Cupido-Eros y sus flechas de amor

¿Te ha pasado que cuando estás a lado de esa persona especial que “te mueve el tapete” el corazón se te acelera, sonríes más de lo normal, te llenas de una intensa energía y pareciera que los días fueran más dulces? Bienvenido al enamoramiento, ¡has sido flechado por el mismísimo Cupido!

Y ojo, no estamos hablando del amor, porque eso ya es otra historia, pero el día de hoy te compartiremos el mito de ese niño alado que flecha a las parejas a su antojo.

¿De dónde salió Cupido?

La historia de Cupido tiene miles de años en el mundo, pero hay diversos mitos respecto a su origen, algunos de los más conocidos son:

  • Según los griegos, Cupido es en realidad Eros, dios del amor y del deseo sexual y es hijo de Afrodita (diosa de la belleza y el amor) y Ares (dios de la guerra). Ahora entendemos de donde viene su intensidad.
  • En la mitología romana, se aseguraba que Cupido era hijo de Venus (la Afrodita de los griegos) y de Marte (o sea, Ares).
  • De acuerdo con Virgilio, Cicerón o Séneca, fue concebido por una mezcla de amor, noche y sombras realizada por Júpiter (principal dios de los romanos). Según esta versión, Cupido reflejaba el deseo, las pasiones, los caprichos e incluso las violencias que podemos desbordar los seres humanos.

A pesar de los diferentes mitos respecto a su nacimiento, todos coinciden en que Eros llevaba dentro de sí una mezcla de belleza y violencia, lo carnal y lo material, la riqueza y la pobreza. Además, se dejaba arrasar por sus pasiones y emociones, olvidándose muchas veces de la razón.

Cupido y sus flechas. Tomada de Tenor.
Atravesando corazones

La historia de Cupido supera hasta a los mejores cuentos de Disney. Se dice que le gustaba pasear por el bosque, en donde un día encontró ramas de madera de un fresno recién caído y con ellas hizo su propio arco y flechas. Todo comenzó como un juego, pero poco a poco fue perfeccionando sus disparos hasta volverse un experto.

Tiempo después, su madre se dio cuenta de su gran habilidad con los tiros y le regaló un arco de oro y flechas con puntas diferentes: unas con punta de oro y plumas de paloma y otras con punta de plomo y plumas de búho. Junto con ese regalo, le dio una tarea que él aceptó gustoso: se encargaría de disparar esas flechas directo al corazón de los seres humanos, las de oro serían para unir a aquellas personas que merecieran estar juntas en pareja y las de plomo provocarían olvido e ingratitud en los corazones de quienes lo necesitaran. Aquellas flechas eran tan poderosas que incluso hacían efecto en los dioses más fuertes.

Cupido también se enamoró

En este mito no pudo faltar algo muy común en las historias intensas: los celos y la envidia. De acuerdo con el mito griego, Afrodita, mamá de Cupido, envidiaba la belleza de Psique —una princesa que vivía en el mundo de los mortales— y por eso, mandó a su hijo a la Tierra con la misión de hacerla enamorarse del hombre más feo, hostil y despreciable del mundo.

Eros iba a cumplir el deseo de su madre, pero al mirar a la princesa se enamoró profundamente de ella y tiró al mar la flecha que iba destinada a Psique. En ese instante, Cupido dejó de ser solo un niño para transformarse en un joven. Tomó a Psique entre sus brazos y se la llevó a su palacio para vivir con ella, la princesa aceptó porque días atrás el oráculo ya le había predicho ese destino. Él le puso como única condición que nunca lo mirara directamente al rostro, porque una mortal no podía ver a un dios.

Eros: el eterno insatisfecho. Tomada de: VEIN Magazine.
La tentación que venció a Psique

La pareja vivió feliz por un tiempo, pero llegó el día en que Psique ya no pudo aguantar la curiosidad de conocer el rostro de su amado y rompió la promesa que había hecho. Cupido se sintió traicionado y la abandonó, no sin antes decirle: “el amor no puede vivir sin confianza”.

Para recuperar el amor de Eros, Psique acudió a su suegra Afrodita, quien le encomendó cuatro difíciles retos, uno de ellos consistía en bajar al inframundo y guardar en un cofre un poco de la belleza de la diosa Perséfone para dársela a ella. Psique no pudo evitar la tentación y de regreso del viaje abrió el cofre para volverse más bella, esa terrible decisión la hizo caer en un sueño profundo parecido a la muerte.

Pero este no fue su fin, porque Cupido la seguía en secreto y quedó enternecido al ver todo lo que ella había luchado por recuperarlo, la despertó de su sueño y pidió a Júpiter que la convirtiera en una diosa para poder casarse con ella sin temor. Al final el dios aceptó y tiempo después, de la unión entre la pareja nació Hedoné (la encarnación del placer, la sensualidad y el deleite).

Ahora que conoces más sobre Cupido, ya puedes echarle la culpa por su mala puntería o agradecerle por haber flechado tu corazón en el momento indicado.

Días sin ti: la importancia de resignificar los adioses

Cuando conocí la poesía de Elvira Sastre quedé atrapada en la manera en que plasmaba en versos la mezcla de emociones que desata un vínculo amoroso y la melancolía que deja tras de sí la pérdida de un ser amado, junto con todas las sensaciones que se experimentan a lo largo de un duelo. Leer Días sin ti (2019) —la primera novela de esta autora— fue igual de placentero, porque además de que su trama atrapa, la prosa poética en que es narrada envuelve hasta al lector más exigente.

Cruce de historias: dos amores frustrados

En Días sin ti se narran dos historias a la vez, la de una abuela y su nieto. Por un lado, se cuenta la vida de Gael, un joven escultor con una sensibilidad especial, quien al esculpir la figura de una enigmática modelo (Marta) y tras conversar con ella termina enamorándose y viviendo una relación amorosa que lo llevará a aprender más de sí mismo, de lo efímero de los momentos y de la importancia de soltar.

Tomada de Pinterest.

Por otra parte, la novela muestra fragmentos de las cartas que la abuela Dora le escribió a Gael, en ellas cuenta sus vivencias al lado de su marido y su hijo. Narra que la relación con el abuelo estuvo llena de amor, ternura, comprensión y un estrecho compañerismo. Pero esa unión feliz terminó con la Guerra Civil Española porque ahí le arrebataron la vida a su marido, dejando a Dora devastada; sin embargo, a pesar de las heridas gradualmente pudo resignificar su muerte.

“Tu abuelo me hizo sentir tanto que su hueco, esa parte de mí que le di y que le pertenece, sigue lleno. (…) Te voy a decir una cosa, cariño, que he terminado por comprender: solo la vida puede acabar con el amor. La muerte, nunca.”

¿Esculpimos al otro a nuestro antojo?

Uno de los puntos que constituye la trama de la vida de Gael es la metáfora de esculpir/construir a una persona; el protagonista va formando desde su perspectiva una Marta hecha en parte desde su mirada, desde sus propios anhelos e historia de vida.

Las versiones de la estatua de Marta van cambiando al igual que sus sentimientos por ella. Así, vamos descubriendo los cambios que aparecen ante los ojos de Gael, desde el momento en que se encuentra bajo los efectos del enamoramiento y solo ve sus cualidades, hasta tiempo después de la ruptura, cuando ocurre una metamorfosis en la manera en que la percibe.

“Si hay algo peor que olvidar a quien amas es amar a alguien que ya no existe. (…) Ahora Marta era otra, ni mejor ni peor, sino diferente, tal vez porque yo ya no la miraba igual y veía en ella cosas desconocidas hasta entonces.”

Tomada de WiffleGif.

A lo largo de la historia de Gael y Marta, Sastre nos sumerge en un trayecto que va desde la ternura y pasión del inicio de un vínculo amoroso —sin caer en el típico cuento de hadas con final feliz— hasta llegar a un camino que todos en algún momento hemos transitado: las dolorosas pero necesarias despedidas. Nos lleva a reflexionar sobre lo sublime pero efímero que es todo en la vida y en lo necesarios que son los cambios para nuestro crecimiento personal.

Busca el latido

Las cartas de Dora están llenas de aprendizajes que quieres marcar con post-its para reflexionarlos a profundidad más tarde. En ellas, además de plasmar su pasión por su profesión como maestra y la importancia de ir tras aquello que nos mueva las fibras más profundas, sin saberlo, también deja a su nieto las claves para sobrellevar el truncamiento de un amor.

“Busca el latido. Esa frase que tanto me repetía mi abuela quedaría para siempre grabada en todas y cada una de mis decisiones.”

El entrecruce y la similitud entre las experiencias de Gael y Dora son esa mezcla cómplice que hace que las páginas de Días sin ti sean un remanso de comprensión y aprendizaje para quienes se encuentran atravesando la pérdida de un ser querido —no necesariamente una pareja— o deseen reflexionar más acerca de los duelos. Y es que este libro no solo nos enseña las heridas abiertas de los adioses, sino también el camino a la sanación después de estas, la importancia de resignificarlas y recuperarse a uno mismo.

Así escriben los que escriben

Solemos pensar que, como la literatura es una expresión artística, el escritor se sienta a esperar a las musas y se pone a escribir cuando “la inspiración le llega”. Esto no pasa. O sí, pero en contados casos. 

Para los hombres y mujeres que viven del oficio literario, escribir viene acompañado de horarios, rutinas, sudores, supersticiones, manías e inseguridades y la anhelada inspiración los alcanza trabajando. Aquí algunas costumbres de reconocidos escritores: 

Más temprano que tarde

Levantarse temprano es más una regla que una excepción y lo que hacen la mayoría de los autores más premiados: Carlos Fuentes e Isaac Asimov empezaban todos los días a las seis, Ernest Hemingway y Susan Sontag al amanecer, Haruki Murakami y Silvia Plath a las cuatro de la mañana, Kurt Vonnegut a las cinco y media, William Gibson y Goethe a las siete, como parte de una larga lista.

Inspiración. (Tomada de Gif Animados)

Casos contrarios: Simone de Beauvoir se levantaba de malas y comenzaba a escribir hasta las diez. Roberto Bolaño, Honoré de Balzac y Charles Bukowski eran noctámbulos. Por último, Juan Carlos Onetti, quien solo trabajaba cuando las musas lo abordaban, pasó largos periodos de su vida acostado y leyendo  novelas policiacas.

Andando y creando

No son pocos los escritores que dan largas caminatas. Puede que sea por gusto, pero estudios científicos revelan que caminar aumenta la producción creativa. Así que tal vez por eso Charles Dickens, Virginia Woolf, obert Louis Stevenson y otros autores caminantes escribieron tantas páginas durante sus carreras literarias. Y ni qué decir de Murakami, que condimenta su mínimo de seis horas diarias escribiendo como poseso con largas carreras.

Caminata. (Tomada de Pinterest).
Maniáticos

¿Cuál manía será más extraña? Gabriel García Márquez no podía concentrarse si no había en su escritorio un jarrón con una rosa amarilla. George Bernard Shaw se construyó una cabaña sobre un mecanismo giratorio para que el sol pudiera iluminar su ventana todo el transcurso del día. Victor Hugo escribió un par de novelas… desnudo, para no caer en la tentación de salir a la calle. Otro romántico, Friedrich Schiller, se inspiraba con aroma a manzana podrida. Había quienes exigían silencio absoluto y cero interrupciones para “dejar salir el genio”, como Juan Ramón Jiménez y Roald Dahl. 

Pero quizá T.S. Eliot les ganó a todos al ponerse maquillaje ¡verde!, según él para mostrar un semblante cadavérico y demostrar que podía ser un escritor audaz y rebelde.

Gabriel García Márquez . (Tomada de LeerMx)
Supersticiosos

Se dice que Jack Kerouac todos los días antes de empezar a escribir, se ponía de rodillas y rezaba. Scott Fitzgerald —más que nada para justificar su alcoholismo— redactaba de noche bebiendo champaña. Ana María Matute jamás escribía de espaldas a una puerta. Hemingway no trabajaba sin tener a mano un amuleto, y es cierto que escribía de pie, pero no por supersticioso, sino para aliviar el dolor de una vieja herida en la pierna.

Revisar, revisar, revisar

Siguiendo con Hemingway, era un maniático de las revisiones y releía y corregía sus obras más de treinta veces. Patricia Highsmith consideraba las correcciones más importantes que la escritura en sí, y dedicaba las tardes a revisar y reescribir el trabajo de las mañanas. Simone de Beauvoir también pasaba unas horas al día solo revisando y corrigiendo. Murakami es tan obseso de las revisiones como de correr. Y así muchos otros.

Correcciones. (Tomada de Tenor).

Sean cuales sean los hábitos y las manías, lo más importante es no parar, sobre todo si se está en pleno desarrollo de una obra, o como lo hacía Ray Bradbury, que escribía a diario sin falta, sin importar el sitio o las condiciones de trabajo. Para él, eso significaba hacer lo que más amaba desde que el mago de una feria lo señaló con una espada de fuego y le dijo, “vive por siempre”:

“Descubrí que tal vez podía vivir por siempre si me convertía en escritor. Así que he estado escribiendo cada día desde esa vez en Tucson, Arizona. En los últimos 75 años nunca he dejado de escribir.”

La llegada de los seres infernales

Andrés despertó angustiado, entre escalofríos, como si las sombras con las que acababa de soñar lo persiguieran, afuera una rama repiqueteaba en su ventana y de pronto parecía como si a los árboles les hubieran crecido garras; pero no era así, ¡otra vez había sido esa maldita pesadilla que lo acechaba en las últimas noches y que lo dejaba sin ganas de seguir durmiendo!

Prefirió salir de la cama, vestirse y dar una vuelta por la bahía, anhelaba respirar el aire fresco sin importar que fueran más de las tres de la mañana. Las calles estaban desiertas y solo se escuchaba el murmullo del mar.

Caminó aún adormilado hasta llegar a la playa; a lo lejos, bajo unas rocas, le pareció distinguir la entrada a una cueva, estaba sorprendido pues no recordaba haberla visto antes. La curiosidad le ganó y sin pensarlo dos veces entró en aquel lugar, alumbrando el camino con la lámpara de su celular.

Después de dar algunos pasos, escuchó en su oído una voz de ultratumba que le susurró: “¡retrocede!… aún estás a tiempo”. El chico se quedó impávido, la piel se le erizó por un instante, volteó, pero no había nadie. Pensó que ver tantas películas de terror le estaba afectando, seguramente todo era producto de su imaginación, así que continuó su camino.

Al adentrarse todavía más en la cueva, lo deslumbró una luz que salía del piso con mucha fuerza, por algún extraño motivo su corazón comenzó a latir con violencia, sentía que estaba a punto de descubrir un gran secreto o que se acercaba a algo que era parte de su vida…

Cuando por fin pudo asomarse al sitio de donde provenía la luz, Andrés encontró un piso transparente de varios metros de largo, abajo se veía claramente todo lo que ocurría dentro de una casa, al mismo tiempo se escucharon murmullos y risas burlonas que no parecían de este mundo. Pero no fue eso lo que lo aterró por completo, sino la escena que miró detalladamente: se vio a sí mismo dormido en su casa, mientras alrededor de su cama unos seres oscuros, con rostros de cabra y ojos rojos, absorbían su alma deleitándose con ello. El otro igual a él, se retorcía en el lecho entre sudores fríos y una inmensa desesperación.

Pensó que seguramente estaba envuelto en otra de sus pesadillas, pues aquello no podía ser real, pero en ese mismo instante sintió una mano huesuda posándose en su hombro y una voz metálica le dijo: “eres afortunado… pocos pueden presenciar el momento de su muerte desde lejos y saber que, son los seres demoniacos quienes les han robado el alma y la energía para alimentarse de ellas…” El cuerpo del joven no dejaba de temblar y armándose de valor, volteó a ver al dueño de esa horrible voz, pero era mejor no haberlo hecho, porque el rostro que estaba frente a él, era el de su hermano fallecido, pero terriblemente desfigurado y con las cuencas de los ojos vacías.

Andrés soltó un quejido de horror que resonó en toda la cueva y en toda la calle de su vecindario. En ese instante cayó desplomado, los demonios festejaron su triunfo, pues un alma más se uniría al infierno para penar a su lado.

El grito de ultratumba despertó a toda la colonia, un hedor a azufre salió a raudales. Andrés yacía muerto en su lecho, soñando que descubría una cueva a la orilla del mar….

 

 

El Libro de los muertos: la última aventura

Para los antiguos egipcios, la muerte era mucho más que un fin: antes de alcanzar el Paraíso, el fallecido tenía que correr una variedad de aventuras que se pueden observar en imágenes, así como los conjuros para vencer las “adversidades post mortem”, en el ancestral Libro de los muertos. Aquí algunos datos curiosos acerca de él.

“¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!” Libro de los muertos.

El origen del misterioso libro
  • Si nos atenemos a la traducción literal, en realidad se llama Libro de la salida al día, una metáfora sobre la vida después de la muerte. Recordemos que los egipcios le rendían culto al sol y creían que al morir se unían a él en su diario recorrido del día a la noche. 
  • El título por el que lo conocemos actualmente se le debe a uno de sus traductores, el egiptólogo alemán Karl Richard Lepsius, quien lo estudió en el siglo XIX.
  • Se calcula que este conjunto de sortilegios se utilizó desde el 1650 a.C. hasta el año 60 a.C. 
  • En un principio solo los miembros de la nobleza tenían acceso a él; después su uso se extendió a los adinerados que podían darse el lujo de adquirir un ejemplar y poco a poco las demás clases sociales pudieron conseguirlo, aunque fuera en forma de copias de mala calidad. Lo importante era dejar cerca del muerto esas instrucciones para que pudiera alcanzar el Inframundo, equivalente al Paraíso de los cristianos. 

“Mi boca es abierta por Ptah,  las ataduras de mi boca son soltadas por el dios de mi ciudad.”  Libro de los muertos.

El oscuro viaje después de la muerte
  • Según los antiguos egipcios, la aventura de la muerte comienza con el ritual de la apertura de la boca, que realizaba el sacerdote durante el funeral. Consiste en “abrir” los ojos, la boca, los oídos y la nariz del difunto para que pueda iniciar su viaje al Más Allá.
  • Durante el viaje el muerto es acechado por seres terroríficos que tratan de impedir que llegue a su destino, pero gracias a los conjuros del Libro de los Muertos, puede adquirir poderes similares a los de los dioses y luchar contra estos enemigos.
  • Luego de esta lucha hay que cruzar un laberinto. El Libro de los Muertos revela cómo acceder a él por una de sus múltiples puertas.
  • Una vez cruzado el laberinto, el difunto llega a una sala donde están los dioses, que escuchan sus buenas y malas acciones en vida y le realizan un juicio pesando su corazón. Si este pesa lo mismo que la pluma de la justicia se salva; si no, se le considera impuro y recibe el castigo eterno.

“Me ha sido concedida la gran Corona Roja y salgo al día contra mi enemigo, para capturarlo, porque tengo poder sobre él.” Libro de los muertos.

La salvación
  • Para los que alcanzan la salvación comienza una nueva rutina, en un valle similar a aquel donde estuvieron en vida. Cada día se levantan con el dios sol, Ra, comen, beben y cultivan los campos para obtener sustento.
  • Los ayudan en su trabajo los ushebtis, estatuillas que los familiares depositaban en el sepulcro y que gracias a un conjuro del Libro de los muertos, cobran vida y se convierten en sus sirvientes.

Así es como los egipcios —los buenos egipcios—, después de su aventura alcanzaban una vida de trabajo reposada y sin dificultades. Hoy en día no estaría de más tener un Libro de los muertos para conjurar a los entes malignos del estrés, el desempleo y cosas peores que nos atormentan en la vida antes de la muerte.

 

La venganza de los Paketones

—¿Qué es eso?

—¿Qué?

¡Eso que se ve allá al fondo! Al costado del edificio blanco.

Ah, sí. Parece un Paketón.

¿Paketón? ¿Y eso qué es?

—Vámonos de aquí. Mientras más lejos de él mejor. Son entes virtuales que hace años nos pusieron por todas partes para que los viéramos con nuestros dispositivos electrónicos y los cazáramos.

Pero… lo estamos viendo con nuestros propios ojos y encima me dices que nos alejemos, ¿qué pasa?

Cuando estemos en un lugar seguro te cuento.

(Traslado a un lugar seguro)

—¿La vieja biblioteca donde trabajo te parece un lugar seguro?

Sí, es tan vieja que todavía tiene un archivero de fichas bibliográficas. Tú mejor que nadie sabes que al gobierno los libros no le importan y no destina presupuesto para estos edificios antiguos. Como aquí no hay ni una computadora tenemos ventaja porque los Paketones no se sienten atraídos al no detectar dispositivos tecnológicos.

Pero nosotros traemos celulares…

Sí, pero dos celulares en este edificio no emiten las suficientes ondas para atraer a los Paketones mientras los mantengamos apagados.

Está bien, te creo. Ahora sí, dime qué pasa.

“Hace unos setenta años (tú todavía no nacías) se lanzó al mercado un juego de realidad aumentada llamado Paketón Ve. Consistía en detectar paquetes-monstruo virtuales de colores que una aplicación previamente colocaba en el paisaje urbano. El jugador contaba con un arsenal para cazarlos, desde resorteras hasta balas de cañón. 

“Al principio fue toda una fiebre de cacería de Paketones, pero poco a poco pasó de moda, por lo que los creadores desarrollaron una nueva tecnología, esta vez los Paketones estaban a la vista de todos bajo la forma de hologramas, lo que produjo una nueva oleada de ‘matanzas’ de estos pobres entes.

“Entonces ocurrió la mutación. De pronto los Paketones comenzaron a ser… corpóreos. Era como si las partículas de luz emitidas por el láser atrajeran a los átomos a las imágenes holográficas de los Paketones y los cargaran de masa, con lo que pasaron de la virtualidad y se convirtieron en seres reales y al estar condicionados para ser asesinados, creyeron que ellos tenían que hacer lo mismo con nosotros y empezaron a atacar. 

“Las ondas electromagnéticas emitidas por los dispositivos electrónicos parecían darles energía y fuerza suficientes para arrojarse sobre cada ser humano que encontraban a su paso y aplastarlo. La masacre causada por los Paketones dio lugar al Gran Apagón, en el que prácticamente tuvimos que destruir el 99% de los dispositivos electrónicos para disminuir su poder y destruirlos, esta vez con armas reales.

“En menos de un año logramos eliminar a estos mutantes y como la historia es de los vencedores, para evitar una crisis económica de proporciones devastadoras se decidió borrar de los registros esta lamentable guerra y convencer a la humanidad de que los Paketones nunca habían existido. 

“Han pasado varias generaciones y ahora, a mis 94 años me doy cuenta de que los jóvenes de 50 como tú no tienen ni idea del verdadero origen del Gran Apagón, que todavía atribuyen a una crisis de energéticos debida a la catástrofe climática. Ya pocos guardamos memoria de esa guerra aberrante y absurda, de esa alteración de la realidad que nos sumió por unos meses en una pesadilla que no tuvo nada de virtual. 

“Pero esos pocos también sabemos que los Paketones no fueron erradicados por completo. Tal vez fragmentos de materia de la que se formaron flotan aún en el ambiente y de vez en cuando logran esculpir alguna de estas criaturas. Voy a encender mi celular unos minutos para notificar al Ministerio para que localicen y supriman al Paketón que acabamos de ver”.

(Estruendo a las puertas de la biblioteca)

¿Qué fue eso?

No sé.

¿Estás segura de que dos celulares no emiten las suficientes ondas para atraer al Paketón?

Creía que no pero ahora…

(La sombra es enorme, infinita. El silencio total)

Ciudad-seudónimo

Hay escritores que crean pueblos o ciudades de otros planetas. Hay autores que conciben universos o lugares imposibles dentro de la Tierra. 

Italo Calvino inventó ciudades-espejo, ciudades-deseo, ciudades-símbolo, ciudades-destino y muchas más de nombres exóticos y cualidades desafiantes en Las ciudades invisibles. J.R.R. Tolkien no solo creó pueblos, sino regiones inconmensurables atrapadas en la Tierra Media… y sus lenguajes. Y George R.R. Martin describe ciudades siempre en guerra en su serie Canción de hielo y fuego.

GRANDES CIUDADES LITERARIAS

Hay escritores que no inventan, recrean un sitio particular de nuestro mundo, un pueblo que ya existe y le dan vida nueva. A este pueblo le cambian el nombre, le extraen historias y personajes que lo cambian para siempre y lo vuelven famoso, universal, lo convierten en un pueblo mítico, literario, una zona que conocerán lectores de diversos lugares.

  • Así lo hizo William Faulkner con Lafayette, al que rebautizó con el enredado nombre de Yoknapatawpha County
  • Lo hizo también Marcel Proust cuando le puso Balbec a un lugar llamado en realidad Cabourg.
  • El Aracataca natal de Gabriel García Márquez se hizo famoso bajo el nombre de Macondo, tanto así que los mismos habitantes de este pueblo colombiano (los verdaderos, no la familia Buendía) han solicitado que se le cambie el nombre para ser oficialmente Macondo, siempre Macondo.
  • Juan Rulfo tomó el nombre de Comala, un pueblo de Colima, y lo trasplantó a un universo literario donde su Comala se parece poco al verdadero. Rulfo lo habita de fantasmas y los hace tatemarse en el calor del pueblo como si andarán sobre las brasas de una hoguera.
  • El Cuévano de Jorge Ibargüengoitia es fácil de identificar, en realidad es Guanajuato, pero el autor lo describe bajo seudónimo para ironizar la doble moral, las costumbres absurdas y la gente timorata.

Macondo, Comala y Cuévano, ciudades-seudónimo, existen, pero resultan más reales cuando son escritas por García Márquez, Rulfo e Ibargüengoitia y son reinterpretadas por cada lector a su manera.

 

Así nació El Principito de Saint-Exupéry 

¿Te imaginas ser un piloto aviador y poder recorrer diversas partes del mundo?, Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) lo era y muchos de sus viajes fueron la inspiración para convertir sus vivencias en literatura, como es el caso de obras como: El aviador, Vuelo nocturno y El Principito. Esta última, seguramente la has leído en algún momento de tu vida.  

El Principito es una de las obras más conocidas alrededor del mundo y aunque se ha considerado un libro para niños, la realidad es que sus temas como: la pérdida, la soledad, la muerte y el amor, son también para adultos.  

Las cartas en las que nació El Principito 

Fueron varias las causas que se juntaron para que su autor decidiera crear esta historia, una de ellas fue el impulso de sus amigos, a quienes les mandaba cartas en las que agregaba el dibujo de un hombrecito rubio con bufanda y cabello alborotado, era como su “alter ego infantil”, pues a través de él, expresaba las emociones que a su parte adulta le era difícil decir. Por eso, sus amigos lo animaron a que le diera vida a aquel simpático joven y lo hizo en el año 1942, dedicándose a realizar los dibujos en acuarela, así como a escribir la increíble historia del muchacho rubio.  

Encuentro entre el Principito y el aviador.

A su vez, Saint-Exupéry en varios momentos de su vida cayó en etapas de profunda tristeza y alcoholismo, — debido a que en Nueva York se sentía aislado, su vida en pareja era inestable y los exiliados franceses lo acusaban de colaborar con el gobierno de Vichy — por eso, buscó una manera de plasmar parte de su sentir y pensamientos.

“Es muy curiosa la desesperación. Necesito renacer”, escribió él.  

Así, por medio del Principito, el autor pudo recuperar a su niño interior y conmovernos por medio de su personaje, quien llora o se entristece por instantes, pero también conserva ilusiones, se ríe, aprende y muestra una gran fortaleza.  

El terrible accidente que dio origen a El Principito 

Otra de las situaciones en las que se basó el autor para dar origen a El Principito, fue el accidente que sufrió junto con su mecánico aviador André Prévot, cuando en uno de sus viajes aéreos, la avioneta en la que viajaban se estrelló en el desierto de Libia, increíblemente él y su compañero sobrevivieron al impacto; sin embargo, después de dos días, la poca comida y bebidas que llevaban (uvas, naranjas y vino)  se agotó, lo que provocó que Saint-Exupéry tuviera alucinaciones visuales y auditivas en las que se enfrentaban sus dos “yo”: el que daba todo por perdido y el que aún se aferraba a la esperanza. 

Saint-Exupéry como aviador.

Fue hasta el cuarto día cuando milagrosamente fueron rescatados por un beduino que iba en camello; así que, esta anécdota en la que casi pierden la vida, ha quedado claramente retratada en el libro.   

Los mensajes de libertad de El Principito 

Por otro lado, aunque la obra de Saint-Exupéry deja grandes lecciones en cuanto a la amistad, el amor y el dolor, al mismo tiempo, por medio de los viajes del Principito a varios planetas, el escritor plasma su visión sobre el mundo moderno y tecnológico en el que predominan las personas que han dejado a un lado la importancia de las relaciones humanas para centrarse únicamente en el deseo de obtener poder, reconocimiento y riqueza. A la vez, se refiere a la libertad, usando como ejemplo contrario a un dictador, fue por estos temas que su obra fue censurada durante la dictadura militar en Argentina. 

“No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domésticas, tendremos necesidad el uno del otro.”

Sin duda, El Principito es una obra que hace reflexionar a chicos y grandes, pues sus temas van más allá de lo que se lee a simple vista; así que, ahora ya conoces la historia del autor y de los motivos que lo llevaron a plasmar parte de sus emociones en voz del pequeño muchacho rubio.  

De patafísica y otras formas de ser creativo Parte I

Como generadores de marketing de contenido, tenemos la misión de estar siempre buscando alternativas para “exprimirnos el cerebro” y sacar todo el jugo a nuestra creatividad. El arte es una excelente opción para tener nuevas ideas y renovadas formas de expresarnos, así que echemos un vistazo a unos cuantos “locos positivos” que con sus propuestas artísticas han fascinado e influido a artistas, creativos y admiradores.

El inicio de todo

Todo empezó hace más de cien años con un tipo bastante original. Se trata del francés Alfred Jarry (1873-1907), quien durante sus 34 productivos años de vida escribió teatro, novelas, poesías y artículos literarios. Inventó un personaje que hasta ahora es bien reconocido en los circuitos artísticos, especialmente el teatral: el rey Ubu o Ubu roi.

Jarry tenía un sentido del humor burlón y excesivo que resultó genial para algunos y repulsivo para otros. Ubu es un monarca excéntrico que representa todos los vicios que puede conllevar el poder: corrupción, cobardía, abuso, y lo hace de forma tan exagerada que termina dando risa. Es una parodia de numerosos dictadores europeos que abusaron de su poder durante el siglo XIX e incluso antes.

Alfred Jarry en bicicleta.

A Alfred le encantó su creación, tanto que adoptó algunas características de Ubu, sobre todo beber absenta en exceso, lo que lo llevó a deslizarse por una espiral de excesos que lo dejó endeudado y enfermo. Aun así, la literatura de Jarry inspiró el teatro del absurdo, a los dadaístas y los surrealistas. Su obra póstuma también ha sido fuente de nuevas creaciones hasta la actualidad: la novela Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, donde se enuncian los principios de una nueva ciencia.


Básicos del Teatro del Absurdo

Origen: años 40 en Europa, influenciado por el existencialismo, los autos sacramentales medievales, las obras del Alfred Jarry, entre otros.

Características: tramas ilógicas e incoherentes, diálogos repetitivos, situaciones disparatadas, personajes incomunicados, atmósferas oníricas, uso del humorismo. Intentan encontrar el sentido del hombre en el mundo.

Representantes: los cuatro grandes son Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Arthur Adamov y Jean Genet.  


50 años después

Las enseñanzas del doctor Faustroll quedaron enterradas durante 50 años, hasta que en 1948 un grupo de artistas tan locos como Jarry lo revaloraron y fundaron el Colegio de Patafísica, en el que renovaron el concepto y lo llevaron a la práctica.

Ubu Rey por Alfred Jarry

La palabra “patafísica” viene del griego y significa “lo que está alrededor de lo que está más allá de la física”. Alfred Jarry definió a la patafísica como “la ciencia de las soluciones imaginarias” y estudia las leyes que rigen las excepciones:

“La patafísica irrumpe, a veces de manera estruendosa, para acabar con los pensamientos únicos que pretenden ofrecerle a la vida una linealidad coherente. La patafísica es continuidad, es creación y destrucción de las formas por el azar y la risa; es aceptación sin vergüenza de nuestro lado grotesco.

Alfred Jarry

Lo que hacían los patafísicos, en realidad, era burlarse y parodiar a las academias de arte y de ciencias mediante investigaciones inútiles, asociaciones absurdas y títulos rimbombantes. Sus miembros se llamaban sátrapas y organizaban reuniones donde discutían de ciencias y temas tan trascendentales como absurdos: Liricopatología, Cocodrilogía, Alcoholismo estético, Aniñamiento voluntario e involuntario y muchos más.

Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, la biblia de la Patafísica.

De estos ejercicios de imaginación salió en principio una revista que registraba los “conocimientos” adquiridos tras aquellas reuniones (que seguramente eran de lo más divertidas). Este florecimiento de la Patafísica duró hasta 1974, cuando el Colegio entró en un Periodo de Ocultación debido a que muchos de sus miembros habían muerto o estaban ya muy ancianos.

Foto de entrada Mark Thompson en Unsplash

Esta historia continuará…

¿Se quedaron los sátrapas enterrados en sus tumbas para siempre? ¿Sirvió de algo su absurdo desempeño? ¿Nos revelarán sus nombres y personalidades? Esto y más en la segunda parte.

Consejos de Cormac McCarthy para la escritura científica (y de todo tipo)

El estadounidense autor de diez novelas, entre las que están Blood Meridian, No Country For Old Men y Suttree, ha sido editor en el Instituto Santa Fe (SFI, por sus siglas en inglés) por varios años y ha ayudado a muchos científicos en la elaboración de artículos. Uno de ellos es Van Savage, biólogo teórico y ecologista. Después de años de provisión de consejos por parte del novelista, ambos trabajaron en una condensación para ayudar a los lectores en general a lograr una mejor redacción.

Por Cormac McCarthy

Traducción de Jorge González

Cormac McCarthy en 1973.

 

  • Sé minimalista para lograr la claridad. Mientras escribes, pregúntate: ¿es posible conservar el mensaje original sin ese signo de puntuación, esa palabra, esa frase, ese párrafo o esa sección? Suprime las palabras o comas adicionales siempre que puedas.
  • Decide el tema de tu texto y dos o tres puntos que quieras que los lectores recuerden. Este tema y los puntos conforman el hilo conductor. Las palabras, las oraciones, los párrafos y las secciones son el tejido que lo mantiene unido. Si algo no es necesario para ayudar al lector a entender el tema principal, omítelo.
  • Limita cada párrafo a un solo mensaje. Una sola oración puede ser un párrafo. Cada párrafo debe explorar ese mensaje primero haciendo una pregunta y después progresando hacia una idea, a veces incluso a una respuesta. También es perfectamente adecuado formular interrogantes en un párrafo y dejarlas sin respuesta.
  • Haz oraciones cortas, directas y de construcción sencilla. Las frases concisas y claras funcionan bien para las explicaciones científicas. Mantén al mínimo las cláusulas, las oraciones compuestas y las palabras de transición, como “sin embargo” o “así”, para que el lector pueda concentrarse en el tema

No frenes al lector. Evita las notas al pie, rompen el flujo de ideas y hacen que tus ojos vayan de un lado a otro mientras pasas las páginas o das clic en enlaces. Trata de evitar la jerga, las palabras de moda y el lenguaje demasiado técnico. Y no uses la misma palabra repetidamente, es aburrido.

  • En cuanto a la gramática, el lenguaje hablado y el sentido común suelen ser mejores guías para un primer borrador que los libros de reglas. Es más importante ser comprendido que formar una frase gramaticalmente perfecta.
  • Y no te preocupes demasiado por los lectores que quieren discutir sobre cada punto tangencial y enumerar todas las posibles limitaciones de cada oración. Simplemente disfruta de escribir.
  • Las comas denotan una pausa en el habla. La frase “En contraste” al principio de una oración necesita de una coma para enfatizar que la oración se distingue de la anterior, no para distinguir las dos primeras palabras de la oración del resto de la misma. Pronuncia la frase en voz alta para discernir las pausas.
  • Utiliza las rayas o guiones largos para enfatizar las cláusulas que consideres importantes y no sólo para definir términos. (Los paréntesis pueden presentar las cláusulas de manera más silenciosa y suave que las comas.) No uses el punto y coma como muleta para unir ideas sueltas. Esto solo fomenta la mala escritura.

No seas demasiado formal. Y no uses signos de exclamación para llamar la atención sobre algo. En su lugar puedes decir “sorprendentemente” o “intrigantemente”, pero tampoco exageres. Usa estas palabras solo una o dos veces por texto.

  • Escoge un lenguaje concreto y ejemplos. Si tienes que hablar de los colores arbitrarios de una esfera abstracta, es más atractivo referirte a ella como un globo rojo o una bola de billar azul.
  • Cuando consideres que has terminado, lee tu trabajo en voz alta para ti o para un amigo. Encuentra un buen editor en el que puedas confiar y que dedique tiempo y reflexión a tu trabajo.
  • Después de todo esto, envía tu trabajo a los editores. Intenta no pensar en el medio hasta que vuelvan con sus perspectivas. Y cuando esto suceda, es útil prestar atención a los consejos de Rudyard Kipling: “Confía en ti cuando todos los hombres duden de ti, pero también ten en cuenta sus dudas”. Cambia el texto donde las observaciones sean útiles, y donde no, explica cortésmente por qué conservarás tu formulación original.
  • Y no sermonees a los editores sobre la coma de Oxford […] o el uso correcto de “significativamente”. Las revistas establecen sus propias reglas de estilo. Tu trabajo no será la excepción.

Finalmente, trata de escribir la mejor versión de tu idea: la que te guste a ti. No puedes complacer a un lector anónimo, pero deberías poder complacerte a ti. Tu trabajo —tienes que creer que así será— es para la posteridad. Recuerda tu primera lectura de los textos que te inspiraron mientras disfrutas del proceso de escribir el tuyo.

Cuando tu escritura sea más viva y fácil de entender, la gente querrá invertir su tiempo en leer tu trabajo. Y ya sea que seamos científicos novicios o novelistas de fama mundial, eso es lo que todos queremos, ¿no?

Foto de entrada por Dustin Lee en Unsplash