Cupido-Eros y sus flechas de amor

¿Te ha pasado que cuando estás a lado de esa persona especial que “te mueve el tapete” el corazón se te acelera, sonríes más de lo normal, te llenas de una intensa energía y pareciera que los días fueran más dulces? Bienvenido al enamoramiento, ¡has sido flechado por el mismísimo Cupido!

Y ojo, no estamos hablando del amor, porque eso ya es otra historia, pero el día de hoy te compartiremos el mito de ese niño alado que flecha a las parejas a su antojo.

¿De dónde salió Cupido?

La historia de Cupido tiene miles de años en el mundo, pero hay diversos mitos respecto a su origen, algunos de los más conocidos son:

  • Según los griegos, Cupido es en realidad Eros, dios del amor y del deseo sexual y es hijo de Afrodita (diosa de la belleza y el amor) y Ares (dios de la guerra). Ahora entendemos de donde viene su intensidad.
  • En la mitología romana, se aseguraba que Cupido era hijo de Venus (la Afrodita de los griegos) y de Marte (o sea, Ares).
  • De acuerdo con Virgilio, Cicerón o Séneca, fue concebido por una mezcla de amor, noche y sombras realizada por Júpiter (principal dios de los romanos). Según esta versión, Cupido reflejaba el deseo, las pasiones, los caprichos e incluso las violencias que podemos desbordar los seres humanos.

A pesar de los diferentes mitos respecto a su nacimiento, todos coinciden en que Eros llevaba dentro de sí una mezcla de belleza y violencia, lo carnal y lo material, la riqueza y la pobreza. Además, se dejaba arrasar por sus pasiones y emociones, olvidándose muchas veces de la razón.

Cupido y sus flechas. Tomada de Tenor.
Atravesando corazones

La historia de Cupido supera hasta a los mejores cuentos de Disney. Se dice que le gustaba pasear por el bosque, en donde un día encontró ramas de madera de un fresno recién caído y con ellas hizo su propio arco y flechas. Todo comenzó como un juego, pero poco a poco fue perfeccionando sus disparos hasta volverse un experto.

Tiempo después, su madre se dio cuenta de su gran habilidad con los tiros y le regaló un arco de oro y flechas con puntas diferentes: unas con punta de oro y plumas de paloma y otras con punta de plomo y plumas de búho. Junto con ese regalo, le dio una tarea que él aceptó gustoso: se encargaría de disparar esas flechas directo al corazón de los seres humanos, las de oro serían para unir a aquellas personas que merecieran estar juntas en pareja y las de plomo provocarían olvido e ingratitud en los corazones de quienes lo necesitaran. Aquellas flechas eran tan poderosas que incluso hacían efecto en los dioses más fuertes.

Cupido también se enamoró

En este mito no pudo faltar algo muy común en las historias intensas: los celos y la envidia. De acuerdo con el mito griego, Afrodita, mamá de Cupido, envidiaba la belleza de Psique —una princesa que vivía en el mundo de los mortales— y por eso, mandó a su hijo a la Tierra con la misión de hacerla enamorarse del hombre más feo, hostil y despreciable del mundo.

Eros iba a cumplir el deseo de su madre, pero al mirar a la princesa se enamoró profundamente de ella y tiró al mar la flecha que iba destinada a Psique. En ese instante, Cupido dejó de ser solo un niño para transformarse en un joven. Tomó a Psique entre sus brazos y se la llevó a su palacio para vivir con ella, la princesa aceptó porque días atrás el oráculo ya le había predicho ese destino. Él le puso como única condición que nunca lo mirara directamente al rostro, porque una mortal no podía ver a un dios.

Eros: el eterno insatisfecho. Tomada de: VEIN Magazine.
La tentación que venció a Psique

La pareja vivió feliz por un tiempo, pero llegó el día en que Psique ya no pudo aguantar la curiosidad de conocer el rostro de su amado y rompió la promesa que había hecho. Cupido se sintió traicionado y la abandonó, no sin antes decirle: “el amor no puede vivir sin confianza”.

Para recuperar el amor de Eros, Psique acudió a su suegra Afrodita, quien le encomendó cuatro difíciles retos, uno de ellos consistía en bajar al inframundo y guardar en un cofre un poco de la belleza de la diosa Perséfone para dársela a ella. Psique no pudo evitar la tentación y de regreso del viaje abrió el cofre para volverse más bella, esa terrible decisión la hizo caer en un sueño profundo parecido a la muerte.

Pero este no fue su fin, porque Cupido la seguía en secreto y quedó enternecido al ver todo lo que ella había luchado por recuperarlo, la despertó de su sueño y pidió a Júpiter que la convirtiera en una diosa para poder casarse con ella sin temor. Al final el dios aceptó y tiempo después, de la unión entre la pareja nació Hedoné (la encarnación del placer, la sensualidad y el deleite).

Ahora que conoces más sobre Cupido, ya puedes echarle la culpa por su mala puntería o agradecerle por haber flechado tu corazón en el momento indicado.

Días sin ti: la importancia de resignificar los adioses

Cuando conocí la poesía de Elvira Sastre quedé atrapada en la manera en que plasmaba en versos la mezcla de emociones que desata un vínculo amoroso y la melancolía que deja tras de sí la pérdida de un ser amado, junto con todas las sensaciones que se experimentan a lo largo de un duelo. Leer Días sin ti (2019) —la primera novela de esta autora— fue igual de placentero, porque además de que su trama atrapa, la prosa poética en que es narrada envuelve hasta al lector más exigente.

Cruce de historias: dos amores frustrados

En Días sin ti se narran dos historias a la vez, la de una abuela y su nieto. Por un lado, se cuenta la vida de Gael, un joven escultor con una sensibilidad especial, quien al esculpir la figura de una enigmática modelo (Marta) y tras conversar con ella termina enamorándose y viviendo una relación amorosa que lo llevará a aprender más de sí mismo, de lo efímero de los momentos y de la importancia de soltar.

Tomada de Pinterest.

Por otra parte, la novela muestra fragmentos de las cartas que la abuela Dora le escribió a Gael, en ellas cuenta sus vivencias al lado de su marido y su hijo. Narra que la relación con el abuelo estuvo llena de amor, ternura, comprensión y un estrecho compañerismo. Pero esa unión feliz terminó con la Guerra Civil Española porque ahí le arrebataron la vida a su marido, dejando a Dora devastada; sin embargo, a pesar de las heridas gradualmente pudo resignificar su muerte.

“Tu abuelo me hizo sentir tanto que su hueco, esa parte de mí que le di y que le pertenece, sigue lleno. (…) Te voy a decir una cosa, cariño, que he terminado por comprender: solo la vida puede acabar con el amor. La muerte, nunca.”

¿Esculpimos al otro a nuestro antojo?

Uno de los puntos que constituye la trama de la vida de Gael es la metáfora de esculpir/construir a una persona; el protagonista va formando desde su perspectiva una Marta hecha en parte desde su mirada, desde sus propios anhelos e historia de vida.

Las versiones de la estatua de Marta van cambiando al igual que sus sentimientos por ella. Así, vamos descubriendo los cambios que aparecen ante los ojos de Gael, desde el momento en que se encuentra bajo los efectos del enamoramiento y solo ve sus cualidades, hasta tiempo después de la ruptura, cuando ocurre una metamorfosis en la manera en que la percibe.

“Si hay algo peor que olvidar a quien amas es amar a alguien que ya no existe. (…) Ahora Marta era otra, ni mejor ni peor, sino diferente, tal vez porque yo ya no la miraba igual y veía en ella cosas desconocidas hasta entonces.”

Tomada de WiffleGif.

A lo largo de la historia de Gael y Marta, Sastre nos sumerge en un trayecto que va desde la ternura y pasión del inicio de un vínculo amoroso —sin caer en el típico cuento de hadas con final feliz— hasta llegar a un camino que todos en algún momento hemos transitado: las dolorosas pero necesarias despedidas. Nos lleva a reflexionar sobre lo sublime pero efímero que es todo en la vida y en lo necesarios que son los cambios para nuestro crecimiento personal.

Busca el latido

Las cartas de Dora están llenas de aprendizajes que quieres marcar con post-its para reflexionarlos a profundidad más tarde. En ellas, además de plasmar su pasión por su profesión como maestra y la importancia de ir tras aquello que nos mueva las fibras más profundas, sin saberlo, también deja a su nieto las claves para sobrellevar el truncamiento de un amor.

“Busca el latido. Esa frase que tanto me repetía mi abuela quedaría para siempre grabada en todas y cada una de mis decisiones.”

El entrecruce y la similitud entre las experiencias de Gael y Dora son esa mezcla cómplice que hace que las páginas de Días sin ti sean un remanso de comprensión y aprendizaje para quienes se encuentran atravesando la pérdida de un ser querido —no necesariamente una pareja— o deseen reflexionar más acerca de los duelos. Y es que este libro no solo nos enseña las heridas abiertas de los adioses, sino también el camino a la sanación después de estas, la importancia de resignificarlas y recuperarse a uno mismo.

Físico vs digital: de dos a tres caídas, sin límite de tiempo

“Comics are like boobs… they look good on a computer, but I’d rather hold one in my hand.” – Stan Lee.

Creo que todos podemos coincidir con el pensar del difunto autor; nada se compara con la sensación de tener algo en las manos y manipularlo a placer. La textura del papel, el peso de un libro de pasta dura, el aroma de una novela gráfica recién desempacada, el clic que hace un disco al salir de su caja plástica. 

Solo por esas razones, los medios físicos deberían ser preservados por siempre, celebrados y comercializados hasta el final de los tiempos. Si no por su fidelidad y confiabilidad, por el simple hecho de que juegan con cada uno de nuestros sentidos y no se apegan a las limitantes de su propio medio; un libro impreso no es solo un ejercicio visual, pues involucra también el oído con el pasar de las hojas, el tacto con la suavidad –o aspereza– del papel. 

El placer de sentir los libros.
Be kind, rewind

Con los anuncios recientes de que Nintendo cerrará las tiendas digitales (eShop) para sus consolas WiiU y 3DS (con Sony planeando hacer lo mismo con PS3 y Vita), o que Disney dejará de producir Blu-rays 4K para la mayoría de sus nuevos lanzamientos –optando en su lugar por estrenos directos en Disney+– vale la pena discutir la importancia de los productos físicos, no solo como una forma más nostálgica y antaña de recordar nuestras películas, series, libros o álbumes favoritos, sino también como un método de preservación histórica de obras multimedia que parecieran no tener cabida en un mundo más preocupado por el volumen y la inmediatez del contenido, que por su calidad, relevancia o permanencia. 

Lo digital es inmediato, pero efímero; las tiendas en línea cierran, las plataformas son dadas de baja, los archivos son eliminados o hackeados y todo ese dinero “invertido” desaparece de la faz de la Tierra. Sin mencionar que, en modalidades de streaming, el usuario ni siquiera es dueño del producto, sino que paga una renta por acceder a contenido vulnerable a ser “bajado” o removido sin previo aviso.

¿Adiós a los blue ray?
Cuestión de gustos

Claro, es muy cómodo y práctico tener acceso a millones de canciones en “la nube” con un pequeño “tap”, y lo mismo poder disfrutar de temporadas completas de una serie de TV sin despegarnos del sillón. No obstante, un VHS no requiere de conexión a Internet, ni actualizaciones de sistema. Mientras la cinta funcione y el reproductor no se desintegre por el polvo y el óxido, podremos seguir viendo esa desgastada copia de Pie Pequeño grabada de la televisión 30 años atrás.

Pero, al final del día, todo recae en el gusto personal. Hay aquellos que preferimos tener paredes y libreros atiborradas de libros y álbumes; quienes apreciamos el ritual de colocar un vinilo en un tocadiscos para escuchar ese craqueleo tan acogedor que ninguna plataforma, ni Deezer Premium, con todo y su música en formato FLAC, puede ofrecer. 

La magia del tocadiscos.

Para otros, la manera perfecta de disfrutar una serie de TV o una playlist para hacer de cenar es simplemente presionar un botón; tener acceso a millones de horas de contenido ilimitado e inmediato sin las complicaciones de aparatos, cables, cartuchos y cassettes. Sin mencionar los costos involucrados.

La era del re-re-re-re-re-release

El futuro, sí, quizás sea digital. No obstante, sería un ultraje considerar a la nube como único método de distribución y consumo de obras multimedia, especialmente cuando aquellos que controlan los derechos también controlan la distribución y disponibilidad de las mismas. Sería terrible imaginar un futuro donde no seamos dueños de nada, sino que solo paguemos por el privilegio de “rentar” una canción o juego o cinta, y en el momento en que la productora o publisher decida que algo ya no es popular o redituable, lo erradique por completo de la memoria colectiva. 

Los medios físicos son importantes por esa razón, para conservar y preservar piezas artísticas, especialmente ahora, en un mundo donde todo aquello que existe en la red es susceptible a ser modificado, actualizado, reemplazado, editado o censurado, sin consideración alguna por los fanáticos ni apego por las obras. Imaginen dar rienda suelta a George Lucas para editar, modificar y “mejorar” una y otra y otra vez The Empire Strikes Back. Imaginen entrar a Disney+ y encontrar, cada semana, una nueva versión de Avengers: Endgame, alterada cada que exista un problema contractual con uno de los actores o la licencia de una canción expiró o una palabra en el guion resulta, ahora, ser ofensiva. 

La esencia del CD.

La experiencia de los formatos físicos es incomparable, pero su verdadera importancia yace en su habilidad de mantener intacta la esencia de la obra original. Y aunque se lancen versiones remasterizadas, remakes y reediciones, esa versión física que escondemos en el clóset será por siempre inalterable y ajena completamente a la intromisión de ejecutivos avaros o directores hiperactivos. 

Sobre las posibilidades de relajarse

Como que en nuestra sociedad, relajarse no es opción. A pesar de las continuas recomendaciones para bajarle al estrés y llevar un estilo de vida más equilibrado y placentero, en especial para quienes vivimos en ciudades, andar con prisas y nerviosismo parece un imperativo social. 

Sin embargo, quizá es posible navegar en las olas de ocupaciones cotidianas si aprendemos a tomarnos las cosas con calma y buscamos pequeños remansos de paz en actividades sencillas que únicamente requieren un poco de nuestro tiempo.

Respirar, solo respirar

Hace muchos años tomé un taller de respiración. Parece inútil ya que respirar es una función inherente a los seres vivos, sin embargo, es uno de los aprendizajes más útiles que he tenido.

Una buena respiración diafragmática te permite apoyar y modular el volumen de tu voz, esto te sirve para que todos te oigan cuando actúas en una obra de teatro o cuando presentas un nuevo proyecto en el trabajo (o cuando platicas con esa tía abuela que ya no anda tan bien del oído).

Un respiro. Tomada de Ecoosfera.

La respiración profunda te ayuda a relajarte antes de dormir y a calmar algunos dolores, te prepara para actividades estresantes y ahuyenta la ira y la ansiedad. Respirar es un arte que cualquiera puede aprender, incluso puedes encontrar aplicaciones gratuitas que te ayudan a manejar tu respiración (yo usaba una cuando viajaba en metro y vaya que funciona para empezar o terminar en calma la jornada laboral).

Leer… y escribir

Definitivamente, leer algún autor o tema que te apasione te aleja un poco de la dura realidad y te lleva a un oasis donde están solos lo que pasa en el libro y tú. No se trata de ser más sabio, mejorar la ortografía o aprender, sino de gozar de un rato en tranquilidad sin pretensiones.

Leer y conocer otros mundos.

Por otro lado, cuando tu mente esté confusa, sientas tristeza o enojo, “arrojar” tus emociones sobre una hoja de papel puede ser catártico. No te preocupes si al principio tu letra es incomprensible y tus oraciones caóticas. Mientras escribas notarás que las últimas oraciones son más entendibles que las primeras, pero sobre todo, que tu mente se despeja y descansa de los pensamientos que la nublan.

Acercarse a lo natural

Tengo la suerte de tener un parque cerca. En una época en que mi vida iba muy mal, le ponía la correa a mi mascota y me la llevaba a pasear al parque. Solo caminar entre los árboles y respirar cerca de sus troncos, de sus hojas y retoños te brinda calma, la sensación de que todo se va a arreglar.

Abraza a tu mascota, siente su amor y libera oxitocina para que tu cuerpo se alivie del estrés.

La magia de la naturaleza.
Tener un pasatiempo

Cada persona tiene un pasatiempo que lo distrae de las preocupaciones cotidianas, desde tejer o tocar un instrumento musical hasta resolver sudokus o armar rompecabezas. Recuerdo que tenía una compañera en la secundaria que se relajaba resolviendo los problemas del Álgebra de Baldor… Basta con que encuentres TU pasatiempo y lo practiques de vez en cuando.

Tómate un tecito

Cuando te sientes inquieto deja el café a un lado y tómate un té. Los estudios afirman que el té o las infusiones de ciertas plantas aportan innumerables beneficios a la salud, entre los que destaca la relajación. Opta por uno verde, de valeriana o de limón, o por una de esas mezclas que venden en las tiendas de autoservicio. 

Sabor de hogar. Tomada de Tenor.
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Hacer ejercicio, mascar chicle, aspirar un aroma delicioso, practicar yoga, encontrarte con amigos, reír a carcajadas, resolver los pendientes, meditar, escuchar música… Hay muchas maneras simples de relajarte, solo es cuestión de que encuentres las que vayan mejor con tu personalidad y las apliques cuando las necesites. Y si sientes que el estrés, la ansiedad o la tristeza te superan, consultar a un especialista te puede ayudar a encontrar la solución para tener el bienestar que buscas. 

 

Lenguaje inclusivo: ¿una lucha por la visibilidad?

Si eres fan de las redes sociales, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos tiempos han aparecido con más frecuencia palabras como: todes, nosotrxs, ellxs, etc. Se trata del llamado “lenguaje inclusivo”, una práctica que cada día consigue más seguidores —sobre todo entre los grupos feministas y LGBT+—, pero ¿cuáles son los orígenes de este lenguaje?

Orígenes

Aunque pareciera que es algo actual, sus inicios se remontan a los años setenta del siglo XX, cuando el feminismo se planteó por primera vez que en la lengua castellana se daba poca importancia al género femenino, mientras que la mayoría de las referencias estaban dirigidas a lo masculino. Esto sigue ocurriendo hoy en día, seguramente has acudido a una junta de “padres” de familia en donde la mayoría son “mamás” o conocido asociaciones de “jueces” integradas en mayor medida por mujeres.

Delia Suardíaz fue la primera en estudiar esta problemática en su tesis de maestría: Sexism in the spanish language (1973), donde descubrió que el lenguaje incluso degrada a las mujeres y expuso la necesidad de un cambio lingüístico. Para muestra de ello, basta revisar las ediciones anteriores a la 23ª del Diccionario de la Lengua Española (2014), en las que todavía se asociaban las palabras “débil” y “endeble” a lo femenino.

¿Débil? (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

Así que, hasta la fecha, algunos grupos de personas siguen inconformes con la forma en que la Academia se dirige o representa al género en sus definiciones y buscan una nueva manera de expresar su discurso e identidad.

¿Diversxs?

Aunque en un inicio el lenguaje inclusivo buscaba únicamente la visibilidad de las mujeres, ahora se ha extendido a las personas de la diversidad sexual y a los aliados de esta. Aquí, nombrar dos sexos no basta; de acuerdo con las ideas de la crítica queer, es imposible reducir a dos categorías la multiplicidad del género que podemos habitar o con el que nos podemos identificar.

De modo que el uso de la “x” y la “e” surgen como una nueva manera de inclusión para las personas diversas. Más allá de ser formas neutras del lenguaje, se trata de mostrar la indecibilidad del género.

Diversidad. (Tomada de: Anuario de Glotopolítica).

A diferencia de la “x”, la “e” no solo se puede utilizar en la escritura, sino también en la oralidad. Se volvió popular a partir del 2018, en un debate político que buscaba la despenalización del aborto en Argentina, donde su uso fue autorizado para tareas y trabajos de algunos colegios, así como en los juzgados.

En varios países de habla hispana aún existe un debate sobre la aceptación o rechazo del lenguaje inclusivo entre grupos impulsores de este y miembros de las instituciones de la lengua española. A pesar de que ambos tienen argumentos interesantes, lo cierto es que dicha búsqueda de aceptación del lenguaje inclusivo habla de un cambio de ideas en la sociedad y de una lucha de mujeres, personas de la comunidad LGBT+ y aliados, por una visibilidad e inclusión.

Así escriben los que escriben

Solemos pensar que, como la literatura es una expresión artística, el escritor se sienta a esperar a las musas y se pone a escribir cuando “la inspiración le llega”. Esto no pasa. O sí, pero en contados casos. 

Para los hombres y mujeres que viven del oficio literario, escribir viene acompañado de horarios, rutinas, sudores, supersticiones, manías e inseguridades y la anhelada inspiración los alcanza trabajando. Aquí algunas costumbres de reconocidos escritores: 

Más temprano que tarde

Levantarse temprano es más una regla que una excepción y lo que hacen la mayoría de los autores más premiados: Carlos Fuentes e Isaac Asimov empezaban todos los días a las seis, Ernest Hemingway y Susan Sontag al amanecer, Haruki Murakami y Silvia Plath a las cuatro de la mañana, Kurt Vonnegut a las cinco y media, William Gibson y Goethe a las siete, como parte de una larga lista.

Inspiración. (Tomada de Gif Animados)

Casos contrarios: Simone de Beauvoir se levantaba de malas y comenzaba a escribir hasta las diez. Roberto Bolaño, Honoré de Balzac y Charles Bukowski eran noctámbulos. Por último, Juan Carlos Onetti, quien solo trabajaba cuando las musas lo abordaban, pasó largos periodos de su vida acostado y leyendo  novelas policiacas.

Andando y creando

No son pocos los escritores que dan largas caminatas. Puede que sea por gusto, pero estudios científicos revelan que caminar aumenta la producción creativa. Así que tal vez por eso Charles Dickens, Virginia Woolf, obert Louis Stevenson y otros autores caminantes escribieron tantas páginas durante sus carreras literarias. Y ni qué decir de Murakami, que condimenta su mínimo de seis horas diarias escribiendo como poseso con largas carreras.

Caminata. (Tomada de Pinterest).
Maniáticos

¿Cuál manía será más extraña? Gabriel García Márquez no podía concentrarse si no había en su escritorio un jarrón con una rosa amarilla. George Bernard Shaw se construyó una cabaña sobre un mecanismo giratorio para que el sol pudiera iluminar su ventana todo el transcurso del día. Victor Hugo escribió un par de novelas… desnudo, para no caer en la tentación de salir a la calle. Otro romántico, Friedrich Schiller, se inspiraba con aroma a manzana podrida. Había quienes exigían silencio absoluto y cero interrupciones para “dejar salir el genio”, como Juan Ramón Jiménez y Roald Dahl. 

Pero quizá T.S. Eliot les ganó a todos al ponerse maquillaje ¡verde!, según él para mostrar un semblante cadavérico y demostrar que podía ser un escritor audaz y rebelde.

Gabriel García Márquez . (Tomada de LeerMx)
Supersticiosos

Se dice que Jack Kerouac todos los días antes de empezar a escribir, se ponía de rodillas y rezaba. Scott Fitzgerald —más que nada para justificar su alcoholismo— redactaba de noche bebiendo champaña. Ana María Matute jamás escribía de espaldas a una puerta. Hemingway no trabajaba sin tener a mano un amuleto, y es cierto que escribía de pie, pero no por supersticioso, sino para aliviar el dolor de una vieja herida en la pierna.

Revisar, revisar, revisar

Siguiendo con Hemingway, era un maniático de las revisiones y releía y corregía sus obras más de treinta veces. Patricia Highsmith consideraba las correcciones más importantes que la escritura en sí, y dedicaba las tardes a revisar y reescribir el trabajo de las mañanas. Simone de Beauvoir también pasaba unas horas al día solo revisando y corrigiendo. Murakami es tan obseso de las revisiones como de correr. Y así muchos otros.

Correcciones. (Tomada de Tenor).

Sean cuales sean los hábitos y las manías, lo más importante es no parar, sobre todo si se está en pleno desarrollo de una obra, o como lo hacía Ray Bradbury, que escribía a diario sin falta, sin importar el sitio o las condiciones de trabajo. Para él, eso significaba hacer lo que más amaba desde que el mago de una feria lo señaló con una espada de fuego y le dijo, “vive por siempre”:

“Descubrí que tal vez podía vivir por siempre si me convertía en escritor. Así que he estado escribiendo cada día desde esa vez en Tucson, Arizona. En los últimos 75 años nunca he dejado de escribir.”

La llegada de los seres infernales

Andrés despertó angustiado, entre escalofríos, como si las sombras con las que acababa de soñar lo persiguieran, afuera una rama repiqueteaba en su ventana y de pronto parecía como si a los árboles les hubieran crecido garras; pero no era así, ¡otra vez había sido esa maldita pesadilla que lo acechaba en las últimas noches y que lo dejaba sin ganas de seguir durmiendo!

Prefirió salir de la cama, vestirse y dar una vuelta por la bahía, anhelaba respirar el aire fresco sin importar que fueran más de las tres de la mañana. Las calles estaban desiertas y solo se escuchaba el murmullo del mar.

Caminó aún adormilado hasta llegar a la playa; a lo lejos, bajo unas rocas, le pareció distinguir la entrada a una cueva, estaba sorprendido pues no recordaba haberla visto antes. La curiosidad le ganó y sin pensarlo dos veces entró en aquel lugar, alumbrando el camino con la lámpara de su celular.

Después de dar algunos pasos, escuchó en su oído una voz de ultratumba que le susurró: “¡retrocede!… aún estás a tiempo”. El chico se quedó impávido, la piel se le erizó por un instante, volteó, pero no había nadie. Pensó que ver tantas películas de terror le estaba afectando, seguramente todo era producto de su imaginación, así que continuó su camino.

Al adentrarse todavía más en la cueva, lo deslumbró una luz que salía del piso con mucha fuerza, por algún extraño motivo su corazón comenzó a latir con violencia, sentía que estaba a punto de descubrir un gran secreto o que se acercaba a algo que era parte de su vida…

Cuando por fin pudo asomarse al sitio de donde provenía la luz, Andrés encontró un piso transparente de varios metros de largo, abajo se veía claramente todo lo que ocurría dentro de una casa, al mismo tiempo se escucharon murmullos y risas burlonas que no parecían de este mundo. Pero no fue eso lo que lo aterró por completo, sino la escena que miró detalladamente: se vio a sí mismo dormido en su casa, mientras alrededor de su cama unos seres oscuros, con rostros de cabra y ojos rojos, absorbían su alma deleitándose con ello. El otro igual a él, se retorcía en el lecho entre sudores fríos y una inmensa desesperación.

Pensó que seguramente estaba envuelto en otra de sus pesadillas, pues aquello no podía ser real, pero en ese mismo instante sintió una mano huesuda posándose en su hombro y una voz metálica le dijo: “eres afortunado… pocos pueden presenciar el momento de su muerte desde lejos y saber que, son los seres demoniacos quienes les han robado el alma y la energía para alimentarse de ellas…” El cuerpo del joven no dejaba de temblar y armándose de valor, volteó a ver al dueño de esa horrible voz, pero era mejor no haberlo hecho, porque el rostro que estaba frente a él, era el de su hermano fallecido, pero terriblemente desfigurado y con las cuencas de los ojos vacías.

Andrés soltó un quejido de horror que resonó en toda la cueva y en toda la calle de su vecindario. En ese instante cayó desplomado, los demonios festejaron su triunfo, pues un alma más se uniría al infierno para penar a su lado.

El grito de ultratumba despertó a toda la colonia, un hedor a azufre salió a raudales. Andrés yacía muerto en su lecho, soñando que descubría una cueva a la orilla del mar….

 

 

El Libro de los muertos: la última aventura

Para los antiguos egipcios, la muerte era mucho más que un fin: antes de alcanzar el Paraíso, el fallecido tenía que correr una variedad de aventuras que se pueden observar en imágenes, así como los conjuros para vencer las “adversidades post mortem”, en el ancestral Libro de los muertos. Aquí algunos datos curiosos acerca de él.

“¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!” Libro de los muertos.

El origen del misterioso libro
  • Si nos atenemos a la traducción literal, en realidad se llama Libro de la salida al día, una metáfora sobre la vida después de la muerte. Recordemos que los egipcios le rendían culto al sol y creían que al morir se unían a él en su diario recorrido del día a la noche. 
  • El título por el que lo conocemos actualmente se le debe a uno de sus traductores, el egiptólogo alemán Karl Richard Lepsius, quien lo estudió en el siglo XIX.
  • Se calcula que este conjunto de sortilegios se utilizó desde el 1650 a.C. hasta el año 60 a.C. 
  • En un principio solo los miembros de la nobleza tenían acceso a él; después su uso se extendió a los adinerados que podían darse el lujo de adquirir un ejemplar y poco a poco las demás clases sociales pudieron conseguirlo, aunque fuera en forma de copias de mala calidad. Lo importante era dejar cerca del muerto esas instrucciones para que pudiera alcanzar el Inframundo, equivalente al Paraíso de los cristianos. 

“Mi boca es abierta por Ptah,  las ataduras de mi boca son soltadas por el dios de mi ciudad.”  Libro de los muertos.

El oscuro viaje después de la muerte
  • Según los antiguos egipcios, la aventura de la muerte comienza con el ritual de la apertura de la boca, que realizaba el sacerdote durante el funeral. Consiste en “abrir” los ojos, la boca, los oídos y la nariz del difunto para que pueda iniciar su viaje al Más Allá.
  • Durante el viaje el muerto es acechado por seres terroríficos que tratan de impedir que llegue a su destino, pero gracias a los conjuros del Libro de los Muertos, puede adquirir poderes similares a los de los dioses y luchar contra estos enemigos.
  • Luego de esta lucha hay que cruzar un laberinto. El Libro de los Muertos revela cómo acceder a él por una de sus múltiples puertas.
  • Una vez cruzado el laberinto, el difunto llega a una sala donde están los dioses, que escuchan sus buenas y malas acciones en vida y le realizan un juicio pesando su corazón. Si este pesa lo mismo que la pluma de la justicia se salva; si no, se le considera impuro y recibe el castigo eterno.

“Me ha sido concedida la gran Corona Roja y salgo al día contra mi enemigo, para capturarlo, porque tengo poder sobre él.” Libro de los muertos.

La salvación
  • Para los que alcanzan la salvación comienza una nueva rutina, en un valle similar a aquel donde estuvieron en vida. Cada día se levantan con el dios sol, Ra, comen, beben y cultivan los campos para obtener sustento.
  • Los ayudan en su trabajo los ushebtis, estatuillas que los familiares depositaban en el sepulcro y que gracias a un conjuro del Libro de los muertos, cobran vida y se convierten en sus sirvientes.

Así es como los egipcios —los buenos egipcios—, después de su aventura alcanzaban una vida de trabajo reposada y sin dificultades. Hoy en día no estaría de más tener un Libro de los muertos para conjurar a los entes malignos del estrés, el desempleo y cosas peores que nos atormentan en la vida antes de la muerte.

 

La venganza de los Paketones

—¿Qué es eso?

—¿Qué?

¡Eso que se ve allá al fondo! Al costado del edificio blanco.

Ah, sí. Parece un Paketón.

¿Paketón? ¿Y eso qué es?

—Vámonos de aquí. Mientras más lejos de él mejor. Son entes virtuales que hace años nos pusieron por todas partes para que los viéramos con nuestros dispositivos electrónicos y los cazáramos.

Pero… lo estamos viendo con nuestros propios ojos y encima me dices que nos alejemos, ¿qué pasa?

Cuando estemos en un lugar seguro te cuento.

(Traslado a un lugar seguro)

—¿La vieja biblioteca donde trabajo te parece un lugar seguro?

Sí, es tan vieja que todavía tiene un archivero de fichas bibliográficas. Tú mejor que nadie sabes que al gobierno los libros no le importan y no destina presupuesto para estos edificios antiguos. Como aquí no hay ni una computadora tenemos ventaja porque los Paketones no se sienten atraídos al no detectar dispositivos tecnológicos.

Pero nosotros traemos celulares…

Sí, pero dos celulares en este edificio no emiten las suficientes ondas para atraer a los Paketones mientras los mantengamos apagados.

Está bien, te creo. Ahora sí, dime qué pasa.

“Hace unos setenta años (tú todavía no nacías) se lanzó al mercado un juego de realidad aumentada llamado Paketón Ve. Consistía en detectar paquetes-monstruo virtuales de colores que una aplicación previamente colocaba en el paisaje urbano. El jugador contaba con un arsenal para cazarlos, desde resorteras hasta balas de cañón. 

“Al principio fue toda una fiebre de cacería de Paketones, pero poco a poco pasó de moda, por lo que los creadores desarrollaron una nueva tecnología, esta vez los Paketones estaban a la vista de todos bajo la forma de hologramas, lo que produjo una nueva oleada de ‘matanzas’ de estos pobres entes.

“Entonces ocurrió la mutación. De pronto los Paketones comenzaron a ser… corpóreos. Era como si las partículas de luz emitidas por el láser atrajeran a los átomos a las imágenes holográficas de los Paketones y los cargaran de masa, con lo que pasaron de la virtualidad y se convirtieron en seres reales y al estar condicionados para ser asesinados, creyeron que ellos tenían que hacer lo mismo con nosotros y empezaron a atacar. 

“Las ondas electromagnéticas emitidas por los dispositivos electrónicos parecían darles energía y fuerza suficientes para arrojarse sobre cada ser humano que encontraban a su paso y aplastarlo. La masacre causada por los Paketones dio lugar al Gran Apagón, en el que prácticamente tuvimos que destruir el 99% de los dispositivos electrónicos para disminuir su poder y destruirlos, esta vez con armas reales.

“En menos de un año logramos eliminar a estos mutantes y como la historia es de los vencedores, para evitar una crisis económica de proporciones devastadoras se decidió borrar de los registros esta lamentable guerra y convencer a la humanidad de que los Paketones nunca habían existido. 

“Han pasado varias generaciones y ahora, a mis 94 años me doy cuenta de que los jóvenes de 50 como tú no tienen ni idea del verdadero origen del Gran Apagón, que todavía atribuyen a una crisis de energéticos debida a la catástrofe climática. Ya pocos guardamos memoria de esa guerra aberrante y absurda, de esa alteración de la realidad que nos sumió por unos meses en una pesadilla que no tuvo nada de virtual. 

“Pero esos pocos también sabemos que los Paketones no fueron erradicados por completo. Tal vez fragmentos de materia de la que se formaron flotan aún en el ambiente y de vez en cuando logran esculpir alguna de estas criaturas. Voy a encender mi celular unos minutos para notificar al Ministerio para que localicen y supriman al Paketón que acabamos de ver”.

(Estruendo a las puertas de la biblioteca)

¿Qué fue eso?

No sé.

¿Estás segura de que dos celulares no emiten las suficientes ondas para atraer al Paketón?

Creía que no pero ahora…

(La sombra es enorme, infinita. El silencio total)

Ciudad-seudónimo

Hay escritores que crean pueblos o ciudades de otros planetas. Hay autores que conciben universos o lugares imposibles dentro de la Tierra. 

Italo Calvino inventó ciudades-espejo, ciudades-deseo, ciudades-símbolo, ciudades-destino y muchas más de nombres exóticos y cualidades desafiantes en Las ciudades invisibles. J.R.R. Tolkien no solo creó pueblos, sino regiones inconmensurables atrapadas en la Tierra Media… y sus lenguajes. Y George R.R. Martin describe ciudades siempre en guerra en su serie Canción de hielo y fuego.

GRANDES CIUDADES LITERARIAS

Hay escritores que no inventan, recrean un sitio particular de nuestro mundo, un pueblo que ya existe y le dan vida nueva. A este pueblo le cambian el nombre, le extraen historias y personajes que lo cambian para siempre y lo vuelven famoso, universal, lo convierten en un pueblo mítico, literario, una zona que conocerán lectores de diversos lugares.

  • Así lo hizo William Faulkner con Lafayette, al que rebautizó con el enredado nombre de Yoknapatawpha County
  • Lo hizo también Marcel Proust cuando le puso Balbec a un lugar llamado en realidad Cabourg.
  • El Aracataca natal de Gabriel García Márquez se hizo famoso bajo el nombre de Macondo, tanto así que los mismos habitantes de este pueblo colombiano (los verdaderos, no la familia Buendía) han solicitado que se le cambie el nombre para ser oficialmente Macondo, siempre Macondo.
  • Juan Rulfo tomó el nombre de Comala, un pueblo de Colima, y lo trasplantó a un universo literario donde su Comala se parece poco al verdadero. Rulfo lo habita de fantasmas y los hace tatemarse en el calor del pueblo como si andarán sobre las brasas de una hoguera.
  • El Cuévano de Jorge Ibargüengoitia es fácil de identificar, en realidad es Guanajuato, pero el autor lo describe bajo seudónimo para ironizar la doble moral, las costumbres absurdas y la gente timorata.

Macondo, Comala y Cuévano, ciudades-seudónimo, existen, pero resultan más reales cuando son escritas por García Márquez, Rulfo e Ibargüengoitia y son reinterpretadas por cada lector a su manera.