EL FUTURO

Por ello podríamos pensar, ¿cuál es el problema de perder una o varias lenguas en desuso y que no aportan aparentemente nada a nuestro mundo de redes sociales y bebidas energéticas? Ultimadamente da igual. Quizás sí, quizás no, quizás jamás sintamos el impacto de la desaparición de la lengua amami de Japón; mientras sigan produciendo animé y podamos comer sushi al 2×1, ¿qué más da? 

Sin embargo, perder un lenguaje es perder un fragmento de historia, una ventana a una cultura y una ideología particular, donde sus habitantes poseen una cosmovisión distinta del mundo. Ese punto de vista, esa forma de mirar la naturaleza, la vida y a los mismos humanos se desvanece una vez que el último hablante se marcha.


Los cuentos, canciones y ritos de todo un pueblo dejan de existir al no haber quién los transmita y, mucho menos, quién los escuche. Y en algunos cientos de años –si el planeta sigue vivo para presenciarlo– cuando el 95% de la población hable chino-mandarín y el español sea una lengua en peligro de extinción, nuestros descendientes lamentarán el no poder exclamar “¿qué tranza?” al no existir nadie que responda, entusiasta: “carnal”.

 

Anglicismos: las palabras inglesas que han ingresado al español

Aunque ya ni lo notamos, en nuestras conversaciones diarias usamos palabras que tienen su origen en otros idiomas, como el árabe (alberca, aceite, jarra), el italiano (acuarela, novela, pizza), el francés (chef, jamón, taller), también del latín—nuestra lengua madre—, alemán, griego, etc. Pero en los últimos tiempos, las palabras en inglés llevan la delantera en colarse a la lengua española.

¿Qué son los anglicismos?

Los préstamos lingüísticos del inglés a otras lenguas tienen el nombre de anglicismos y a pesar de que en español tenemos palabras para designar ciertas cosas, preferimos usar el término extranjero.

Los anglicismos se dividen en:

  • Préstamos léxicos: palabras de un idioma que son adoptados por otro, ya sea de forma idéntica o ligeramente modificados (como “online” en lugar de “en línea”).
  • Términos castellanizados: palabras inglesas que han adaptado su escritura y oralidad al español (como “tuitear”).
  • Giros sintácticos y frases hechas: frases que se han modificado de acuerdo a su imitación del inglés, (como “hacer sentido” en lugar de “tener sentido”, que viene de “to make sense”).
La invasión de los anglicismos

Hoy en día, muchos usamos anglicismos sin razón aparente, pero los lingüistas afirman que hay algo que nos motiva: queremos obtener prestigio, no conocemos la palabra en español o se nos dificulta expresar una idea en nuestra lengua natal —vacío semántico— y preferimos hablar con un término nuevo.

Lo cierto es que elegimos nuestras palabras dependiendo de las personas con las que estamos, el léxico que manejamos, nuestras ideologías, el momento y el lugar en el que nos encontramos.

¿Cómo no usar anglicismos, si nos bombardean por todos lados? Basta con echar un vistazo al mundo de los negocios, comercio, moda, cine, televisión, redes sociales, etc., en donde palabras como: reality show, marketing, fashion, spoiler, lobby, newsletter, casting, están presentes todos los días.

El inglés se ha convertido en el idioma que rige la manera en que se piensan y expresan reflexiones, propuestas y pensamientos, no solo en México sino alrededor del mundo. Es más común todavía en el lenguaje de los jóvenes y adolescentes, celebridades, youtubers, hablantes del “spanglish” y especialistas en áreas tecnológicas y científicas.

Así que,  ser bilingüe ha dejado de ser una elección para convertirse en una necesidad, porque quienes no saben inglés quedan fuera de varias dinámicas: desde no poder hojear una revista de moda hasta no ser aceptados en algún círculo social, además de que disminuye sus posibilidades de conseguir un empleo.  

Anglicismos vs. lingüistas conservadores

Aunque a algunos nos parece cool usar palabras en inglés, para los más conservadores es una amenaza a la lengua española, que busca fracturar el significado real de algunas palabras, como es el caso del término “fake news” que suena como una categoría nueva y elegante, pero en realidad se trata solo de “mentiras”. Los más apegados a las normas del lenguaje, afirman que el uso de anglicismos quiere crear un nuevo imaginario social sin memoria histórica, cultural, política y económica.

Las instituciones del lenguaje también están en contra del uso de palabras inglesas dentro del español, como la Real Academia Española (RAE), quien no se quedó con los brazos cruzados y promovió el buen uso del español sin anglicismos, para ello se valió de una campaña que tuvo gran éxito:

¿Quiénes son los savant o personas con “síndrome del sabio”?

Al igual que el universo, el cerebro se encuentra lleno de misterios, dentro de él guardamos tanta información que podría compararse con la de una gran biblioteca o —en términos actuales— con la gigantesca memoria de una PC. A pesar de que la memoria es limitada para la mayoría de nosotros, para las personas con el “síndrome del sabio” o savant no lo es, ellos tienen una gran capacidad de almacenamiento y habilidades increíbles.

¿Te imaginas poder memorizar libros enteros, aprender idiomas fácilmente o tocar un instrumento musical sin tener que estudiar?, sin duda sería algo fantástico y es posible para algunos savant. Pero no todo es tan maravilloso como parece, porque a pesar de ser personas superdotadas en algunas cosas, tienen discapacidades mentales, físicas, del habla, sociales o motoras, e incluso muchos de ellos no pueden cubrir sus necesidades más básicas y la mitad de los casos se relacionan con trastornos del espectro autista.

Tomada de Amino Apps.
¿Cómo surgió el término del síndrome del sabio?

Fue el psiquiatra Benjamin Rush, quien en 1798 narró por primera vez el caso de un paciente que mostró una habilidad increíble para calcular la edad de las personas con solo verlas durante unos segundos, pero todavía no existía una palabra para denominar a quienes tenían esta condición.

Casi cien años después, John Langdon Down —famoso por sus aportes en cuanto al síndrome de Down— dio a conocer el término “idiot savant” (“idiota erudito”) para referirse a estas personas superdotadas, pero este resultó denigrante y poco aceptado. Después se les llamó “sabios autistas”, pero también fue erróneo porque no todos los savant tienen autismo. Actualmente se les conoce como savant o personas con “síndrome del sabio”, una definición mucho más acertada.

¿Qué ocurre en el cerebro de los savant?

A pesar de que hoy en día existen grandes avances tecnológicos en neurociencias, no hay un estudio médico que explique al cien por ciento esta condición, pero hay teorías al respecto: se cree que los savant tienen una disminución de las habilidades del hemisferio izquierdo del cerebro (que se encargan de las cuestiones lógicas, simbólicas y lingüísticas), mientras que las habilidades del hemisferio derecho están aumentadas (las artísticas no simbólicas, habilidades visuales, motoras, música y artes plásticas), también algunos tienen una gran habilidad matemática.

Daniel Tammet, Savant británico.
Los savant más famosos de la cultura popular

A lo largo de la historia se ha escuchado del caso de varios savant, cada uno con talentos diferentes.

  • Tony Deblois: tiene Síndrome de Asperger y es invidente, pero toca el piano desde los 2 años, ¡además puede interpretar de memoria unas 8 mil canciones!
  • Alonzo Clemons: un excelente escultor de figuras de animales que se venden como pan caliente, en precios de hasta 45 mil dólares.
  • Daniel Tammet: un savant británico que aprendió islandés en una semana y habla 11 idiomas diferentes.

    Stephen Wiltshire.
  • Stephen Wiltshire: desde los 3 años se comunicaba por medio de dibujos y con solo mirar una vez paisajes o edificios los plasma detalladamente. Este caso es muy parecido al de August, uno de los personajes de la novela Lo que no te mata te hace más fuerte (2015) de David Lagercrantz, un niño autista que —aunque no habla— dibuja de una forma impresionante y logra captar detalles que para otros pasarían desapercibidos, además despierta distintas emociones en quienes los ven.
La verdadera historia de Rain man

Otro de los savant más conocidos en la historia es Kim Peek (1951), quien nació con el cráneo agrandado y con daños en el cerebelo. Esta condición no le permitía hacer cosas tan básicas como abrochar su camisa, pero su memoria era sorprendente y recordaba 10 mil libros completos; si te preguntas cómo había leído tantos libros en su vida, la razón parece de otro mundo: ¡con cada ojo leía una página diferente al mismo tiempo!

Además de leer tanto, también memorizó mapas que incluían calles y carreteras de Estados Unidos, así que el GPS se quedaba corto a su lado y su precisión era infalible.

Rain man.

Todas estas asombrosas habilidades llegaron a oídos de un guionista durante un congreso de una asociación de niños con discapacidad, quien quedó impactado con la historia y decidió llevarla a la pantalla grande con la película Rain Man (1988), protagonizada por Dustin Hoffman y Tom Cruise.

Para que los gestos y rasgos de personalidad transmitieran la verdadera esencia de Peek, Hoffman se reunió varias con él. Convirtiéndose así en una conmovedora historia basada en hechos reales que llegó a un gran número de espectadores alrededor del mundo.

 

 

Tras el signo de gato

Además de ser un emblema de la era digital, el “signo de gato” o “#” ha tenido muchas vidas. Desde su temprana relación con la tecnología hasta la síntesis lingüística que lo viralizó en internet, aquí te contamos su historia.

En los prehistóricos días antes de la internet, el “avistamiento” común del símbolo, usualmente conocido como “signo de número”, se daba en el teclado telefónico. Así, en España lo llaman “almohadilla” o “cuadradillo”, en Argentina se conoce como “numeral”. En Brasil le dicen velha (o “vieja”), en honor al jogo da velha, un juego semejante al ”tres en raya”; este es el mismo orígen del nombre usado en México, “signo de gato”; el “gato” chileno y el “michi”, popular en Perú. 

Gatos antiguos

El “signo de gato” data de la antigua Roma, donde la unidad métrica libra pondo (o “libra de peso”) se abreviaba como una “lb” cruzada en la parte superior por una línea horizontal, indicando que se trataba de una contracción y evitando confundir la “l” con el numeral 1. Con el tiempo, el término libra pondo dio nombre a la unidad pound, así se conoce hoy al símbolo # en los Estados Unidos.

A la derecha, el símbolo de la libra pondo. A la izquierda, el signo escrito por Isaac Newton. (Imagen cortesía del New Yorker).

A medida que los escribas comenzaron a trazarlo cada vez más rápido, “lb” se transformó en nuestro “signo de gato”. Su popularización se la debemos en parte a Isaac Newton, que en sus tratados lo ocupaba tantas veces que obligó a los impresores de la época a incluirlo en sus prensas. Para 1853, el libro An Elementary Treatise on Book-keeping by Single and Double Entry lo manejaba ya como un símbolo común para señalar cifras.

Gatos tecnológicos

A principios de los años 60 llegó el teléfono de tonos. Al usar botones en lugar de una rueda giratoria se requería un nuevo acomodo de los números, y Bell Laboratories, subsidiaria de AT&T, experimentó con diversos diseños.

El acomodo final perdura hasta hoy: los números del 1 al 9 ordenados en una cuadrícula de 3×3, y el cero en la parte inferior central, flanqueado por dos “claves”: el asterisco, al que llamaron “sextile”, y otro —nuestro “signo de gato”— que provenía de los lenguajes de programación y fue nombrado octothorp, con el “octo” refiriendo a las ocho líneas que sobresalen del signo, y “therp”, según se cuenta, en honor al deportista Jim Thorpe.

Una publicación de 1999 de la revista Encore, hablando sobre la introducción del “signo del gato” a los teléfonos con teclado. (Imagen cortesía de Gizmodo).
Gatos internautas

Incluso en los días tempranos de internet era común encontrarse con el signo de gato: a finales de los 80, en los canales de Internet Relay Chat (o IRC) representaba las “salas” de conversación.

Su metamorfosis al hoy omnipresente hashtag fue inspirada por el acomodo del IRC. En 2007, uno de los primeros usuarios de Twitter, Chris Messina, propuso utilizarlo para llevar una clasificación de las conversaciones relacionadas con un evento próximo sobre tecnología e internet.

La idea no fue bien recibida por Twitter, pues alegaban que un sistema como ese “era para nerds” y que no sería adoptado ampliamente. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, el programador Nate Ritter ocupó la red para informar de los devastadores incendios forestales de San Diego; la información llegaba de manera tan vertiginosa que Messina le propuso utilizar el #SanDiegoFire que ya se estaba usando en la red Flickr por usuarios que compartían sus fotos del incendio. 

Ritter accedió, y durante días dio cobertura al siniestro, probando a Twitter que el sistema funcionaba. Para 2009 la popularidad de los hashtags (nombrados así por el hash inglés con que en el Reino Unido se nombra al signo, y el tag, o “etiqueta”) era tal, que Twitter decidió adoptarlos oficialmente, iniciando una tendencia que cambió no solo la manera en que organizamos y consumimos la información, sino que nos permite transicionar de las ideas al movimiento, de las historias individuales a las protestas masivas, de las experiencias solitarias a la memoria colectiva. 

 

El encanto de los emojis

A veces un emoji dice más que mil palabras, gracias a ellos demostramos si estamos tristes, enojados, enamorados, eufóricos, en medio de un ataque de risa, etc. Actualmente, usamos esas caritas amarillas y esos pequeños dibujos casi a diario, pero su historia no es reciente, así que para conmemorar el Día del Emoji, que se celebra cada 17 de julio, aquí te la contamos.

 Inicios: el emoticono =D

Los antepasados de los emojis fueron los emoticonos, símbolos creados a partir de signos de puntuación —caracteres ASCII— y que comenzamos a utilizar cuando mandábamos SMS de texto.

  • Los inicios se remontan al año 1857, cuando el National Telegraphic Review and Operators Guide plasmó el número 73 en código morse como expresión de “amor y besos”.
  • En 1881, la revista Puck publicó por primera vez cuatro emoticonos tipográficos: alegría, melancolía, indiferencia y asombro.
La llegada del emoji

Tuvieron que pasar varios años para que los emoticonos evolucionaran hasta convertirse en los emojis que conocemos hoy en día. Si tenías duda del significado de esta palabra, aquí te lo compartimos: es una palabra japonesa en la que e, es imagen y moji, carácter.

  • El primero del que se tiene registro surgió en 1995, se trataba de un símbolo de corazón que aparecía en las opciones de los móviles Pocket Bell.
  • Fue hasta 1999 cuando la plataforma de internet móvil NTT Docomo, encargó al japonés Shigetaka Kurita el diseño de los primeros 176 emojis para sus teléfonos. Se trataba de dibujos en cuadrículas de 12 x 12 píxeles y para hacerlos se inspiró en los íconos que usaban los reportes del clima de aquella época.

    Shigetaka Kurita. (Tomada de: Vos TV).
  • Los emojis de Kurita fueron un gran éxito y en 2010 se aceptó una propuesta para poderlos incluir en todas las plataformas. Para el 2011 Apple agregó un teclado especial para los nuevos íconos y un año después Android también los añadió.

Estos símbolos marcaron una forma dinámica de comunicación y ahora los podemos encontrar en cualquier dispositivo. Se han establecido algunas reglas para las empresas que los usen en sus aparatos electrónicos, como: añadir un borde negro, los animales deben mirar siempre a la izquierda y tienen que medir por mucho 18 x 18 píxeles.

Evolución del emoji

Los emojis han ido evolucionando a la par de los cambios sociales y culturales a lo largo del tiempo. Se han agregado íconos que apoyan la diversidad ideológica, cultural y sexual: algunos ofrecen la posibilidad de cambiar el color de la piel, otros incluyen personas en silla de ruedas, personas sordas e incluso parejas del mismo género, entre otros.

(Tomada de: Siga Chile).
¿Qué significan?

Debido a que los emojis nacieron en Japón, muchos se encuentran relacionados con esa cultura. Así que, si en alguna ocasión te has preguntado el significado de alguno de ellos, puedes encontrarlo en la Emojipedia, un increíble diccionario virtual creado por Jeremy Burge, que puede darte pistas de cada dibujo.

Por ejemplo, seguramente no sabías que el trío de monos —uno tapándose los ojos, otro las orejas y uno más la boca— se relacionan con un proverbio japonés que dice “no ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal”. Mientras que el caso del emoji de mujeres con orejas de conejo y leotardo negro representa a humanos con características animales que comúnmente aparecen en la animación japonesa.

“no ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal”

Aunque la Emojipedia pueda ofrecernos datos interesantes del mundo de los emojis, cada país y cada persona le da una interpretación diferente, eso es lo que los hace universales y les da un toque divertido a nuestras pláticas virtuales.

 

 

Lenguaje inclusivo: ¿una lucha por la visibilidad?

Si eres fan de las redes sociales, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos tiempos han aparecido con más frecuencia palabras como: todes, nosotrxs, ellxs, etc. Se trata del llamado “lenguaje inclusivo”, una práctica que cada día consigue más seguidores —sobre todo entre los grupos feministas y LGBT+—, pero ¿cuáles son los orígenes de este lenguaje?

Orígenes

Aunque pareciera que es algo actual, sus inicios se remontan a los años setenta del siglo XX, cuando el feminismo se planteó por primera vez que en la lengua castellana se daba poca importancia al género femenino, mientras que la mayoría de las referencias estaban dirigidas a lo masculino. Esto sigue ocurriendo hoy en día, seguramente has acudido a una junta de “padres” de familia en donde la mayoría son “mamás” o conocido asociaciones de “jueces” integradas en mayor medida por mujeres.

Delia Suardíaz fue la primera en estudiar esta problemática en su tesis de maestría: Sexism in the spanish language (1973), donde descubrió que el lenguaje incluso degrada a las mujeres y expuso la necesidad de un cambio lingüístico. Para muestra de ello, basta revisar las ediciones anteriores a la 23ª del Diccionario de la Lengua Española (2014), en las que todavía se asociaban las palabras “débil” y “endeble” a lo femenino.

¿Débil? (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

Así que, hasta la fecha, algunos grupos de personas siguen inconformes con la forma en que la Academia se dirige o representa al género en sus definiciones y buscan una nueva manera de expresar su discurso e identidad.

¿Diversxs?

Aunque en un inicio el lenguaje inclusivo buscaba únicamente la visibilidad de las mujeres, ahora se ha extendido a las personas de la diversidad sexual y a los aliados de esta. Aquí, nombrar dos sexos no basta; de acuerdo con las ideas de la crítica queer, es imposible reducir a dos categorías la multiplicidad del género que podemos habitar o con el que nos podemos identificar.

De modo que el uso de la “x” y la “e” surgen como una nueva manera de inclusión para las personas diversas. Más allá de ser formas neutras del lenguaje, se trata de mostrar la indecibilidad del género.

Diversidad. (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

A diferencia de la “x”, la “e” no solo se puede utilizar en la escritura, sino también en la oralidad. Se volvió popular a partir del 2018, en un debate político que buscaba la despenalización del aborto en Argentina, donde su uso fue autorizado para tareas y trabajos de algunos colegios, así como en los juzgados.

En varios países de habla hispana aún existe un debate sobre la aceptación o rechazo del lenguaje inclusivo entre grupos impulsores de este y miembros de las instituciones de la lengua española. A pesar de que ambos tienen argumentos interesantes, lo cierto es que dicha búsqueda de aceptación del lenguaje inclusivo habla de un cambio de ideas en la sociedad y de una lucha de mujeres, personas de la comunidad LGBT+ y aliados, por una visibilidad e inclusión.

Lo que no sabías del doblaje de voz en películas

Según cuenta la leyenda, al inicio de los años 80, cuando Star Wars llegó a España y Latinoamérica, muchos niños no conocieron a Luke Skywalker, Chewbacca y RD2D, sino a Lucas Trotacielos, Mascatabaco y Arturito, nombres que los cines pensaron más acordes a las tierras hispanohablantes. Aunque tal historia es un mito urbano, con apenas un toque de verdad, refleja bien la complicada historia del doblaje; para muchos, este arte y negocio ha sido un puente para conocer películas, series y caricaturas de todo el mundo; para otros, es un atentado contra la integridad intelectual de la obra. 

Una controvertida historia

Durante la época del cine mudo, las películas apoyaban su narrativa en intertítulos que, entre escenas, mostraban escritas las descripciones y diálogos, o en un “charlatán”, que explicaba la película para aquellos que no podían leer. Sin embargo, la llegada del cine sonoro supuso nuevos problemas para la exhibición de cintas extranjeras, aunque algunos trataron de verlo como oportunidades. La productora Metro Goldwyn Mayer estaba segura de que la gran maquinaria del cine estadounidense haría del inglés la lengua mundial, pero esto solo ayudó a desatar el pánico internacional a la “intrusión lingüística”, y países como Francia recurrieron al subtitulaje para rescatar el idioma nativo de la oleada norteamericana, prohibiendo exhibir películas en idiomas ajenos que no llevaran subtítulos.

El analfabetismo predominaba en todo el mundo, así que las productoras buscaron otras opciones. En 1928 nació el doblaje moderno, cuando Paramount Pictures logró sincronizar el diálogo de The Flyer, traducido del inglés al alemán, con los movimientos labiales de los actores. 

Sin embargo, la calidad de la técnica solía ser pésima, por lo que los cineastas preferían otros métodos, llegando a filmar sus películas varias veces con actores de diferentes países como la excelente versión española de Drácula de 1931, protagonizada por Carlos Villarías y Lupita Tovar, lo cual resultaba costoso y, a falta de supervisión constante, la calidad de una versión a otra era muy variable. Por esto, varios años y avances tecnológicos después, el doblaje tuvo un gran renacimiento.

De México, para el mundo

En los años 40, la Metro Goldwyn Mayer se llevó a sus estudios de Nueva York a un puñado de actores mexicanos de radionovelas  para doblar sus películas. Rápidamente, en México y otros países de Latinoamérica, como Argentina creció una gran industria del doblaje. Sin embargo, para finales de la década varios gobiernos decidieron que esta práctica fomentaba la competencia desleal para la producción local, y prohibieron que los cines nacionales presentaran películas extranjeras dobladas que no fueran infantiles. En México, este veto estuvo vigente hasta el año 2000, por lo que los doblajes fueron territorio mayormente televisivo por medio siglo.

Evangelina Elizondo, bajo la dirección de Santos, fue nuestra Cenicienta mexicana. Fuente: Disney y De Memoria.

La industria del doblaje en Latinoamérica se volcó al público infantil. Walt Disney mismo se interesó en las posibilidades del doblaje mexicano después de la fuerte crítica que el locutor Edmundo Santos hizo del mal doblaje al español de Blanca Nieves, y en poco tiempo, Santos pasó a ocuparse de la traducción de las canciones de Disney. Unos años más tarde, se convirtió en asesor oficial del idioma, desarrollando las reglas gramaticales para el llamado “español neutro” que evitaban tropicalizaciones o acentos típicos. 

El problema de la tropicalización

A inicios de los 50, Santos se mudó con su equipo a la Ciudad de México para trabajar en La Cenicienta, y pasaría los siguientes 27 años, hasta su muerte, encargándose por completo del doblaje al español de películas y productos derivados de Disney. Aunque esta era nos regaló joyas como El Libro de la Selva con la voz de Tin Tan para Baloo, Luis Pelayo tras Bagheera y a Carlos Petrel como Sheer Khan, la práctica del español neutro fue abandonada a partir de 1991 para La Bella y la Bestia, en favor doblar una versión latinoamericana y otra con el castellano de España. 

 

Mientras tanto, la televisión seguía siendo el campo más fértil para los actores de doblaje. A diferencia de la actuación frente a la cámara, contar con la voz como herramienta principal implicaba que ni la edad, ni el aspecto físico ni el género eran barrera, y la libertad de acción era tal que, sobre todo en caricaturas, se permitían incorporar rasgos culturales y ciertas tropicalizaciones que las hicieran más accesibles y reconocibles; a pesar de que esto no pocas veces resultaba en interpretaciones que desmerecen la versión original, también nos permitió disfrutar de creaciones excepcionales como la que hizo Jorge Arvizu, “el Tata” para Don Gato y su pandilla: mientras que en los EUA pasó desapercibida, en toda Latinoamérica se volvió un ícono cultural, tal como te contamos en uno de nuestros artículos pasados.

Don Gato y su pandilla.

El doblaje en la actualidad

En décadas recientes la labor de doblaje comenzó a devaluarse, los estudios y televisoras dieron preferencia a voces menos entrenadas, pero más baratas, o cayeron en la práctica del star system, dando los papeles principales a actores y cantantes populares, expresamente contratados para interpretarse a sí mismos o a sus personajes más conocidos. De igual forma, se volvió cada vez más frecuente el introducir en trabajos extranjeros chistes locales, referencias o modismos de la cultura popular, sin ningún cuidado o respeto por el trabajo original ni por la labor profesional de los verdaderos actores del doblaje. Resulta curioso que, de entre todas las voces de profesionales y cinéfilos que a través de los años se han alzado contra esta mala práctica, sea la de Jorge Luis Borges, desde el lejano 1945, la más profética: 

“Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. (…) Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?”.

 

Postsecret: contando historias con secretos

En un suburbio de Maryland, EUA, hay una casa que durante quince años ha recibido más de un millón de postales provenientes de cada rincón del mundo; en cada una va escrito un secreto anónimo. El destinatario y guardián de estas confesiones es Frank Warren, y lo que empezó como un pequeño proyecto de arte se convirtió en media docena de libros, exhibiciones en museos, una obra de teatro, colaboraciones con programas de salud mental y una comunidad mundial que busca conectarse con otros y confesar sus deseos, recuerdos y culpas a través de uno de los medios de comunicación más antiguos: el correo.

”Mis brazos están cubiertos con cicatrices”.

Belleza secreta

Si bien las instrucciones del proyecto son solo tres —el secreto debe ser verdadero, nunca antes compartido y tiene que enviarse en una postal física—, desde el principio los participantes decoraron con gran empeño y creatividad sus postales con collages de recortes, fotografías personales y objetos de gran significado —desde un ticket de avión del viaje que cambió la vida de alguien hasta la navaja de rasurar que un potencial suicida decidió no usar—, convirtiendo el proceso en un ritual de autoconocimiento y revelación.

“Cuando crezca quiero ser tan feliz como cuando tenía 7 años”. Imagen: Postsecret.

Los resultados tienen una belleza conmovedora, de inmensa honestidad y hasta con un cierto toque entre lo kitsch y lo punk; por años se han archivado en el popular blog de Postsecret y en los libros que Warren ha editado, además de ganarse exhibiciones  en museos como el American Visionary Art Museum y el MOMA en Nueva York.

“Somos el anti-facebook”

Postsecret es un proyecto lleno de intersecciones y contradicciones: une lo analógico —escritura e ilustración a mano, enviadas por correo— y lo digital —todo el proceso que Warren ocupa para compartir estos secretos con la comunidad, incluyendo el escáner y el blog—; además de que crea un espacio comunitario para compartir las confesiones más íntimas, de manera anónima y sin la “recompensa” de un like o un follow.

Cartas por correo.

Lo que diferencia a Postsecret de similares digitales como Whisper y Secret, que comenzaron bajo la misma idea de compartir secretos de manera anónima y terminaron como espacios tóxicos de abuso y discurso de odio, es su naturaleza analógica. El requerimiento de la lentitud y reflexión necesarios para convertir el secreto en arte se contrapone en los segundos que lleva escribir un mensaje virtual. Por esto, su primera y única encarnación en app no duró más de tres meses.

“Querida madre biológica: tengo excelentes padres”.

Warren mismo no está libre de controversia: aun cuando el blog permanece libre de anuncios en una era donde parece impensable no monetizar nuestras relaciones y confidencias —tal es el modelo de todas las redes sociales que existen— y se ha enorgullecido de nombrar al proyecto “el anti-Facebook”, también es cierto que durante estos diez años ha generado ganancias y reputación comerciando con los secretos de otros.

No callemos la vergüenza

Lo cierto es que compartir los secretos que cargamos tiene beneficios comprobados por la ciencia. No solo nos ayuda a afianzar nuestros lazos  sociales, sino que mejora nuestra salud mental. Los secretos motivados por la vergüenza son particularmente dañinos, ya que esta tiene una alta correlación con la adicción, la depresión y la violencia.

“Mi gran miedo es tener una hija que herede mi desorden alimenticio”.

 

Compartir secretos y leer los de los demás nos ayuda a sentirnos identificados y validados. Hablar y ser escuchado con empatía puede traer alivio e incluso, generar los más urgentes cambios sociales, como ha demostrado el movimiento #MeToo. En 2012, la investigadora Brene Brown decía: “Si pones la vergüenza en una placa de Petri, se necesitan tres cosas para crecer exponencialmente: secreto, silencio y juicio. Si pones la misma cantidad de vergüenza en una placa de Petri y la empapas con empatía, no podrá sobrevivir”.

 

XKCD: romance y matemáticas explicados con monitos

Por allá de los prehistóricos años 90 y el principio de los 2000, internet era el gran reino de los nerds. Esa fue la época en que nacieron los webcomics: en un principio solo fueron garabatos compartidos con amigos en correos, pequeñas webs personales y foros, pero con el tiempo crearon sus propios lenguajes, nichos y formatos, madurando a la par de sus creadores y logrando fandoms que, en no pocos casos, los han mantenido activos durante décadas, como los longevísimos Penny Arcade y PVP.

Bolitas, palitos y otras complejas ecuaciones

De los “casos de éxito” que podemos encontrar en ese mundo salvaje y surreal del webcomic, el de xkcd es el más extraordinario: detrás de la aparente simpleza de sus monigotes se esconde un universo de filosofía, cultura y divulgación de la ciencia donde no hay pregunta demasiado extraña ni tema en exceso enrevesado como para que su creador, un experto en robótica que trabajó para la NASA, no pueda responder con humor, asombro y cierta dosis de sano sarcasmo. 

Mi código está compilando. Fuente: xkcd

El genio detrás de la pantalla es Randall Munroe, que un día por ahí del 2005, cuando todavía era estudiante de física en la universidad de Virginia, se puso a escanear los dibujitos que hacía durante sus clases, decidiendo subirlos a su web personal. En pocos años, bajo el nombre de xkcd —no es un acrónimo, sino “una palabra sin pronunciación fonética, un punto atesorado y cuidadosamente guardado en el espacio de la secuencia de cuatro caracteres”— alcanzó millones de lectores mensuales, volviéndose uno de los íconos de la cultura de internet. 

El sentido de la vida, el universo y todo lo demás (según Randall)

Ahora, el sitio oficial aloja más de 2 mil tiras. Publicando varias veces por semana, Randall abarca temas como el cambio climático, los problemas del soporte técnico, los fundamentos de la fuerza centrífuga, el sutil enlace entre las magnitudes físicas y las relaciones amorosas o los problemas de coleccionar libros, además de numerosos juegos narrativos que empujan los límites de lo que los medios digitales pueden hacer.

Paneles principales de “Click and Drag”. Fuente: xkcd

 

Entre los ejemplos más notables de esta experimentación está “Click and Drag” de 2012: parece compuesta por cuatro paneles finitos, sin embargo, al hacer clic y arrastrar el interior del panel mayor, se descubren decenas de historias escondidas: algunas son hilarantes, otras tristes, en la mayoría hay una cierta melancolía. Ya desde el lejano 2007, Wired decía sobre el trabajo de Randall: “(…) muestra el lado humano de la cultura geek (….) el cómic es en sí mismo un lenguaje, una forma en que las personas que no tienen experiencia en hablar sobre sus emociones pueden articularlas”. 

Consejos científicos absurdos para problemas reales

Todos los cómics de Randall parten de la curiosidad, de las preguntas básicas del pensamiento científico: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿qué pasaría sí…? A la fecha, estas cuestiones han generado tres proyectos aledaños: 

  • What If?: Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions (2014) que partió de la idea de, cada semana, abordar una pregunta “absurda” con el mayor rigor científico posible, ya fuera “¿cuántos legos se necesitan para construir un puente que lleve tráfico de Londres a NY? o, ¿qué pasaría si tuviéramos solo un “alma gemela” en todo el mundo? 
Construcción con legos. Fuente: SFM News
  • Thing Explainer: Complicated Stuff in Simple Words (2015), donde, usando solo dibujos y un vocabulario de las mil palabras más comunes del idioma inglés, explica cosas cómo el funcionamiento de las células —o, según dice el libro “las bolsitas de agua de las que estás hecho”—.
  • How To: Absurd Scientific Advice for Common Real-World Problems (2019), la guía de autoayuda más científica e inútil del mundo, donde puedes aprender a tomarte una selfie con un telescopio o cómo ahorrarte la cuenta de la luz, sustentando la energía de tu casa con el tejido del espacio-tiempo (no te preocupes mucho si lo rompes en el proceso).
“El problema con los científicos es que ven maravilla y belleza en todo”. Fuente: xkcd

Quizá la mayor contribución de Randall no sean solo sus libros, su maravilloso webcomic o el haber descubierto cuánto poder de la fuerza puede manejar Yoda (haciendo caso omiso de las precuelas, claro), sino el haber demostrado que incluso las preguntas más raras pueden llevarte a planteamientos interesantes, y que para hablar de asuntos difíciles, ya sean matemáticas, lenguajes de programación o relaciones amorosas, el mejor camino es mezclar la ciencia con mucho humor. 

Las nuevas palabras y la infodemia

A finales del año pasado la Real Academia Española (RAE) anunció con bombo y platillo las nuevas palabras que los académicos aprobaron publicar en la versión 23.4 del Diccionario de la lengua española (DLE).

Por supuesto, no es novedad que se incluyeran “los términos del año”, o sea, COVID y diversos derivados y relacionados. Pero hay otras adiciones que te llamarán la atención si como nosotros eres fanático de las ñoñerías de la lengua.

La enfermedad, la salud y el bienestar

“COVID”, así con mayúsculas, aunque en nuestro Diccionario del Español de México (DEM) está aprobado su uso en minúsculas: “covid”, y ambos diccionarios coinciden en que puede ser masculino o femenino. También se añadieron “coronavirus” y “coronavírico” —relativo al coronavirus.

Entradas relacionadas con esta enfermedad son “cuarentenar” y “cuarentenear” —poner a alguien o estar en cuarentena—, así como “confinado” y “confinamiento”, que ya estaban, pero se agregó una nueva definición: poner en aislamiento a una persona o población por razones de salud o seguridad.

El DLE también abrió sus puertas a entradas relacionadas con medicamentos: “anticonvulsivo”, “antirretroviral”, “miorrelajante”; los antibióticos “cefalosporina”, “cloranfenicol”, “eritromicina”, “tetraciclina” y “vancomicina”.

Otras nuevas palabras relacionadas con la salud en general son: “ayurveda”, “farmacovigilancia”, “isoflavona”, “macronutriente”, “micronutriente”, “probiótico”, “prolactina” y “serotonina”.

De la internet

La RAE incluyó términos relacionados con la tecnología y la era digital, tales como: “emoji” —los españoles lo pronunciarán con la “j”, pero en México, si estuviera en el DEM, se debería escribir “emoyi”.

“Emoticón”, “avatar” —entendido como la identidad virtual gráfica de un usuario digital—, “hilo”, “perfil” —ya estaba, pero se agregó la acepción de identidad de un usuario en una red social—, “trol”, “troleo” y “trolear”, así como “publicar” —en el entorno digital— “videochat” y “videollamada”.

Las posturas

Palabras como “derechoso”, “fascistoide”, “izquierdoso”, “libertarismo”, “natalista”, “negativismo”, “reduccionismo” o “provida”, referentes a posturas filosóficas o políticas, apenas fueron contempladas por los académicos de la RAE para ser incluidas en su H.H. diccionario.

La gastronomía

El diccionario incluyó platillos regionales, como el “faláfel” de la cocina árabe, la “musaka” griega, el “marmitako” vasco, el dominicano “chenchén” y el “nacho” mexicano.

También encontramos a la “estevia”, planta que se usa como edulcorante, el pan “pita” y el “moka” —una variedad árabe de café, aunque en México nos referimos a una mezcla de café y chocolate en postres y bebidas—. Y del ambiente restaurantero, “gastrobar”.

Por cierto, parece que el sector olivarero “cabildeó” con los académicos, ya que incluyeron entre sus novedades algunas variedades de aceitunas, como “manzanilla”, “verdial” y “picuda”.

Otros más

De entre las 2,557 adiciones de la RAE, entre nuevas entradas y enmiendas de otras ya existentes, podemos encontrar “tex-mex”, “zumba”, “suricata”, “tapanco”, “partidocracia”, “multisectorial”, “jibarizar”, “finde”, “exoplaneta”…

Y muchas otras más que nos hacen pensar que los académicos de la lengua española deberían “cambiar el chip” —nótese esta nueva acepción— y acelerar, nomás tantito, sus procesos de inclusión de nuevas palabras que desde hace años dejaron de ser neologismos en el habla cotidiana.

¿Dónde quedó la infodemia?

Ante la avalancha de noticias generadas durante la pandemia por COVID-19, la OMS ha llamado a evitar “la cantidad excesiva de información —en algunos caso correcta, en otros no— que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando la necesitan”.

La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) considera la palabra “infodemia” —acrónimo de “información” y “epidemia”— como “un neologismo válido”, e incluso fue candidata a Palabra del año 2020 —la ganadora fue “confinamiento”.

Lo curioso es que, aun con el respaldo de la RAE, “infodemia” no aparece en el DLE.

¿Cuánto tiempo considerarán los académicos que necesita un neologismo para tener el honor de aparecer en el diccionario?
Mientras tanto, te dejamos aquí la liga de algunas nuevas entradas del DLE por si deseas informarte de su significado. O consúltalas directamente en el diccionario.

Foto de entrada por Anna Lisa en Unsplash