Los Simpsons: 33 tortuosos años después (Parte 1)

Querido lector: 

Al escribir esto estoy triste, nuestra amada serie ha sido derrocada y reemplazada por los benévolos Zombie Simpsons. Todos amamos a los Zombie Simpsons y su glorioso régimen. 

Con amor, niñito.

El próximo domingo 22 de mayo (2022), se transmitirá el 22° episodio (tantos 22 para aquellos interesados en la numerología y la cábala) de la 33ª temporada de The Simpsons, una de las series más exitosas y longevas de la televisión norteamericana. Con una 34ª temporada ya confirmada y la noticia de que se avecina un segundo largometraje en el horizonte, parece que el show ganador de 34 premios Emmy y 7 People’s Choice Awards se mantiene tan popular hoy como hace 30 años. 

Sin embargo, como cualquier fanático old school puede argumentar en un post de blog (tal como este), la serie lleva al menos dos décadas siendo irrelevante, insípida y poco graciosa, arrastrándose a lo largo del siglo XXI como un muerto viviente salido de la imaginación de Sam Raimi –solo que menos entretenido y mucho más lamentable–. La realidad es que 33 años después de su debut en televisión nacional, Los Simpson no son más que una parodia de sí mismos; una sombra de su alguna vez inmaculada figura y un solemne recordatorio de que algunas veces es mejor retirarse cuando se está en lo más alto.

Zombie Simpsons. Término acuñado por el autor Charlie Sweatpants en su ensayo “Zombie Simpsons: How the Best Show Ever Became the Broadcasting Undead” donde se expone el ascenso meteórico del programa y su marcado declive con el pasar de los años.
Los tiempos cambian 

Los Simpson hizo su debut oficial como un show animado en horario estelar en diciembre de 1989, en el centro de una revolución mediática a punto de ebullición. Por un lado, el cine y la televisión predicaban los valores familiares y buscaban la manera de apaciguar a la población tras años de miedo, angustia y paranoia derivados de la Guerra Fría; por el otro, la generación X esperaba su oportunidad de “escupir” en estos valores y rebelarse contra los convencionalismos. Mientras que cintas como E.T. y The Goonies exaltaban el poder de la amistad, y sitcoms como Family Ties, Alf y Punky Brewster mostraban familias perfectas que resolvían sus conflictos con abrazos, cariño y valiosas lecciones de vida, Matt Groening presentó a un padre asfixiando a su hijo a la menor provocación; un chico rebelde que andaba en patineta y hacía grafiti en las paredes y una familia tan disfuncional y provocativa como incisiva y satírica. 

Rock and/or Roll

Los Simpson representaron ese parteaguas en la cultura norteamericana donde los inconformes encontraron un escaparate para criticar, parodiar y burlarse de todas esas “enseñanzas” condescendientes que las generaciones anteriores trataban de inculcar. Beavis & Butthead, MTV, Doom, Mortal Kombat, Pulp Fiction –y claro, Los Simpson– forman parte de esa contracultura rebelde y burlona que buscaba resquebrajar a esa sociedad anticuada y tambaleante.

A través de personajes perfectamente bien construidos, historias basadas en la realidad, pero con un toque cínico y sarcástico, y un sentido del humor nunca antes visto, Los Simpson se convirtió rápidamente en uno de los programas más importantes del planeta, pues lograron convertir el “drama familiar” de la época en una irreverente crítica social que incluía, entre sus víctimas, no solo a la familia nuclear, sino a figuras públicas y políticas, a los “ídolos” del entretenimiento de los 80 y 90, y los mismos fundamentos ideológicos de toda una nación (religión, guerra, enajenamiento colectivo, etc.)

Encuentro del pasado con el futuro.
Cambios inesperados y decadencia

Por casi diez años, Los Simpson fueron intocables; el estándar más alto en entretenimiento, comedia y sátira disponible en cualquier medio audiovisual. Pero, cambios en el staff de escritores, sobresaturación y la inoportuna muerte de dos figuras clave de la dinámica (Doris Grau, voz de la cocinera Doris y supervisora de guiones, y Phil Hartman, comediante y voz de Troy McClure y Lionel Hutz) impactaron fuertemente, no solo en la calidad general del show, sino en el alma del mismo. 

Es difícil señalar el punto exacto donde, como a Rafa, al programa se le rompe el corazón, pero el consenso general es que el cambio radical en el sentido, dirección y propósito mismo de la serie comienza en la temporada 9 con el estreno del episodio 4F23 “The Principal and the Pauper” o “Vida prestada”, como se conocería en México y América latina…

To be continued…

Cubrebocas: el nuevo accesorio de moda

Años atrás no hubiéramos creído que las situaciones que nos presentaban algunas películas de ciencia ficción futurista —en las que todos usaban mascarillas y caretas por causa de un virus desconocido— podían hacerse realidad. Sin embargo, la pandemia por COVID-19 nos adentró a ese mundo diferente en donde no podemos salir a la calle sin llevar puesto un cubrebocas.

En los últimos tiempos no es solo una medida de prevención, sino que se ha convertido en un accesorio de moda y es un gran negocio para las personas emprendedoras, pequeñas empresas, artesanos; también para marcas reconocidas como Gucci, Versace, Dior, Grupo Inditex, etc., e incluso ha llegado al mundo de las pasarelas y a eventos de celebridades.

“Dependiendo del mes va cambiando la demanda de productos, los modelos invernales de noviembre a enero, los modelos de telas finas y personalizados para fiestas en diciembre, los de flores y colores en primavera.”- Fabiola Bautista, diseñadora.

Tomada de MediaLab.
 Una lucha por la aceptación

De acuerdo con César Guadarrama, sociólogo de la UNAM, en un principio algunas personas se negaban a usar cubrebocas en todo momento y hasta se denunció como una manera de censura simbólica, con el movimiento: “nos quieren callar”.

Todo dio un cambio de 180 grados cuando salieron diferentes diseños que modificaron la mala percepción que se tenía de su uso. Así, las decoraciones divertidas o cool lo convirtieron en un accesorio aceptado.

Diseños diversos

Hay mascarillas para todos los gustos: con los escudos de tu equipo favorito si eres apasionado del futbol; con tus personajes de Disney preferidos, desde las típicas princesas hasta los héroes y villanos de las películas de Pixar y Marvel; de flores, perritos, gatitos, etc.

En el 2020, la marca de ropa Scappino utilizó las telas sobrantes de sus camisas y playeras para crear cubrebocas, Gucci y Chanel donaron mascarillas para el personal médico y el diseñador francés Jean Paul Gaultier, bajo el lema “Protect yourself, create yourself”, agregó plumas, piedras y otros elementos que le dieron un toque original a los cubrebocas, pero sin importar su exótica decoración, siguen conservando su función principal: proteger contra el coronavirus.

El cubrebocas más caro del mundo.

Los precios varían, pero hasta ahora, el cubrebocas más caro y lujoso es el creado por Isaac Levy —de la casa joyera Yvel— para un multimillonario chino. Está hecho de 250 gramos de oro puro de 18 kilates y tiene más de 3,600 diamantes naturales, ¡vale aproximadamente 1.5 millones de dólares!

 Los Grammy 2021

A pesar de que la pandemia no ha terminado, este año la alfombra roja recibió —con ciertas restricciones y medidas de higiene— a los nominados al Grammy, quienes lucieron sus mejores atuendos, complementados con el diseño de sus mascarillas.

Taylor Swift, Billie Eilish y Harry Styles robaron cámara al combinar su cubrebocas con el resto de su outfit. Beyoncé también combinó el tapabocas con su ropa, pero de manera más discreta. Swift, quien por tercera vez ganó el Grammy a Álbum del año, usó un cubrebocas bordado con flores, con un diseño que se acopló al de su vestido.

Taylor Swift y Harry Styles en los Grammy 2021.

Así fue como el cubrebocas, que en un principio tuvo la única finalidad de protegernos del COVID-19, se convirtió en un glamuroso accesorio con miles de diseños en todo el mundo, además de sacar de la crisis económica a empresas y emprendedores.

XKCD: romance y matemáticas explicados con monitos

Por allá de los prehistóricos años 90 y el principio de los 2000, internet era el gran reino de los nerds. Esa fue la época en que nacieron los webcomics: en un principio solo fueron garabatos compartidos con amigos en correos, pequeñas webs personales y foros, pero con el tiempo crearon sus propios lenguajes, nichos y formatos, madurando a la par de sus creadores y logrando fandoms que, en no pocos casos, los han mantenido activos durante décadas, como los longevísimos Penny Arcade y PVP.

Bolitas, palitos y otras complejas ecuaciones

De los “casos de éxito” que podemos encontrar en ese mundo salvaje y surreal del webcomic, el de xkcd es el más extraordinario: detrás de la aparente simpleza de sus monigotes se esconde un universo de filosofía, cultura y divulgación de la ciencia donde no hay pregunta demasiado extraña ni tema en exceso enrevesado como para que su creador, un experto en robótica que trabajó para la NASA, no pueda responder con humor, asombro y cierta dosis de sano sarcasmo. 

Mi código está compilando. Fuente: xkcd

El genio detrás de la pantalla es Randall Munroe, que un día por ahí del 2005, cuando todavía era estudiante de física en la universidad de Virginia, se puso a escanear los dibujitos que hacía durante sus clases, decidiendo subirlos a su web personal. En pocos años, bajo el nombre de xkcd —no es un acrónimo, sino “una palabra sin pronunciación fonética, un punto atesorado y cuidadosamente guardado en el espacio de la secuencia de cuatro caracteres”— alcanzó millones de lectores mensuales, volviéndose uno de los íconos de la cultura de internet. 

El sentido de la vida, el universo y todo lo demás (según Randall)

Ahora, el sitio oficial aloja más de 2 mil tiras. Publicando varias veces por semana, Randall abarca temas como el cambio climático, los problemas del soporte técnico, los fundamentos de la fuerza centrífuga, el sutil enlace entre las magnitudes físicas y las relaciones amorosas o los problemas de coleccionar libros, además de numerosos juegos narrativos que empujan los límites de lo que los medios digitales pueden hacer.

Paneles principales de “Click and Drag”. Fuente: xkcd

 

Entre los ejemplos más notables de esta experimentación está “Click and Drag” de 2012: parece compuesta por cuatro paneles finitos, sin embargo, al hacer clic y arrastrar el interior del panel mayor, se descubren decenas de historias escondidas: algunas son hilarantes, otras tristes, en la mayoría hay una cierta melancolía. Ya desde el lejano 2007, Wired decía sobre el trabajo de Randall: “(…) muestra el lado humano de la cultura geek (….) el cómic es en sí mismo un lenguaje, una forma en que las personas que no tienen experiencia en hablar sobre sus emociones pueden articularlas”. 

Consejos científicos absurdos para problemas reales

Todos los cómics de Randall parten de la curiosidad, de las preguntas básicas del pensamiento científico: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿qué pasaría sí…? A la fecha, estas cuestiones han generado tres proyectos aledaños: 

  • What If?: Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions (2014) que partió de la idea de, cada semana, abordar una pregunta “absurda” con el mayor rigor científico posible, ya fuera “¿cuántos legos se necesitan para construir un puente que lleve tráfico de Londres a NY? o, ¿qué pasaría si tuviéramos solo un “alma gemela” en todo el mundo? 
Construcción con legos. Fuente: SFM News
  • Thing Explainer: Complicated Stuff in Simple Words (2015), donde, usando solo dibujos y un vocabulario de las mil palabras más comunes del idioma inglés, explica cosas cómo el funcionamiento de las células —o, según dice el libro “las bolsitas de agua de las que estás hecho”—.
  • How To: Absurd Scientific Advice for Common Real-World Problems (2019), la guía de autoayuda más científica e inútil del mundo, donde puedes aprender a tomarte una selfie con un telescopio o cómo ahorrarte la cuenta de la luz, sustentando la energía de tu casa con el tejido del espacio-tiempo (no te preocupes mucho si lo rompes en el proceso).
“El problema con los científicos es que ven maravilla y belleza en todo”. Fuente: xkcd

Quizá la mayor contribución de Randall no sean solo sus libros, su maravilloso webcomic o el haber descubierto cuánto poder de la fuerza puede manejar Yoda (haciendo caso omiso de las precuelas, claro), sino el haber demostrado que incluso las preguntas más raras pueden llevarte a planteamientos interesantes, y que para hablar de asuntos difíciles, ya sean matemáticas, lenguajes de programación o relaciones amorosas, el mejor camino es mezclar la ciencia con mucho humor. 

Arkham Asylum: el lugar donde viven las cosas retorcidas

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Mucho se ha hablado recientemente acerca de aquellas historietas protagonizadas por Batman las cuales representan lo más selecto y destacado dentro del Noveno Arte.

Sin embargo, parece que muy pocos recuerdan a una auténtica obra maestra del formato secuencial la cual, gracias a su naturaleza absolutamente obscura y enervante, se alza como una de las piezas más poderosas de la historia del cómic.

Me refiero a la corrosiva Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth, historieta editada en el año de 1989.

Escrito por Grant Morrison, este tomo nos presenta una dramática situación en la que el personal del macabro Asilo Arkham ha sido secuestrado por una pandilla de reclusos liderados por el Joker.

A cambio de dejar libres a los rehenes, estos criminales desequilibrados exigen que Batman pase una noche dentro de las instalaciones del sombrío manicomio.

Uno de los aspectos mejor logrados de este título es su macabra atmósfera, misma que se aleja de pasividades para presentarnos un relato que se instala de manera firme en el género del terror.

Experimento que le devuelve al hombre-murciélago esa aura transgresora que, a lo largo de los años, lo ha transformado en el personaje más entrañable de DC.

Por otra parte, el arte implementado por Dave Mckean (dibujante al que le debemos algunas de las portadas más representativas de The Sandman) termina por dotar al texto de una estética que se debate entre lo onírico y lo perturbador.

Arkham Asylum es una lectura obligada para todos los que deseen sumergirse en una de las facetas más obscuras de Bruce Wayne.

 

 

 

From Hell: el diablo camina por las calles de Londres

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Durante el año de 1888, el distrito londinense Whitechapel fue el escenario de una oleada de tórridos asesinatos que escandalizaron notablemente a la opinión pública a causa de su salvaje naturaleza.

Estos turbios acontecimientos, que generalmente involucraban a mujeres prostitutas, fueron adjudicados al infamemente célebre Jack el Destripador, asesino en serie cuya identidad continúa siendo un misterio hasta nuestros días.

Alan Moore, aclamado autor detrás de grandes clásicos del arte secuencial como WatchmenV for Vendetta The Killing Joke; reunió esta serie de acontecimientos en una obra de ficción que destaca como uno de sus trabajos mejor logrados: From Hell (1991).

Mediante una visión sumamente documentada y veraz de la Londres de finales del Siglo XIX, Moore nos ofrece un pabellón de personajes cuyas vidas transcurren en medio de un dantesco contexto donde la violencia, las logias ocultistas, el racismo y la desigualdad social son los principales ingredientes.

Mismo momento histórico que se vuelve el receptáculo perfecto para un cúmulo de conspiraciones que darán como resultado el surgimiento de Jack el Destripador.

El dibujante Eddie Campbell es el encargado de darle vida a esta historia mediante un arte sumamente sombrío e intrigante que nos remite a algunos de los momentos más destacados del género negro.

Estilismo que también se vuelve un homenaje a los Penny Dreadfuls (periódicos de nota roja ilustrados con grabados) que eran tan comunes durante el Siglo XIX.

El horror de toda una época se nota plasmado de forma implacable a lo largo de delirantes capítulos que sumergen al lector en una atmósfera de misterio e inquietud que deja en claro porque Alan Moore es uno de los autores más elogiados dentro del Noveno Arte.

From Hell es una evidente muestra de la potencia literaria y artística que se esconde detrás del formato secuencial; mismo logro que hace de esta pieza una de las novelas gráficas más impresionantes de todos los tiempos.

Akira: el capítulo más glorioso del cyberpunk

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La ciencia ficción es uno de los géneros más complejos y amplios dentro de la narrativa de carácter fantástico; fenómeno que se debe principalmente a ese infinito caudal de matices que distintos autores han cultivado a lo largo de su historia.

Es dentro de las ramas más transgresoras de este tópico que nos encontramos con el cyberpunk, estilo que aborda, de manera agresiva, delirantes aspectos de la condición humana.

Akira, historieta creada por el inimitable Katsuhiro Otomo, es uno de los principales pilares de este fenómeno.

Surgida en el año de 1982, esta larguísima producción (sus publicaciones se mantuvieron vigentes por cerca de ocho años) es una auténtica obra maestra del arte secuencial que conjunta narrativa envolvente con arte sobrecogedor.

Esta pieza nos introduce en la ciudad futurista de Neo-Tokyo; escenario donde un par de amigos pandilleros (Kaneda y Tetsuo) subsisten en medio de la violencia, el hartazgo y la desolación.

La relación entre ambos personajes se verá rota de tajo cuando Tetsuo descubra sus descomunales poderes telepáticos, mismos que lo llevarán a convertirse en una auténtica amenaza para la humanidad.

El arte gráfico cultivado por Otomo es simplemente apabullante, logro que es fruto de ese exquisita mezcla que propone entre estilismo futurista y ánimo callejero.

Asunto al que se suma una compleja y entrañable trama que aborda, tanto metáforas de la sociedad contemporánea, como asuntos mucho más personales donde la psique humana deja al descubierto su naturaleza más honesta.

Al mismo tiempo, la sombría visión característica del cyberpunk se vuelve motivo de análisis gracias a un discurso donde el cuerpo humano se ve intervenido irremediablemente por los esbirros de la tecnología.

Akira es una obra que, a pesar del paso del tiempo, continúa destacándose como una joya del arte moderno; mismo asunto que se volvió doblemente evidente gracias a su impresionante adaptación fílmica (1988), también dirigida por Katsuhiro Otomo.

 

Blacksad: animales viviendo el drama del género negro

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El género negro no es un tema nada nuevo dentro del Noveno Arte; inclusive, podría decirse que su presencia es uno de los tópicos más antiguos del formato secuencial.

Sin embargo; existen pocas obras que realmente logran capturar la esencia más visceral del estilo detectivesco para llevarlo hacia terrenos sumamente novedosos y enriquecedores.

Entre este excepcional cúmulo de creaciones nos encontramos con Blacksad, historieta la cual, escrita por Juan Díaz Canales y dibujada Juanjo Garnido, se destaca como una obra maestra del arte contemporáneo.

El héroe de esta saga es John Blacksad, un gato antropomorfo quien hace las veces de detective en un exuberante contexto que transcurre en la Norteamérica de los cuarenta.

Como es de esperarse, la vida de Blacksad se ve constantemente asediada por misterios e intrigas; mimo fenómeno que se nota recrudecido gracias a la presencia de múltiples personajes los cuales conforman un entrañable mosaico de personalidades.

Más allá de las cautivadoras historias hilvanadas por Díaz Canales a lo largo de los cinco tomos que conforman la colección de Blacksad, no cabe duda de que el mayor atributo de esta saga son los diseños y dibujos de Juanjo Guarnido; mismos que ostentan una serie de texturas y matices que parecen sacados del arte plástico más sofisticado.

Al mismo tiempo, el empleo de personajes zoomorfos da como resultado un peculiar fenómeno donde los rasgos característicos de los animales se vuelven un vehículo por medio del cual la expresividad más humana aflora de manera contundente.

Presentando una desbordante estética que parece una cruza entre Fritz the Cat y Sin CityBlacksad es una auténtica joya del Noveno Arte; mismo asunto que reitera esa desbocada magia que perdura en la narrativa de carácter detectivesco.

 

 

 

 

Black Hole: de la adolescencia y sus horrores

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El horror corporal es un subgénero el cual, a causa de su poderosa carga dramática, se vuelve una acertada herramienta al momento de indagar en los aspectos más complejos de la naturaleza humana.

El escritor Charles Burns nos ofrece un claro ejemplo de este asunto con su aclamada novela gráfica Black Hole.

Instalándonos en la década de los setenta, esta trama nos presenta a un grupo de adolescentes cuyo despertar sexual se ve ensombrecido a causa de una enfermedad venérea que transforma a sus portadores en seres notablemente deformes.

Es de esta forma que el cuerpo humano se torna un lienzo por medio del cual el autor materializa una serie de pavorosas mutaciones que no son más que una representación del malestar existencial que suele aquejar a los individuos durante el doloroso recorrido hacia la madurez.

Los cambios físicos sufridos por los protagonistas no son más que una metáfora de la naturaleza trágica de la condición humana; misma que se hace doblemente evidente en un mundo reinado por el distanciamiento y la indiferencia.

Al mismo tiempo, Burns nos ofrece una reflexión acerca de esos procesos que transforman a las nuevas generaciones en auténticas “monstruosidades” frente a los ojos de su sociedad progenitora.

Asunto en el que la indefensión de los adolescentes ante sus propios impulsos se alza como un fenómeno que concluye con la destrucción física y emocional del individuo.

La narrativa onírica cultivada en Black Hole se ve apoyada mediante una estética en blanco y negro que termina por sumergir al lector en una atmósfera obscura e intrigante.

Valiéndose de las posibilidades del arte grotesco, Charles Burns nos ofrece un conmovedor relato el cual, a pesar de su naturaleza fantástica, puntualiza conflictos que todo ser humano ha experimentado alguna vez durante su peregrinar por este mundo.

Deadly Class: ser joven y morir en los tiempos de Reagan

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Los códigos morales, a pesar de su omnipresencia dentro de nuestra sociedad, no cuentan con algún tipo de valor físico que pueda comprobar su relativa existencia.

En sus escritos más transgresores, Albert Camus aseguraba que la moral es una fantasía inasible; un sistema que se torna inútil ante la pluralidad de la vida cotidiana y, en el peor de los casos, un herramienta de la que generalmente se vale el Estado para regular el comportamiento de una determinada población.

Tomando como punto de partida esta escandalosa idea; Rick Remender, autor de varias de las obras más sorprendentes del Noveno Arte contemporáneo, se dio a la tarea de hilvanar una historieta que lleva a nuevos niveles el concepto de nihilismo.

Deadly Class es un cómic protagonizado por Marcus, un muchacho huérfano y sin hogar quien subsiste de forma precaria en las calles de San Francisco; ciudad que se ve contextualizada en el mandato de Ronald Reagan.

La vida de nuestro personaje principal da un súbito cambio cuando éste es acogido por un colegio secreto el cual tiene como misión formar a los asesinos más certeros del mañana; una especia de Hogwarts que, en lugar de enseñar hechicería, imparte efectivas técnicas de homicidio.

Este controversial argumento se ve rematado mediante la presencia de una serie de personajes (todos descendientes de mafiosos y pandilleros) quienes, de una forma sumamente vívida, retratan el hartazgo, el desconcierto y la rabia de toda una generación que despertaba a los albores de la posmodernidad más salvaje.

A lo largo de este texto, la moral se torna un experimento que se encuentra en constante cambio, evolucionando hacia distintos términos que anuncian esa relatividad e incertidumbre que son la verdadera esencia de la civilización humana.

El homicidio, asunto que es plenamente condenado en nuestra sociedad, se ve abordado a través de múltiples perspectivas que hacen del tabú todo un divertido despliegue de posibilidades.

Un fenómeno al que se suma el desbordante arte de un Wes Craig quien hace de cada página una auténtica obra maestra, digna de ocupar un lugar de honor en un museo de arte contemporáneo.

Valiéndose de un ánimo tremendamente estimulante, Deadly Class nos invita a sumergirnos en un mundo donde la ética nos es más que la rehén incómoda de unos adolescentes que le han declarado la guerra a los valores más caducos de su sociedad.

 

 

Daytripper: la caducidad humana como lienzo artístico

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No cabe duda de que la muerte es la única certeza que rige la existencia de los seres humanos; una máxima que, nos guste o no, habrá de alcanzarnos a todos algún día.

Esta noción, a pesar de la ansiedad que es capaz de producir en cualquier individuo, es la misma característica que le da verdadera importancia a nuestra experiencias terrenales.

La vida es un gozo que nos apresuramos a disfrutar porque, tristemente, estamos conscientes de que éste no será eterno.

Este es el principal rasgo filosófico de Daytripper, excepcional novela gráfica creada por los brasileños Fábio Moon y Gabriel Bá.

Conjuntando un arte cálidamente seductor y una llamativa historia “no lineal”, esta obra nos acerca a la vida del aspirante a escritor Brás de Oliva Domingos, personaje que se vuelve el instrumento por medio del cual los caprichos de la vida y la muerte quedan fundidos en una cotidianeidad ensoñadora.

Cada capítulo de esta joya del arte secuencial nos presenta una etapa aleatoria en la vida de Brás; apartado que siempre concluye con la muerte del protagonista a manos de distintas e insalvables circunstancias.

Haciendo un osado uso de la narrativa plástica y de tintes hipotéticos, Moon y Bá construyen un experimento argumental donde el día a día se proclama como un caudal de pequeñas maravillas que constantemente se ven acechadas por los esbirros de la muerte.

Fenómeno al que se suma el azaroso paso del tiempo el cual, a pesar de su ilimitado abanico de posibilidades, nos conduce, paulatina e invariablemente, a nuestro encuentro con la parca.

Sin embargo, lejos de fungir como un lamento ante este asunto, Daytripper se alza como una celebración de ese sinsentido que transforma a la existencia humana en una aventura digna de atravesarse.