Maryam, la matemática que vino del Oriente

El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, por lo que durante todo el mes se realizan acciones para concientizar y prevenir sobre este mal que, aunque la mayoría de las veces es curable, aún se lleva un gran número de vidas. Por ello, en 360 Grados deseamos recordar y rendir homenaje a tres mujeres de diferentes épocas, países y campos de estudio que murieron de esta enfermedad.

(Teherán, Irán 1977-California, EE. UU., 2017)

De niña quería ser escritora, pero en la adolescencia surgió su pasión por las matemáticas. En la prepa, participó y ganó una medalla de oro en la Olimpiada Iraní de las Matemáticas, desde entonces la joven Maryam Mirzakhani decidió su destino. Su mente voló más alto que la de la mayoría de los mortales, sus complejos conceptos superaron los conocimientos de sus profesores de matemáticas; finalmente colgó el hiyab y dejó su país natal para obtener un doctorado en Harvard.

A los 31 años ya era profesora en Stanford y desarrollaba análisis complejos con rapidez y creatividad. Le interesaba estudiar los conceptos desde diversos ángulos hasta encontrar el que hiciera avanzar una idea y pasar a la siguiente. Extendía un enorme papel en el suelo y ahí escribía y reescribía fórmulas y símbolos. Su campo de estudio eran las geodésicas en las superficies hiperbólicas (lo que sea que eso signifique, pero tiene que ver con la geodesia, es decir, el cálculo de superficies curvas aplicado a la superficie terrestre), que desarrolló desde su tortuosa tesis doctoral, rehecha una y otra y otra vez hasta que ella y su asesor quedaron satisfechos.

Maryam Mirzakhani con su hija Anahita, posando con los demás ganadores de la medalla Field (Artur Avila, Martin Hairer y Manjul Bhargava) durante el Congreso Internacional de Matemáticos 2014 en Seúl.

Sus colegas la recuerdan como una persona generosa, con extremo talento en un campo donde la presencia de las mujeres no es común y, sobre todo, muy celosa de su vida privada en compañía de su esposo, Jan Vondrák, y de su hija.

En 2014 fue la primera mujer y la primera iraní en obtener la Medalla Fields, equivalente al Premio Nobel de las Matemáticas. Cuando la recibió, en el Congreso Internacional de Matemáticos realizado en Seúl, Corea del Sur, ya estaba enferma.

A los 40 años murió. La comunidad matemática se unió en homenajes a esta mujer con conocimientos profundos, con un dominio técnico impresionante y una imaginación que llevó las ciencias a un nuevo nivel.

Maryam Mirzakhani murió de cáncer de mama.

Foto de entrada por John Moeses Bauan en Unsplash

Nina: el talento y la ira

El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, por lo que durante todo el mes se realizan acciones para concientizar y prevenir sobre este mal que, aunque la mayoría de las veces es curable, aún se lleva un gran número de vidas. Por ello, en 360 Grados deseamos recordar y rendir homenaje a tres mujeres de diferentes épocas, países y campos de estudio que murieron de esta enfermedad.

My skin is black, My arms are long, My hair is woolly, My back is strong. Strong enough to take the pain, Inflicted again and again.

“Four women” (1966)

(Carolina del Norte, Estados Unidos, 1933-Provenza, Francia, 2003)

¿Cuándo nació la ira? Tal vez a los diez años, al ver a sus padres dejar sus lugares para que se sentara gente blanca. La niña negra que daba el recital se negó a seguir tocando el piano hasta que regresaron a sus papás a la primera fila.

Tal vez continuó a sus veintes, cuando, por racismo, rompieron sus sueños y le negaron la beca para estudiar música y ser la primera concertista negra que pudo haber tocado en el Carnegie Hall.

Quizá se transformó al empezar a cantar para no perder su trabajo de pianista de jazz en ese centro nocturno donde Eunice Waymon se despidió para siempre y nació la leyenda: Nina Simone, la pianista y cantante que interpretaría de forma única a George Gershwin (“I Loves You Porgy”), a Johann Sebastian Bach (“Love Me Or Leave Me”) a George Harrison (“My Sweet Lord”) y a sí misma en canciones llenas de pasión, de belleza… y de ira.

Seguro se notó en la relación tormentosa con su esposo y manager, que la maltrató y la humilló, y ella bebió y tomó pastillas y le aventó las botellas furiosa, desesperada porque su cuerpo reaccionaba así (sin saber que padecía trastorno bipolar), igual que cuando le molestaba el ruido que hacía algún espectador y lo callaba en pleno concierto.

Y prosperó cuando supo la noticia: el Ku Klux Klan había asesinado a unas niñas negras en una iglesia. Entonces fue al piano y compuso “Mississippi Goddam”, donde maldecía y proclamaba: “All I want is equality, for my sister my brother my people and me”.

La ira siguió, cuando protestó por sus derechos de mujer y negra junto a Martin Luther King y luego él fue asesinado y ella siguió componiendo y protestando, cada vez más radical, hasta hacerse amiga de los Panteras Negras y negarse a pagar impuestos, lo que al final la llevó al exilio.

Se la llevó consigo a Liberia, Suiza, Holanda y finalmente a Francia, donde se quedó hasta su muerte, a los 70 años.

Nina Simone fue una contradicción andante que mezcló su enojo, su talento, sus pasiones y su insobornable deseo de vivir, los convirtió en música y nos la regaló. Nos legó sus manos acariciando el piano, su voz profunda, densa y melodiosa, sus letras que hablan por generaciones de mujeres, negras como ella, que han vivido la injusticia y que a pesar de todo siguen fuertes, soportando el dolor.

Nina Simone murió de cáncer de mama.

Foto de entrada por Matthew T Rader en Unsplash

Mary en el cielo de los fósiles

El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, por lo que durante todo el mes se realizan acciones para concientizar y prevenir sobre este mal que, aunque la mayoría de las veces es curable, aún se lleva un gran número de vidas. Por ello, en 360 Grados deseamos recordar y rendir homenaje a tres mujeres de diferentes épocas, países y campos de estudio que murieron de esta enfermedad.

(Lyme Regis, Dorset, Reino Unido, 1799-1847)

La mujer que a diario caminaba con su perro Trey por su natal playa de Lyme Regis se llamaba Mary Anning. Desde niña, su padre les había enseñado a ella y a su hermano a buscar fósiles para venderlos como curiosidades a los turistas. Cuando Mary tenía 12 años, encontró un enorme esqueleto de más de 5 metros de largo que resultó ser un ictiosaurio o pez lagarto.

Benjamin John Merifield Donne, retrato al pastel de Mary Anning, 1850. ©Sociedad Geológica de Londres.

Su padre murió y su hermano se fue, pero Mary se quedó en la playa, haciendo descubrimientos cada vez más sensacionales. Era muy pobre y no había estudiado, pero se esforzó en aprender francés para leer los escritos del naturalista Georges Cuvier, estudió el lenguaje de los científicos y aprendió a recolectar, analizar y conservar los fósiles que encontraba. De esta manera autodidacta se convirtió en la primera mujer paleontóloga de la historia.

A los 24 años descubrió el primer esqueleto de un plesiosaurio. También encontró fósiles de un pterodáctilo y otros animales más antiguos que las historias de la Biblia que ella leía a diario.

Esqueleto parcial de un ictiosaurio descubierto y recolectado por Mary Anning en 1836.

Nunca se casó ni tuvo hijos. La comunidad científica británica, formada exclusivamente por hombres, la desdeñó por ser mujer, pobre y autodidacta, pero sí aprovechó sus descubrimientos y se lució con ellos, dándole el mínimo crédito.

En 1845 Mary enfermó. Los dolores eran insoportables y tomaba láudano para disminuirlos, por lo que sus vecinos esparcieron el rumor de que se había dado a la bebida. Dos años después, murió, y por fin fue considerada como una pionera de la paleontología y reconocida como la mejor cazadora de fósiles de la historia.

Mary Anning murió de cáncer de mama.

 

Foto de entrada por Wynand van Poortvliet en Unsplash