Marvel Cinematic Universe: ¿qué tanto es demasiado?

Tras muchos años dando tumbos en el mundo del cine, con decenas de desabridas adaptaciones de distintos grados de calidad: desde cuestionable (X-Men) hasta deplorable (Daredevil); Marvel finalmente encontró oro –así como un rumbo firme a seguir– con el estreno de Iron Man (2008). De la mano de un revitalizado Robert Downey Jr., la división multimedia de la exitosa casa de cómics revolucionó la manera de contar una historia a través del séptimo arte, así como la forma de construir una franquicia cinematográfica. 

Tomando elementos típicos del mundo de las historietas (sagas, eventos y crossovers), Kevin Feige y compañía dieron origen al Universo Cinemático Marvel (MCU), compuesto por una serie de películas, directa o indirectamente relacionadas entre sí, que poco a poco irían develando nuevas historias, personajes (y villanos), locaciones y plot points, los cuales, eventualmente, desembocarían en uno o varios conflictos de proporciones cósmicas. 

Marvel. Tomada de Giphy.
A universe is born

El desarrollo narrativo de las primeras tres fases del MCU (lo que hoy se conoce como “Infinity Saga”) se fue hilando de manera progresiva y coherente; cada nuevo estreno aumentaba las apuestas; cada cinta se sentía como la progresión natural de la anterior, no solo en el transcurso de la historia y la línea del tiempo, sino también en la evolución de cada personaje, cuyos números también se incrementaban exponencialmente con cada entrega. 

No obstante, el final de la guerra por las Gemas del Infinito trajo consigo un periodo de confusión, dentro y fuera de la ficción. Sin sus dos grandes líderes (Tony Stark y Steve Rogers), los Vengadores se han desperdigado por la galaxia en búsqueda de nuevas aventuras y un propósito en la vida; al mismo tiempo, sin un plan sólido ni un rumbo aparente, Marvel se enfocó en producir cantidades colosales de contenido (gracias, Disney+) que han terminado por impactar (de forma negativa) el misticismo, importancia y relevancia del MCU.

Gemas del Infinito. Tomada de Goodreads.

A pesar del reciente anuncio de que la ruta hacia la fase 6 es clara, el camino luce arduo y rocoso, lleno de baches (Eternals) y posibles señales de advertencia (Echo, Fantastic Four), todo solo por llegar a un destino que luce, francamente, decepcionante.

Multiverse saga

Durante la Comic-Con 2022, Feige aseveró que la actual trilogía de fases (4-6) será conocida como “Multiverse Saga”, concepto que se ha peloteado recientemente en diferentes proyectos como Spider-Man: No Way Home y Loki, pero con poco más que una vaga conexión y sin verdaderas consecuencias. A eso, hay que sumar otros estrenos como Moon Knight y Shang-Chi que, independientemente de sus méritos propios –o falta de ellos– poco han hecho por avanzar la trama “global” y justificar su propósito dentro de este cada vez más poblado y heterogéneo universo.

Y no es que cada cinta o show deba estar intrínsicamente ligado a lo que sucede en otro, ni colmarse de referencias de easter eggs hasta el cansancio. Previamente, Black Panther y Ant-Man demostraron que es posible construir una historia aislada del resto, pero que gracias a su estilo, formato y personajes se sienta como ese peldaño indispensable dentro del panorama general. Como un capítulo de relleno en Dragon Ball, donde, aunque no suceda nada emocionante, al menos se aprende algo de los personajes, su pasado o sus motivaciones.

Películas y series que se estrenaron en la Comic-Con 2022. Tomada de: Mundiario.
“WHAT IF…?” MORE LIKE “WHAT ELSE…?”

Sin embargo, la nueva ola de lanzamientos –donde evidentemente se ha priorizado la cantidad sobre la calidad; hay que justificar el precio del streaming, después de todo– no llevan a ningún lado ni mueven la trama ni conmueven al espectador. Es la perfecta representación de “aventar un montón de cosas a la pared, a ver qué se pega”. 

Llámenlo fatiga, sobresaturación o simple hartazgo, pero el MCU (al igual que Star Wars; Disney ataca de nuevo) ha dejado de impactar e innovar. Antes, cada estreno se sentía como un auténtico evento, como la llegada del otoño o el anuncio de que ya hay pan de muerto en las panaderías. Hoy, con un show o película estrenándose prácticamente cada mes, el MCU se ha convertido en una fila interminable de contenido producido en masa, no muy distinto a las novelas del 9.

Conlangs: idiomas artificiales

Cuando éramos niños, muchos de nosotros hablamos el “idioma de la efe” con nuestros amigos, hermanos o primos, era un idioma “secreto” que solo los más pequeños entendíamos (o al menos eso creíamos). Para usarlo bastaba con dividir una palabra en sílabas e intercalar sílabas en efe: “hola”, se decía “hofolafa”. Sin darnos cuenta usamos una lengua artificial o conlang construido años atrás con el único fin de divertirnos.

El término conlang —dado por el lingüista Otto Jespersen— tiene su origen en las palabras en inglés constructed language y se refiere a los lenguajes que una persona o un grupo crea conscientemente, basándose en la gramática y vocabulario de uno o varios lenguajes que ya existen. Es decir, surge de manera artificial en lugar de evolucionar naturalmente.

Algunas lenguas artificiales son hechas por lingüistas que buscan instaurar una lengua universal que sea sencilla de utilizar para todos, mientras que otros idiomas artificiales son inventados con fines artísticos: para dar a los personajes de una novela, cuento, serie o película un propio idioma.

Descifrando signos. Tomada de C. J. Eguren.
De la fantasía a la realidad

Uno de los creadores más famosos de conlangs fue J. R. R. Tolkien, quien creó múltiples idiomas para llevarlos a sus historias. Una de ellas fue El señor de los anillos (1954-1955), en donde las criaturas de la Tierra Media hablan diversas lenguas, como las élficas quenya y sindarin, que en la vida real están basadas en los alfabetos tengwar y rúnico.

Otras obras literarias —que se llevaron a la pantalla grande— en las que podemos leer/escuchar idiomas artificiales, han sido:

  • 1984 (1949) de George Orwell, en donde el autor introduce la neolengua para mostrar cuán totalitario es el estado de Oceanía.
  • La Naranja Mecánica (1962) de Anthony Burgess está escrita en inglés y nadsat, la lengua vernácula preferida por los adolescentes de la novela.
  • La saga de Harry Potter (1997-2007), en donde algunas criaturas mágicas, Voldemort y el protagonista hablan por momentos en pársel, la “lengua de las víboras” inventada por su autora J. K. Rowling.
Harry Potter hablando pársel. Tomada de Tenor.

Estas son algunas de las más conocidas, pero varios escritores han optado por inventar conlangs para darles mayor originalidad a los mundos y a los personajes únicos que nos presentan.

 Esperanto: un lenguaje para todos

¿Te imaginas que todos habláramos un mismo idioma en todo el planeta?, sin duda sería más sencillo comunicar nuestras ideas y emociones con las personas de otros países.

Este era el sueño de Ludwik Lejzer Zamenhof, un doctor polaco que inventó el esperanto —a finales de la década de 1800— con la finalidad de facilitar las conversaciones entre los individuos de cada rincón del mundo y con ello crear un mundo sin desigualdades.

Un idioma para todos. Tomada de Awareness’ s blog.

Así, creó el libro Unua Libro (1887) en donde plasmó las bases del esperanto, el cual contaba con 920 raíces léxicas que, combinadas en 16 sencillas reglas gramaticales de la lengua, podían formar miles de palabras. Las raíces de este conlang estaban basadas en gran medida en el latín, con notables influencias del ruso, polaco, inglés y alemán; sin embargo, era muy sencillo de aprender.

Si quieres saber si el esperanto se convirtió en una lengua hablada por todo el mundo y conocer más sobre cómo y para qué se crean los idiomas artificiales, ¡no te pierdas el nuevo capítulo de Ñoñerías de la Lengua, el podcast de 360 Agencia Editorial!

 

Los Simpson: 33 tortuosos años después. (Parte 2)

¿Por qué el descabellado, pero por momentos jocoso episodio que narra la historia de Armando Barreda y la manera en que reemplazó al verdadero Seymour Skinner después de la guerra, es tratado como el punto de quiebre que marcaría el descenso de Los Simpson hacia la mediocridad? La respuesta podría parecer simple, pero no lo es tanto.

En la 1ª parte hablamos sobre dos eventos esenciales en la baja de calidad del show (la muerte de Doris Grau y Phil Hartman), pero la realidad es que para esta temporada (#9) la mayoría de los escritores originales se habían ya marchado. Del ensamble de talentosos guionistas que formaron parte del staff entre las temporadas 3-8 (Conan O’Brien, Jon Vitti, Sam Simon, Bill Oakley, Josh Weinstein, George Meyer, David S. Cohen, David M. Stern y John Swartzwelder, entre otros), pocos seguían dentro; por su parte, la llegada de nuevos escritores como Ian Maxtone-Graham, Larry Doyle, Matt Selman y Tim Long, por mencionar algunos, terminó por desarticular las bases y fundamentos desarrollados cuidadosamente a través de los años.

Sí es gracioso, pero no como para reírse

El secreto detrás de la comedia de Los Simpson no estaba en situaciones irreales ni en repetir las mismas frases cliché una y otra vez (de hecho, el mismo programa se burla del sobreuso de ese recurso con el capítulo del niño “yo no fui”). Lo que hace que un chiste funcione en el programa es una combinación entre excelente ritmo y timing, y el hecho de que cada personaje tiene una personalidad única que lo hace actuar de una manera donde, aun sin decir una muletilla a lo “Bazzinga”, esa personalidad es tan fuerte y bien estructurada que su misma presencia (más su pasado e historial) cuentan el chiste por sí mismos. 

¿Qué pasó con Los Simpson?

Tomemos como ejemplo uno de los mejores episodios de la serie: “22 Historias cortas sobre Springfield”, una seguidilla de cortometrajes que, en lugar de enfocarse en los protagonistas del show (los titulares “Simpson”), pasa 20 minutos deambulando por las calles de Springfield, explorando las aventuras y contratiempos por los que pasan los demás habitantes del pueblo. Este capítulo es una gran muestra de cómo cada uno de los personajes –principales, secundarios, terciarios y hasta de reparto– se comporta de manera fiel a su personalidad, demostrando que cada uno es tan rico y tridimensional que bien podría protagonizar su propia serie animada (hecho que se retoma en el episodio de “refritos”).

Homero debe ser más gritón, agresivo y tener acceso a una máquina del tiempo

Pero volvamos a Armando Barreda. Establecimos que la columna vertebral del programa son sus personajes y personalidades, meticulosamente exploradas y construidas por casi 10 años. De pronto, un episodio expresa abierta y descaradamente que uno de esos personajes tan queridos, y cuya identidad es una de las más firmemente establecidas, resulta ser un impostor que actúa y se expresa de forma totalmente opuesta; él es su propia antítesis, un desertor. De una semana a la otra, todo lo que sabíamos del profesor Skinner se ha ido a la basura tan solo como una simple excusa para producir un episodio “de relleno”, sacar algunas risas, cobrar un cheque y seguir adelante. 

“Este hombre es el verdadero Seymour Skinner” ¿?

A partir de ahí, indudablemente, el énfasis del programa se postró en confeccionar tramas cada vez más disparatadas (a la Family Guy) y aplanar a los personajes hasta convertirlos en parodias unidimensionales, superficiales y chatas cuya única función es decir frases trilladas en televisión, y gritar bien fuerte para asegurarse de que la gente siga prestando atención.

Un show más

Ya sin un discurso valioso, Los Simpson se convirtió en “un show más”, carente de argumentos, profundidad o significado; adoptaron a la cultura pop que tanto criticaron y pasaron a ser una pasarela de celebridades invitadas, las cuales dejaron de aparecer como simples cameos para volverse los amos del programa. Prueba de ello son los episodios 5F19 (“When you dish upon a star”) y AABF23 (“Beyond Blunderdome”) donde son Kim Basinger, Ron Howard, Alec Baldwin y Mel Gibson los que dirigen la trama, cuentan los chistes y usan su “star power” para darnos media hora de situaciones absurdas en donde Homero –ya transformado en una vil caricatura de sí mismo; más errático y estúpido que de costumbre– pierde todo su carisma al no tener el balance racional de Lisa o el emocional de Marge.

Ugh.

Para este punto, lo que se conocía de Los Simpson no es más que una cáscara vacía, carente de sentido o propósito, “zombificada” para lucir como el mismo show por fuera, pero sin un corazón latiendo en su interior. Lisa lo menciona atinadamente en el episodio 1F05 (“Bart’s Inner Child”), cuando la “filosofía Bartiana” de hacer lo que se antoje se apodera del pueblo.

Te definiste como un rebelde y en ausencia de un medio represivo tu nicho social ha sido asimilado… Después de “Vida prestada” perdiste tu identidad, entraste al engranaje de la sociedad hipersimplificada de la comida instantánea… Es tu oportunidad de desarrollar una nueva y “mejor” identidad, podría sugerir: ¿ridícula y llena de celebridades?

De la inclusión que discrimina y la diversidad forzada

Si existen dos términos más sonados, discutidos y controversiales en los medios de comunicación actual y el argot internauta, que “metaverse” y NFT, seguramente son “diversidad” e “inclusión”, usualmente acompañados por sus menos brillantes primos lejanos: “woke”, “SJW” y “libtard”. Pero hoy no entraremos en discusiones políticas o divisiones sociales (no tanto), sino que nos centraremos en tratar de definir la diferencia entre diversidad e inclusión, su relevancia en el mundo moderno y por qué forzarlas, en el entorno que sea, puede causar más mal que bien.

Para la RAE (siempre tan objetiva y desligada del mundo exterior), las palabras diversidad e inclusión no tienen una mayor connotación salvo su significado conciso; “abundancia, variedad”, en el primer caso y “efecto de incluir” en el segundo. No obstante, en un contexto más amplio –el de la sociedad moderna, globalizada y quejumbrosa– estas inocentes expresiones han sido el centro de un agitado (y en ocasiones, violento) debate sobre justicia social, apropiación cultural, creatividad (y falta de ella), preservación, estereotipos, racismo e igualdad de género y de oportunidades. 

Diversidad ≠ inclusión

Desde hace algunos años, distintos, y muy vocales, grupos/movimientos sociales han abogado por una mayor representación de minorías y sectores marginados, no solo en altos puestos dentro de empresas y gobiernos, sino también en roles más preponderantes en obras multimedia (cine, videojuegos, televisión, etc.), deportes, espectáculos y prácticamente cualquier otro espacio previamente “dominado por el hetero hombre blanco”. 

Esto, sin duda, ha abierto la puerta a una mayor presencia de personas pertenecientes a minorías raciales o con distintas preferencias sexuales en plataformas de mayor relevancia, así como también al desarrollo de personajes (hablando específicamente del cine, la TV, cómics y videojuegos) más diversos, complejos y ricos, alejados de estereotipos cliché e inmunes a la crítica de los grupos más conservadores. No obstante, esta presión por “incluir” y “representar” también ha traído consigo varios problemas que parecieran no solo oponerse a todo aquello que se busca con esos movimientos, sino también destruir decenas o cientos de años de progreso en temas de igualdad, equidad y aceptación.

Bridgerton.
¿Enriquecimiento ideológico?

El objetivo principal de la diversidad en una empresa/sociedad/equipo de futbol debería ser el enriquecimiento ideológico, artístico y creativo a raíz de los distintos orígenes, entornos y conocimientos de ese variado grupo de personas. Vaya, es muy lógico pensar que un equipo con antecedentes dispares, que nacieron en diferentes partes del mundo y tienen acceso a otros idiomas o bagaje cultural, son capaces de producir una obra mucho más profunda, interesante e inusual que otros con un marco sociocultural prácticamente idéntico.

Sin embargo, en la práctica, el resultado suele no ser el esperado, especialmente por la manera en que las compañías abordan la diversidad y la inclusión. Su motivación no es la multiculturalidad per se ni obtener diferentes puntos de vista, sino acallar la crítica, cubrir una cuota y tener a la vox populi de su lado. Contratar a alguien de color o gay o incluso una mujer, en entornos cien por ciento machistas, solo por el hecho de ser diferentes y cumplir con un requisito sin importar su talento, habilidades o méritos, no solo es una práctica por sí misma discriminatoria y racista, sino una táctica desesperada que puede generar fricciones en el ambiente laboral o hasta una total ruptura de la audiencia.

“A fuerzas”

El “forzar” la diversidad y la inclusión en proyectos multimedia a menudo genera la percepción de que nadie de quienes toman las decisiones se preocupa genuinamente por la obra en sí, la audiencia o el talento. Mientras se trate de tachar una casilla de requerimientos y quedar bien en redes sociales, nada más importa. No los méritos ni la creatividad ni las historias.

El tokenism (colocar una minoría en cualquier papel solo por cumplir una cuota) es algo que casi siempre ha existido en el cine y la televisión; sin embargo, hoy en día esa práctica se utiliza como una cortina de humo “progresista” para cubrir todos los escándalos e historias de abuso que suceden tras bambalinas. Y es especialmente molesto cuando se nota a simple vista que la inclusión de una chica asiática en Star Wars o una persona de color en The Witcher son solo eso, intentos artificiales por cumplir un objetivo de marketing, sin ninguna razón de fondo o justificación creativa. 

Star Wars.
Tokenism en Star Trek

No tiene nada de malo que haya gente de origen asiático, africano o latino en “una galaxia muy lejana”, después de todo, Star Trek contaba con un cast sumamente diverso que, en su momento, rompió con muchos convencionalismos de la televisión norteamericana (incluyendo el primer beso interracial en pantalla). El problema es cuando esa inclusión se convierte en el selling point y una herramienta mercadológica para atraer audiencias o “impactar” por lo progresiva y actual que es esa película o serie de TV. 

Al final del día, lo importante debe ser no quién lo dice o lo hace sino qué es lo que se dice o hace; se trata del fondo y no la forma. Si un personaje/directivo/entrenador es bueno, sus acciones tienen sentido y su discurso es efectivo, qué importa del color que sea o del país que venga o qué le guste hacer y a quién; una vez que el mensaje se pierde dentro de temas de color, género o sexualidad, ese personaje se queda, obviamente, vacío de carácter y sin un mensaje claro que dar más allá de su color, género o sexualidad.

El fascinante mundo de la traducción, el doblaje y la localización

Al leer el libro de un autor extranjero en nuestro idioma o ver nuestra serie favorita doblada al español, rara vez nos detenemos a pensar en todo el proceso que hubo detrás para que pudiéramos disfrutar cada uno de los diálogos de los personajes.

En el mundo del cine, la televisión, el marketing y la literatura todos los contenidos “se cocinan detalladamente” antes de llegar a ti. Aquí te dejamos tres puntos importantes del laborioso proceso de transformar un texto de un idioma a otro.

Traducir va más allá de ser literal

Si crees que la traslación mecánica —y a veces descabellada— del traductor de Google es la correcta, esto no es así, una verdadera traducción incluye ser detallista con la sintaxis, modificar la puntuación e incluso cambiar las expresiones de la lengua original a otras palabras sin que se pierda el sentido de la idea, porque como lo decía Walter Benjamin:

“Ninguna traducción sería posible si su aspiración suprema fuera la semejanza con el original […]”

No le creas todo a Google translate.
Doblaje: voces y personajes

El doblaje consiste en grabar y sustituir las voces originales de una película o de un programa de televisión por otras idénticas o similares en otro idioma.

Aunque muchos prefieren ver películas en su lengua original y leer los subtítulos, actualmente más de 625 millones de personas en el mundo (entre ellas quienes tienen dificultades visuales) siguen viendo contenido doblado a su idioma.

México es uno de los países más reconocidos en doblaje para Latinoamérica, esto debido a que nuestro acento es neutro y también al trabajo que varios actores mexicanos han realizado desde los años 40 a la fecha. Son tan famosos que seguramente recuerdas las voces de tus personajes favoritos de la infancia y si las vuelves a escuchar en una película enseguida las reconoces.

Doblaje / Tomada de Giphy.
Localización: cada cultura tiene su esencia

Cuando se traduce un texto a otro idioma puede perderse alguna expresión o chiste típico de la región donde se hizo, la localización busca que esto no ocurra y, por el contrario, da un gran peso a la cultura para mantener la esencia de los diálogos y adapta su significado al contexto.

Este proceso se realiza con frecuencia en las agencias de traducción de videojuegos, páginas web, marketing y publicidad, pero no debe confundirse con la tropicalización porque, aunque es semejante, esta es más usada por marcas o empresas.

Si quieres conocer más datos curiosos sobre estos temas y escuchar entrevistas divertidas con grandes invitados como la actriz de doblaje Lili Barba (la voz de Carlitos de Rugrats) solo da clic aquí.

Creatividad onírica: cuando los sueños inspiran al arte

“El hombre es un genio cuando duerme” Akira Kurosawa 

Dicen que la inspiración puede surgir en cualquier momento y en cualquier lugar, ya sea leyendo un libro, sentado en la banca de un parque, tomando café o, como veremos el día de hoy, durmiendo.

La importancia de los sueños en la labor creativa no es cosa menor, ya que no solo ha influenciado diversas obras multimedia a lo largo de los años, sino que fue uno de los principales impulsores detrás de la corriente literaria, filosófica y artística del surrealismo. 

Tomando como base la interpretación de los sueños propuesta por Freud, y siendo también un recurso que los artistas emplearon para escapar de la horrible realidad por la que pasaba el continente europeo en las décadas de 1930 y 1940 (dos Guerras Mundiales, principalmente), el surrealismo nació de esa desesperación por encontrar un refugio creativo que permitiera a escritores, pintores, escultores y cineastas, rebelarse contra la cruel realidad y romper con convencionalismos sociales y culturales por medio de piezas abstractas, incoherentes incluso, pero cargadas de emoción.

La ciencia del sueño / Tomada de Medium.
El refugio creativo

[El surrealismo] es puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, verbalmente o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón al margen de toda preocupación estética o moral – André Breton.

A través de sus obras, los artistas surrealistas expresaban sus peores miedos y mayores pasiones. Y es que los sueños son un simple reflejo de la realidad, visto a través del cristal de nuestras experiencias personales, recuerdos, temores, anhelos y pensamientos inconscientes que salen a flote una vez que se pierde el control de la razón y cualquier tipo de autocensura.

Pero la influencia de los sueños no está relegada a una corriente artística de hace casi un siglo. Hoy en día, como quizás siempre lo ha sido, pero no muchos artistas se atreven a confesar, existen cientos de obras inspiradas por alguna visión onírica o surgida a partir de la siesta vespertina del autor. 

Salvador Dalí- Persistencia.

En esta ocasión analizaremos un par de los ejemplos más conocidos y documentados de este fenómeno tan común, especialmente para aquellos con sueños vívidos y capaces de recordar lo sucedido al despertar. 

Soñadora-mente, de Kurosawa

Akira Kurosawa, uno de los realizadores más aclamados e influyentes en la historia de la cinematografía, director de piezas icónicas como Nora Inu (Stray Dog), Rashomon, Ikiru y Shichinin no samurai (Seven Samurai), desarrolló, a lo largo de los años, el guion de lo que se convertiría en una de sus últimas películas: Yume (Dreams), total y completamente inspirada –basada– en sueños y recuerdos del propio director, mezcladas con historias fantásticas, mitología japonesa y cuentos de su infancia. 

A través de ocho viñetas, llenas de cándido humor, realismo mágico y reflexiones sobre el hombre y la naturaleza, Kurosawa nos da un vistazo a su genial, inquieta y ¿“soñadora”? mente; sus inspiraciones y preocupaciones, recuerdos de su familia y hasta una curiosa intervención de Vincent Van Gogh interpretado por Martin Scorsese. 

Yume (Dreams).
Psicotrópico King

Por su parte, Stephen King, escritor estadounidense de novelas y cuentos de terror, suspenso y ciencia ficción, principalmente, y autor de grandes clásicos de la literatura moderna como It, The Shining, Carrie y The Mist, entre tantos otros, alega haber escrito su novela de 2001, Dreamcatcher, tomando elementos de los sueños que tuvo en un lapso de seis meses, mientras se recuperaba de un accidente automovilístico… Y bajo la influencia de la oxicodona que lo ayudaba a soportar el dolor.

No obstante que Dreamcatcher haya sido el resultado de un viaje psicotrópico y, en palabras del mismo King, un libro no muy bueno, esta dicotomía entre sueño y creatividad es un tema que el autor ha explorado y explicado en reiteradas ocasiones, especialmente en su libro On writing: a memoir of the craft, en donde recomienda incluso tener una libreta junto a la cama, en caso de que esa chispa creativa llegue a la mitad de la noche, para que podamos capturar la esencia del sueño lo más rápido y fielmente posible.

Dreamcatcher.

Sea cual sea nuestro método, el mensaje es el mismo: buscar inspiración en los lugares menos esperados. Salir a caminar, tomar una siesta o un baño relajante, platicar con un amigo o visitar un museo; el punto es no forzar las ideas, sino dejar que fluyan, como los sueños mismos, que existen y aparecen sin que uno los llame.

El cine de oro mexicano: ¿lucha de clases, lucha de enmascarados o Lucha Villa? (Parte II)

De vuelta a los 50-60. Mientras que la psicodelia y el amor libre se apoderaban del mundo, los cineastas mexicanos comenzaron a mirar lo que causaba sensación en otros mercados, especialmente el estadounidense, que poco a poco recobraba su mandato como el epicentro del showbusiness y la industria cinematográfica. Lo que encontraron: monstruos (literalmente hablando) y superhéroes encapuchados que ayudaban a restaurar la paz en un presente posguerra.

Y de ese híbrido temático, que podría parecer un absurdo colosal en manos de cualquier otro país (con excepción, quizás, de Japón) es que surge el cine de luchadores: los superhéroes mexicanos; hombres y mujeres extraordinarios, con fuerza y habilidad sobrehumana, que ponen sus talentos al servicio de una nación aterrorizada por vampiros y vampiresas, momias, hombres lobo, extraterrestres y hasta el mismo Satanás.

Cine de luchadores /Tomada de Time Out México.
El Santo, el Cavernario… 

No pretendemos asegurar que el cine de luchadores es más importante o influyente que el cine de “oro” aunque sería interesante averiguar qué personaje es más reconocido a nivel mundial: Pepe el Toro o el Santo pero su trascendencia no es un tema menor. 

El cine de luchadores quizás no ejemplifique tan bien ese realismo mágico mexicano que admiramos en obras como Nazarín de Buñuel o la literatura de Juan Rulfo, después de todo, las intrincadas metáforas de Pedro Páramo son un tanto más complejas que ver a Blue Demon, Santo y Capulina enfrentándose en un mano a mano con la hija de Frankenstein. 

Tomada de Giphy.

No obstante, y al final del día, se trataba de hombres y mujeres que un niño podía ver en la pantalla grande una tarde, y admirar por la noche, en un combate de máscara contra cabellera en la Arena México. De este modo, balanceando esa disparatada fantasía con un realismo que ningún otro género cinematográfico podría igualar (salvo los documentales, pero ¿quién quiere ver una película para hacer todo lo opuesto a “escapar de la realidad”, es decir, quedarse en la realidad y deprimirse?).

El que se fue a la Villa

Finalmente tenemos a la tercera “lucha” de este ensayo: la querida Lucha Villa, a la que hacemos alusión no solo por prestarse para un simple juego de palabras (aunque esa es la verdadera razón), sino como representante de aquello en lo que se convertiría el cine nacional durante las décadas de los 80 y 90, una vez que los luchadores colgaron sus capas y el cine norteamericano transicionaba hacia el terror slasher, la comedia sexy y el cine de acción/kung-fu. 

Con un currículum que incluye Las Noches del Blanquita, El Fiscal de Hierro, El Mil Usos II y Semana Santa en Acapulco, la diva de Chihuahua simboliza esa época de estancamiento y plagiarismo vil que adoptaría la industria, buscando capitalizar cualquier modo de entretenimiento que fuera popular en los Estados Unidos. De ahí que surgieran respuestas mexicanas al cine de acción, con los Hermanos Almada; a la comedia sexy/erótica/“picante” de la mano de César Bono, Polo Polo, Tun Tun y Héctor Suárez, así como su variante menos afortunada, el “cine de ficheras”, instigado por la ya legendaria cinta Bellas de Noche

Y aunque sí, se podría decir sin temor a equivocarnos, que este ha sido uno de los puntos sino es que el punto más bajo de la cinematografía nacional en sus casi cien años de vida; historias crudas y vacías que se basaban en el desnudo y el albur para vender boletos.

No obstante, el impacto social de este cine, especialmente el de ficheras, fue tremendo, pues nuevamente se levantó la cortina para dejar entrever el funcionar del bajo mundo de la ciudad; aquel que todos sabían que existía, pero nadie se atrevía a admitirlo. Al mismo tiempo que Sara García se convertía en la abuelita de México, Sasha Montenegro pasaba a ser la “mamacita” de México. 

Entre broma y broma, la verdad se asoma

¿Es entonces para terminar este divague estimulado por cafeína y chocolate menos importante esta etapa que las anteriores, solo porque se apelaba al denominador más bajo? Después de todo, estas cintas también marcaron una época, también lanzaron al estrellato a decenas de artistas y también dieron de comer a sonidistas, escritores, gaffers y extras por más de una década. 

Calabacitas tiernas/ Tomado de Tumblr

Nadie puede menospreciar el cine de oro nacional. Después de todo, casi un siglo después sus historias, personajes y situaciones siguen siendo relevantes, pese a que la sociedad mexicana sea diametralmente opuesta a lo que apreciamos en Calabacitas tiernas. La familia nuclear compuesta por siete u ocho hijos, más sirvientes y nanas viviendo en una casa de dos pisos, con patio central y jardín (¿los recuerdan?), suena como un prospecto igual de inverosímil que Drácula moliendo a coscorrones a Alushe. Sin embargo, es una fórmula efectiva, que nos recuerda una época mejor, una época “dorada” donde no existían la delincuencia ni el calentamiento global y todo podía resolverse con una canción.

No obstante, y si a relevancia contemporánea nos vamos, los luchadores siguen estando tan vigentes ahora como hace 50 años si no es que más hasta convertirse en una parte ubicua de la cultura popular nacional y mundial. No solo el concepto de la lucha libre es ampliamente aceptado y adoptado en casi cualquier rincón del planeta, el cine de luchadores posee un estatus “de culto” en Europa y Asia, incluso mayor al de otras vertientes cinematográficas divergentes y visionarias como el expresionismo alemán, el surrealismo o el horror de Hammer y Universal, pues Santo, Tinieblas y compañía destilaron lo mejor de cada uno de esos géneros, en un elixir igual de exótico, cautivador y místico que aquellos confeccionados por el malévolo Doctor Brancov.

Si quieres conocer más sobre el cine de oro mexicano y te perdiste el capítulo I de este texto, solo da click aquí

El cine de oro mexicano: ¿lucha de clases, lucha de enmascarados o Lucha Villa? (Parte I)

El cine mexicano, al igual que muchas otras expresiones artísticas nacionales y extranjeras, ha cambiado, evolucionado y se ha estancado a través de los años. El arte no es estático; siempre está en movimiento, pues es un reflejo de las personas, la sociedad, las ideologías y todo lo que acontece en un determinado momento dentro de un mundo que jamás se detiene. 

Y así como guerras, inquietud civil y desigualdad social han inspirado centenas de obras artísticas de toda índole, también el trabajo de artistas de época ha permeado en otros ámbitos de la cultura mundial, derivando en la creación de corrientes artísticas, géneros, subgéneros y modas, que, a su vez, engendran novedosas reinterpretaciones de lo que es el arte, y así sucesivamente; un Uróboros retroalimentado por un cúmulo de sucesos y puntos de vista.

Pedro Infante/ Tomada de CinEspacio24.

Pero vayamos de lo universal a lo particular y de lo general a lo específico. Cerremos el marco de referencia para enfocarnos en el cine, especialmente en el producido en México a lo largo del siglo XX, para responder la pregunta que nadie se hizo nunca, jamás: ¿es realmente el cine de oro mexicano, “EL CINE DE ORO MEXICANO” ?, ¿o será que podemos atribuir ese tan característico mote a algún otro periodo de la cinematografía nacional? 

¿Será este texto una vil y fútil retórica sin sentido, escrita por alguien con demasiado tiempo libre (y leído por otro alguien con todavía más tiempo libre) o acaso un audaz discurso que cuestiona las reglas universales de la lógica y el cosmos, mientras pone en tela de juicio las mismas fibras que entretejen la realidad? (Spoiler alert: será lo primero).

No todo lo que brilla es oro

En fin, comencemos por definir al “cine de oro mexicano”, o, para ser más formales y correctos: época de oro del cine mexicano. Básicamente se trata de la etapa de mayor auge, relevancia y trascendencia que lograra el séptimo arte nacional en toda su historia (o eso quieren hacernos creer). Esta se da entre la década de 1930 y hasta mediados de los 50, cuando una mezcla de creatividad, apoyo a las artes y un pequeño conflicto bélico de talla mundial dieron a México la oportunidad de alzarse como uno de los centros (refugios) artísticos más importantes del planeta.

Allá en el rancho grande. / Tomada de Makeagif.

La seminal obra Allá en el Rancho Grande (1936), dirigida por Fernando de Fuentes, tiene el honor de ser la iniciadora de una casi imparable ola de producciones nacionales que lanzaron al estrellato las carreras de decenas de directores, actores, actrices y hasta un cinefotógrafo cuyo trabajo ha inspirado a múltiples de realizadores en todo el mundo, incluyendo al galardonado Emmanuel Lubezki. 

A través de cintas como Nosotros los Pobres, María Candelaria, Enamorada, Doña Bárbara, Cuando los Hijos se Van y Los Olvidados, por mencionar solo algunas, México se consolidó como una fuente estable de melodramas, comedias y epopeyas rancheras de donde surgieron figuras indelebles de la cultura popular nacional, como Cantinflas, Emilio “el Indio” Fernández, Jorge Negrete, María Félix, Gabriel Figueroa, Tin Tan, Sara García y Agustín Lara, entre muchos otros. 

Un cine que trascendió

Incluso, personajes de renombre internacional, como Luis Buñuel y Salvador Dalí encontraron en México un resquicio de locura creativa en un mundo que se había vuelto loco de veras. 

El cine abrió una ventana a un país del que poco se conocía; su sociedad, sufrida, pero siempre alegre; la lucha de clases entre los barrios de abolengo y los barrios bravos de la ciudad; el humor casi irónico con el que el mexicano mira su, a veces demasiada, dura realidad; y por supuesto, el realismo mágico que captura todo lo que implica vivir en un país de tantos contrastes, tantos colores y tantos compadres.

Cantinflas / Tomada de Printome.

Obviamente, todo lo bueno tiene que terminar, y así tocó el turno de esta época dorada a la que los malos manejos, la sobresaturación y la recuperación económica de las potencias del medio, puso en un perpetuo estado de coma del cual jamás se recuperaría, a pesar de los múltiples intentos por revivir esas glorias pasadas por parte de las telenovelas que se conformaron con recontar las mismas historias, pero con más escotes, cachetadas e inválidas que buenos guionesy esa “nueva era del cine mexicano” caracterizado por dramas modernos, urbanos y muy provocativos, encabezados por películas como Sexo, Pudor y Lágrimas o Cilantro y Perejil en los 90. 

Si quieres conocer más sobre el cine de oro mexicano de una época en que la psicodelia y el amor libre se apoderaban del mundo y el cine de luchadores era la moda, y también quieres conocer la historia de la famosa Lucha Villa, no te pierdas nuestro próximo capítulo

Lo que no sabías del doblaje de voz en películas

Según cuenta la leyenda, al inicio de los años 80, cuando Star Wars llegó a España y Latinoamérica, muchos niños no conocieron a Luke Skywalker, Chewbacca y RD2D, sino a Lucas Trotacielos, Mascatabaco y Arturito, nombres que los cines pensaron más acordes a las tierras hispanohablantes. Aunque tal historia es un mito urbano, con apenas un toque de verdad, refleja bien la complicada historia del doblaje; para muchos, este arte y negocio ha sido un puente para conocer películas, series y caricaturas de todo el mundo; para otros, es un atentado contra la integridad intelectual de la obra. 

Una controvertida historia

Durante la época del cine mudo, las películas apoyaban su narrativa en intertítulos que, entre escenas, mostraban escritas las descripciones y diálogos, o en un “charlatán”, que explicaba la película para aquellos que no podían leer. Sin embargo, la llegada del cine sonoro supuso nuevos problemas para la exhibición de cintas extranjeras, aunque algunos trataron de verlo como oportunidades. La productora Metro Goldwyn Mayer estaba segura de que la gran maquinaria del cine estadounidense haría del inglés la lengua mundial, pero esto solo ayudó a desatar el pánico internacional a la “intrusión lingüística”, y países como Francia recurrieron al subtitulaje para rescatar el idioma nativo de la oleada norteamericana, prohibiendo exhibir películas en idiomas ajenos que no llevaran subtítulos.

El analfabetismo predominaba en todo el mundo, así que las productoras buscaron otras opciones. En 1928 nació el doblaje moderno, cuando Paramount Pictures logró sincronizar el diálogo de The Flyer, traducido del inglés al alemán, con los movimientos labiales de los actores. 

Sin embargo, la calidad de la técnica solía ser pésima, por lo que los cineastas preferían otros métodos, llegando a filmar sus películas varias veces con actores de diferentes países como la excelente versión española de Drácula de 1931, protagonizada por Carlos Villarías y Lupita Tovar, lo cual resultaba costoso y, a falta de supervisión constante, la calidad de una versión a otra era muy variable. Por esto, varios años y avances tecnológicos después, el doblaje tuvo un gran renacimiento.

De México, para el mundo

En los años 40, la Metro Goldwyn Mayer se llevó a sus estudios de Nueva York a un puñado de actores mexicanos de radionovelas  para doblar sus películas. Rápidamente, en México y otros países de Latinoamérica, como Argentina creció una gran industria del doblaje. Sin embargo, para finales de la década varios gobiernos decidieron que esta práctica fomentaba la competencia desleal para la producción local, y prohibieron que los cines nacionales presentaran películas extranjeras dobladas que no fueran infantiles. En México, este veto estuvo vigente hasta el año 2000, por lo que los doblajes fueron territorio mayormente televisivo por medio siglo.

Evangelina Elizondo, bajo la dirección de Santos, fue nuestra Cenicienta mexicana. Fuente: Disney y De Memoria.

La industria del doblaje en Latinoamérica se volcó al público infantil. Walt Disney mismo se interesó en las posibilidades del doblaje mexicano después de la fuerte crítica que el locutor Edmundo Santos hizo del mal doblaje al español de Blanca Nieves, y en poco tiempo, Santos pasó a ocuparse de la traducción de las canciones de Disney. Unos años más tarde, se convirtió en asesor oficial del idioma, desarrollando las reglas gramaticales para el llamado “español neutro” que evitaban tropicalizaciones o acentos típicos. 

El problema de la tropicalización

A inicios de los 50, Santos se mudó con su equipo a la Ciudad de México para trabajar en La Cenicienta, y pasaría los siguientes 27 años, hasta su muerte, encargándose por completo del doblaje al español de películas y productos derivados de Disney. Aunque esta era nos regaló joyas como El Libro de la Selva con la voz de Tin Tan para Baloo, Luis Pelayo tras Bagheera y a Carlos Petrel como Sheer Khan, la práctica del español neutro fue abandonada a partir de 1991 para La Bella y la Bestia, en favor doblar una versión latinoamericana y otra con el castellano de España. 

 

Mientras tanto, la televisión seguía siendo el campo más fértil para los actores de doblaje. A diferencia de la actuación frente a la cámara, contar con la voz como herramienta principal implicaba que ni la edad, ni el aspecto físico ni el género eran barrera, y la libertad de acción era tal que, sobre todo en caricaturas, se permitían incorporar rasgos culturales y ciertas tropicalizaciones que las hicieran más accesibles y reconocibles; a pesar de que esto no pocas veces resultaba en interpretaciones que desmerecen la versión original, también nos permitió disfrutar de creaciones excepcionales como la que hizo Jorge Arvizu, “el Tata” para Don Gato y su pandilla: mientras que en los EUA pasó desapercibida, en toda Latinoamérica se volvió un ícono cultural, tal como te contamos en uno de nuestros artículos pasados.

Don Gato y su pandilla.

El doblaje en la actualidad

En décadas recientes la labor de doblaje comenzó a devaluarse, los estudios y televisoras dieron preferencia a voces menos entrenadas, pero más baratas, o cayeron en la práctica del star system, dando los papeles principales a actores y cantantes populares, expresamente contratados para interpretarse a sí mismos o a sus personajes más conocidos. De igual forma, se volvió cada vez más frecuente el introducir en trabajos extranjeros chistes locales, referencias o modismos de la cultura popular, sin ningún cuidado o respeto por el trabajo original ni por la labor profesional de los verdaderos actores del doblaje. Resulta curioso que, de entre todas las voces de profesionales y cinéfilos que a través de los años se han alzado contra esta mala práctica, sea la de Jorge Luis Borges, desde el lejano 1945, la más profética: 

“Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. (…) Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?”.

 

Lo que no sabías de los autocinemas

Hoy en día, las películas nos acompañan con un sinfín de historias de diferentes géneros y para todos los gustos, desde romance y comedia, hasta acción, misterio y terror. 

Ahora que, si le sumas la compañía de tu mejor amigo, tu familia o tu ligue en un lugar íntimo y cómodo, la experiencia frente a la pantalla se disfruta al doble, o al menos así lo pensó Richard M. Hollingshead, quien montó el primer autocinema en Nueva Jersey en 1933. 

Mágica compañía en el autocinema.

¿Qué llevó a Hollingshead a inventar los autocinemas? 

Una de las teorías afirma que la mamá de Hollingshead era una persona con obesidad y por ello no se sentía cómoda en ninguna butaca, así que él no dudó en buscar una solución.  

La otra versión asegura que el magnate quería impulsar el uso del auto, así como los productos Whis, teniendo por eslogan publicitario: “cada quien en su propio palco”.    

“Cada quien en su propio palco”.

Sea cual sea la razón que llevó a Hollingshead a crear esta nueva manera de ver películas, lo cierto es que fue un gran éxito que rebasó incluso las ventas de los cines convencionales, siendo así que, para 1956 los autocinemas se habían extendido por toda la Unión Americana.  

¿Por qué triunfaron los autocinemas? 

  • Eran mucho más baratos que los cines convencionales, porque con un solo boleto podían entrar todos los que cupieran en un carro, en modo “auto sardina”. 
  • Podías llevar tus propias botanas y hasta tomarte unos tragos de alcohol mientras disfrutabas el film 
  • Los carros eran el lugar ideal para romancear o pasar una tarde de besos con tu pareja.

    Diversión en tu propio auto.
  • La calidad del audio de las películas era increíble, pues se transmitía por medio del radio de los autos.  
  • El sitio en el que se ubicaban fue diseñado de forma ideal, tenían rampas para que los carros se inclinaran ligeramente hacia atrás y no se obstruyeran la vista entre sí. 
Colocación ideal para los autos. 

El fin y el regreso de los autocinemas

A pesar del gran éxito de los autocinemas, en los años 80 muchos quebraron, pues con la llegada de las nuevas tecnologías, como las televisiones a color, el VHS y Beta, ya podías ver películas en pijama y pantuflas desde la comodidad de tu casa.  

Disfrutando el cine en casa.

Actualmente, debido a la pandemia, en México y en otros países se han vuelto a colocar nuevos autocinemas que han sido recibidos con gran agrado por parte de los visitantes; así que, tal vez hemos vuelto un poco a una manera antigua y diferente de ver cine.  ¿Y tú, ya viviste esta increíble experiencia?