El lenguaje del doblaje: el caso Top Cat

A principios de los años 60 se estrenó en Estados Unidos la serie animada Top Cat, acerca de las travesuras de una pandilla de gatos callejeros. Después de 30 episodios Hanna-Barbera la canceló por bajo índice de audiencia. En 1963 fue adaptada y doblada al español en México, donde se llamó Don Gato y su pandilla.

Tuvo un éxito tremendo y estos 30 episodios se han transmitido una y otra y otra vez en las décadas de 1960, 1970, 1980, 1990, 2000 y 2010. Se convirtió en una serie de culto. En 2011 y 2014 se hicieron dos largometrajes en coproducción México-Argentina-Estados Unidos, pero a pesar de lograr una buena recaudación en taquilla, no tuvieron el éxito de antaño de la serie.

Pero ¿por qué en Estados Unidos Top Cat no prosperó mientras que en México fue un exitazo? Si ves la serie en el idioma original te das cuenta de que resulta bastante olvidable, sin embargo, para realizar el doblaje en México se reunió una pandilla de actores súper experimentados que hicieron de Don Gato y su pandilla la caricatura preferida de muchos y por generaciones.

Benny the Ball se convirtió en Benito Bodoque, con aguda voz infantil que lo hacía taaan tierno… Por su parte, Choo-Choo se llamó Cucho, un gato yucateco al que un hot dog le sabe a chocolomo. The Brain, un gato lento de entendederas, se transformó en Demóstenes, mientras que Fancy-Fancy y Spook fueron aquí Panza y Espanto, respectivamente. Por último, el policía Charlie Dibble es nuestro querido oficial Matute.

Los actores de doblaje se divirtieron en grande y se tomaron tantas libertades creativas que Don Gato y su pandilla cobró encanto, ha sido retransmitida cientos (¿o miles?) de veces en la tele y se volvió tan legendaria como ellos, a quienes recordamos y festejamos en este Día Internacional del Doblaje. Ellos son:

Jorge Arvizu. Es la cara más visible de la pandilla por su personaje de “el Tata”, un viejo desgreñado en bata de dormir que gritaba “¡Quiero mi cocoool!”.  Dobló también a Pedro Picapiedra, el Pájaro Loco, Scooby Doo, Bugs Bunny, el Pato Lucas y en Don Gato a Benito Bodoque y Cucho. Fue Maxwell Smart en El Súper Agente 86, el Tío Lucas y el Tío Cosa en Los Locos Addams, Kato (¡la voz de Bruce Lee!) en El Avispón Verde y El Pingüino en la serie sesentera del mejor conocido como “Batman panzón”. Él fue además director de doblaje para Top Cat y su hermano Rubén hizo la traducción y adaptación del guion al español en 1963.

 

Julio Lucena. Voz de Don Gato, también fue Pablo Mármol en Los Picapiedra, Moe en Los Tres Chiflados y dobló voces en un montón de episodios de La dimensión desconocida. Aportó su voz en numerosas radionovelas.

Carlos Becerril. Tiene más de 80 años y más de seis décadas en el doblaje. Además de Panza en Don Gato, es la voz de Robert DeNiro, Richard Gere, Robert Redford, Al Pacino, Mel Gibson, Michael Douglas, Patrick Swayze, Richard Dreyfuss, Anthony Hopkins y una lista interminable, casi tiene el monopolio de las voces masculinas de Hollywood.

Santiago Gil. En Don Gato era Espanto, pero también fue Robin en “Batman panzón”, el señor Ingalls en la serie La Familia Ingalls, Gonzo en El show de los Muppets y Shaggy de Scooby Doo. Trabajó en esto 30 de sus 46 años de vida.

Armando Gutiérrez. Otro personajazo del doblaje, además de Demóstenes en Top Cat, fue la voz del “guapo Ben” en Los 4 Fantásticos (la caricatura de los 60s), Vulcano en El hombre araña (la serie animada viejita) y Brutus en Popeye el Marino. Fue un comediante en teatro y radio, donde era conocido por su sobrenombre Simplón Telera de la Chica.

Víctor Alcocer. Fue actor de cine y Matute en Don Gato, pero también Herman Munster en La Familia Munster, el Gallo Claudio, El Jefe en El Súper Agente 86 y el Guasón en “Batman panzón”. También dobló a El Santo y Blue Demon en películas de luchadores, dándoles la masculinidad y presencia que les faltaban a las voces estos superhéroes de carne y hueso.

Foto de entrada por Neil Godding en Unsplash

Mascotas (adoptadas) al abordaje: una experiencia personal

Captura de pantalla 2015-07-23 a las 10.40.07

Si hay algo que recomiende en esta vida para todo amante de los animales es adoptar una mascota. Supongo que la mayoría lo ha hecho ya, pero habrá otros que, por falta de espacio/tiempo/dinero (cosas importantes para pensar en tener una), no lo hacen (precisamente por estar conscientes de que es necesario tenerlas, de otra manera, sería algo muy egoísta y, por consiguiente, no serían animal lovers).

Y lo mejor a la hora de elegir una, por supuesto, siguiendo toda esta lógica de amor animal, es pensar en la adopción, nunca en comprar. Hay tantos animales en situación de calle en nuestro país que esto es lo más recomendable. Quizá muchos todavía se dejen llevar por razas y cosas de ésas, pero creo que deberíamos ser más conscientes y pensar si lo que queremos es un amigo o un adorno. Porque luego va a resultar que nuestro perro/gato es de una raza tan exótica que tiene que tener cuidados especiales o que, por más que sea de pedigree, el pobre se la pasa todo el tiempo solo…

Así, recomiendo ampliamente las adopciones de animales si uno está pensando en tener un amigo peludo. Son de esas cosas que cambian la vida. Al menos, hablo desde mi experiencia personal.

1266883_10151939117880903_1025493625_o

Adopté a Simona, mi gata, hace casi dos años, un día de principios de otoño, en un albergue de la Ciudad de México. Cuando fui a escoger (o más bien, a que me escogiera) mi próxima mascota, nunca me esperé una explosión de ternura y emoción al ver a todos esos pequeños mininos en sus jaulitas. Todos me inspiraron una sobredosis de ambas. Incluso se me salieron unas cuantas lágrimas y hasta una de las chicas que trabajaban ahí se conmovió con mi reacción.

Lo de Simona fue amor a primera vista, atracción mutua. Desde el primer instante en que me vio empezó a maullar como loquita, como pidiéndome que la sacara de ahí. Después de ver sus anhelantes ojitos verdes de cachorro, pedí que me la mostraran y, en un principio, me habían dicho que era gato. Inmediatamente se puso a jugar con un mechón de mi pelo. Tenía las uñitas bastante afiladas (característica que conserva), aún lo recuerdo. Hicimos clic instantáneo. Simona me había escogido. Ese mismo día me decidí por ella (aun sin saber que era hembra) y el chico del albergue fue a ver mi casa, mientras la llevábamos con nosotros, para que también “conociera” lo que sería su nuevo hogar. La pequeña bolita de pelos no se movía de una de las esquinas de la sala. El chico me ofreció quedármela durante el fin de semana como prueba, pero decliné aun cuando me moría de ganas, pues todavía tenía que avisarle a mi roomie.

10347075_10152575194950903_462472409379892208_n

Al fin, todo quedó completado al día siguiente, le compré todo lo necesario y me la llevé a casa cubriéndola de la lluvia con su flamante arenero. Simona no dejó de maullar hasta que llegamos a casa. Desde el principio se perfilaba como diva. Por cierto, que ese día, la doctora que la desparasitó y la vacunó me informó que era ella y no él y me preguntó que si aun así la quería. Sobra mencionar mi respuesta.

Desde entonces hasta el día de hoy, no me he arrepentido y nunca lo haré. Ha sido toda una aventura —y todo un honor— tenerla conmigo, estar juntas, cuidarla y mimarla. Mi vida es mejor con ella a mi lado, le ha añadido el toque de ternura (y un poco de consciencia al respecto de hacerme cargo de otro ser vivo que no sea yo) que le hacía falta.

La semana pasada festejamos su cumpleaños número dos con un gran bocadillo de salmón que tragó como si no hubiera mañana y jugó con el pájaro de juguete que mis roomies odian un poco por el ruido que hace. Pienso seguirle festejando muchos más. Y ella seguirá dándome lata en las madrugadas, sirviendo de alarma peluda, poniéndome sus patas en la cara, cuando lo que más deseo es dormir. La amo.

Lo apoyo y siempre lo haré: si, como yo, son fans de los animales no duden en adoptar… ¡no se arrepentirán!

Una sorpresa “felino-mexicana”: la Fundación Black Jaguar White Tiger

black-jaguar-white-tiger-foundation-1-638

Por vías totalmente inesperadas y por donde menos imaginé, me enteré casualmente de esta fundación mexicana que ayuda y es un santuario para grandes gatos: la Black Jaguar White Tiger Foundation.

Como amante declarada de los gatos de todo tipo y tamaño, empecé a hacer mi indagación: lo primero que vi acerca de ellos, fue una foto que una celebridad a la que sigo en Instagram colgó en su perfil. Cabe mencionar que dicha celebridad es de nacionalidad estadounidense, por lo que de pronto pensé que la Fundación era originalmente de allá también, y que esta persona famosa estaba visitando algo así como una filial nacional (pues, actualmente, se encuentra de gira en nuestro país).

Cuál fue mi sorpresa al investigar más y darme cuenta, con satisfacción, de que se trata de una organización orgullosamente mexicana. Su página principal está en inglés (aunque tiene la opción de español), por lo que quizá podría causar esta confusión. Pero no. Está localizada en la Ciudad de México, aunque no se sabe exactamente dónde. Supongo que no lo dicen por cuestiones de seguridad.

tumblr_inline_nbyvr8VbCq1qbq1a8

En fin, luego me enteré de que todo empezó en septiembre de 2013, cuando Eduardo, el fundador, se enteró, por un primo suyo, de la existencia de una cachorra de pantera que sería vendida al dueño de una tienda de mascotas, el cual pretendía darle tranquilizantes para usarla como atracción para que los niños se tomaran fotos y ganar dinero con ella. A él, tal situación, le pareció algo de lo más vil, por lo que decidió tomar cartas en el asunto y, finalmente, la rescató. Fue con ella, Cielo, que empezó la Fundación con ayuda de su entonces novia. Desde entonces hasta hoy, con la ayuda de otros amigos, ha mantenido su trabajo y ha rescatado a decenas de felinos de circos, zoológicos y criadores.

Piensan abrir un programa de voluntariado muy pronto, por lo que debes estar atento a su sitio web si quieres participar. Por lo pronto, está la opción de donar, por lo que también estarán más que agradecidos. Además, puedes ver todos los videos y fotos de sus adorables bebés en su cuenta de Instagram: @blackjaguarwhitetiger.

 

Un café con gato, por favor

El lugar de moda en la ciudad de México, el que ha causado furor, es tan pequeño que apenas caben ocho mesas y los postes, puentes y repisas para sus famosos inquilinos: seis gatos provenientes de un albergue, cinco de los cuales se encuentran en adopción (por cierto, ya todos tienen una larga lista de espera de posibles adoptantes en tan sólo una semana que lleva abierto). Es el Cat Café, o café de gatos, de La Gatería, donde los comensales conviven con mininos.

Ir a este flamante local en la colonia Roma supone toda una aventura, pues hay que armarse de paciencia para poder entrar: normalmente, un fin de semana, uno espera entre una y dos horas por una mesa, afuera o dentro de la pequeña tienda que sirve como antesala; la antecesora del café es una boutique para gatos que hace las delicias de todo cat lover.

Captura de pantalla 2015-06-10 a las 12.46.10Yo misma decidí aventurarme el pasado fin de semana, el primero del mes de junio, y probar mi suerte. La cual, finalmente, no fue tanta, pues tuve que esperar unas dos horas para poder sentarme menos de una y disfrutar de la nueva experiencia. En realidad vale la pena si uno adora a los bigotones, pues se está muy bien ahí, entre gatitos dormidos, música clásica y el menú, que es una delicia vegetariana (pedí una infusión de catnip con miel de agave, la especialidad de la casa, y un pan con caprese y pesto). Me daban ganas de sacar mi libro y ponerme a leer (no lo hice porque iba acompañada y mi compañía tenía prisa). Algún día tendré que regresar, un día que no haya tanta afluencia de gente y/o más temprano.

Cuando estaba a punto de entrar, casi al filo de las 4 de la tarde, a la gente que llegaba le decían que la lista de espera era larga, que mejor volvieran otro día. Supongo que mi suerte no fue del todo mala. Además, mientras esperaba, me entretuve viendo las cosas de la tienda y hasta le compré un regalo a mi adorada gata.

Lo único que espero es que se vayan organizando poco a poco, que quizás incluso lleguen a ampliar el lugar o a abrir otra sucursal y, sobre todas las cosas, que la gente aprenda a convivir en armonía con los gatos, a respetarlos y estar conscientes de que no son un juguete con el que se puede jugar a su antojo, sino seres vivos que se acercarán y se acurrucarán con uno si ellos tienen ganas de hacerlo. Finalmente es perfecto estar ahí, en toda tranquilidad, mientras escuchas música suave, lees o platicas con alguien y disfrutas de tu tecito o cafecito, rodeado de mininos echando la siesta o meditando.

11391763_10153348420970903_3754197230712630230_n10155103_10153348421045903_6756492070507431851_n

  

El Video Viral de la Semana: Simon’sCat o Cómo tus Mascotas Pueden Hacerte Millonario

SimonTofield es un animador de videos británico. Es amante de la naturaleza y de los animales, en especial, de los gatos. Simon tiene cuatro felinos —Jess, Maisy, Teddy y Hugh— que, de hecho, lo inspiraron para crear su más grande proyecto: Simon’scat, una serie de videos que tienen como protagonistas a un travieso gatito y a su dueño, que se hicieron virales a una velocidad asombrosa.

El comienzo

Todo empezó en marzo de 2008, cuando el primer video de la serie, “CatMan Do”, salió a la luz en YouTube. Es un video de menos de dos minutos en el que se puede observar a un gato tratando de despertar a su dueño para que lo alimente. En principio, esta premisa no suena nada sorprendente ni original, pero en realidad, el resultado final es genial. Tofield parece basarse en el principio de que menos es más y no hace uso del color ni del diálogo —hasta ahora no lo ha hecho— para ninguna de sus animaciones. Los dibujos son trazos simples y limpios, nada de exageraciones ni ornamentaciones o líneas complicadas y excesivas. Hasta la fecha, “CatMan Do” ha acumulado más de 52 millones de vistas.

“Detrás de cámaras”

La animación en un video de Simon’sCat tarda entre seis y siete semanas en producirse, más otra para añadir el sonido; los tiempos varían dependiendo de la duración de cada video. Tofield, además de dirigir la animación, que se hace cuadro por cuadro en una tableta gráfica, y luego con Adobe Flash,1 hace los ruidos del gato y de otros animales (excepto el del petirrojo, que es real). Shrooty, un artista de sonido, con quien Tofield trabajó en el pasado en el estudio Tandem, ha colaborado con él desde el primer episodio para hacer el resto de los ruidos y su ensamble. Hoy en día, se han sumado otros colaboradores que forman un pequeño equipo de menos de diez personas. Esto resulta curioso ahora, puesto que el proyecto inició como un hobbie; algo que Tofield comenzó aparte del trabajo freelance que hacía entonces, sus pininos con Adobe Flash. Ni él se imaginaba el éxito que le esperaba.

 Siempre más

Actualmente, el proyecto Simon’sCat cuenta con 41 videos, ocho libros (entre ediciones normales, compilaciones y minilibros), la tira cómica que sale semanalmente en el DailyMirror, dos appspara iPhone y productos varios (playeras, muñecos, tazas, libretas, etcétera). Todo esto se puede encontrar en su página oficial. Asimismo, ha acumulado varios premios de animación, entre los que se encuentran los British AnimationAwards, por Mejor Comedia, y el Premio Especial del Jurado del Bradford Animation Festival, ambos en 2008. Además, este mismo año, 2014, convocaron al público a su crowfunding para sacar un “largometraje”, o sea, un video más largo y a todo color. Al parecer, fue todo un éxito y el próximo año podremos disfrutarlo. Por lo pronto, te dejamos el último capítulo de la serie, un especial de Navidad, “Catnip”:

  1.  Se usan entre 12 y 25 dibujos para producir un segundo de video.