10 películas sobre amistades extrañas e inusuales

Desde 2011 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 30 de julio como el Día Internacional de la Amistad. Con motivo de la fecha ofrecemos, a continuación, una serie de amistades que marcaron el cine por su carácter inusual. Películas cuyos protagonistas son enteramente disímiles, o parejas estrafalarias y grupos insólitos, en su mayoría inadaptados y parias que, no pudiendo encontrar identificación ni reconocimiento en la sociedad, por lo menos lograron el consuelo mediante la fraternidad con otros igual de incomprendidos o marginados.

1 Mandariinid (Zaza Urushadze, 2013)

Mandarinas tiene lugar durante la guerra de Abjasia (1992-1993) entre chechenos y georgianos. Todos han huido de una aldea emplazada en el corazón de la contienda, excepto el viejo Ivo —que se niega a abandonar su hogar hasta que sus árboles de mandarinas den frutos suficientes para comerciar con ellos— y un amigo suyo. Independientemente de la guerra, todo parece discurrir con cierta tranquilidad en la vida del hombre hasta que en una reyerta frente su casa, varios soldados chechenos mueren y quedan gravemente heridos su compañero y un auxiliar bélico georgiano. Ivo resuelve acoger a ambos en distintas habitaciones de su pequeña casa sin que se enteren de que quien tienen al lado es un enemigo, aunque finalmente conocen la verdad y juran matarse en cuanto recobren la salud. Pero a lo largo de la película, estos hombres colmados de ira y orgullo patriótico, que no tienen otra opción que convivir con el otro, van descubriendo que lo que tienen al lado no es un enemigo de ningún tipo, sino un ser humano, bondadoso y moralmente íntegro. Y todo en buena medida gracias a Ivo.

2 As good as it gets (James L. Brooks 1997)

Sin duda la película más popular y comercial de la lista, la mayoría por lo menos una vez se ha encontrado con ella un domingo cambiando los canales. Melvin Udall es un escritor de best-sellers de más de cincuenta años completamente desencantado con la vida, racista, homofóbico y que, además, padece de trastorno obsesivo compulsivo. A lo largo de la película Udall, a fuerza de convivir continuamente con su vecino homosexual y con una camarera desgraciada de la que desde el principio está enamorado sin saberlo, va perdiendo su misantropía y su narcisismo para volcarse en el exterior, y empieza a comprender que hay otras personas en el mundo y que sus problemas no son menos importantes que los de él. Cuando en un viaje tienen que pasar varios días juntos los tres, Melvin empieza a entender que, después de todo, el del problema sí es él. A pesar de ser una comedia romántica, los personajes tienen múltiples matices psicológicos y conflictos enteramente humanos, y por ello jamás se acerca al tópico.

3 Withnail and I (Bruce Robinson, 1987)

El filme británico es considerado de culto desde hace varios años. Narra las vicisitudes de dos amigos eminentemente disfuncionales: Withnail y Marwood. Ambos beben en exceso (el primero mucho más que el segundo), son actores de teatro de veintitantos y llevan mucho tiempo desempleados. Aunque de caracteres diametralmente opuestos —Withnail es aparatoso y sumamente histriónico y quejumbroso; Marwood, introspectivo y silencioso— comparten la desesperación, la desmoralización y la búsqueda de sentido. Los extraños amigos harán un viaje al campo con el objeto de apartarse del trajín y la confusión de la ciudad y tratar de poner orden a sus mentes, en una historia repleta de diálogos fársicos, incidentes absurdos y situaciones tan sombrías como cómicas.

4 Down by Law (Jim Jarmusch, 1986)

Tres hombres se conocen en la cárcel: un proxeneta, un turista italiano y un DJ. ¿Qué tienen en común, y qué tienen que ver? Absolutamente nada. Ya esto por sí solo describe lo variopinto de la cofradía, que finalmente escapa de la prisión y emprende un viaje en lo furtivo de bosques y caminos solitarios para evitar ser descubiertos, en una película a la que no le importan el crimen ni su esencia, la justicia, ni la perspectiva institucional o jurídica. Y ni siquiera la carcelaria pues no es intención del director retratar la vida de encierro por aprehensión, sino simplemente ir creando una sutilísima complicidad entre personas desconocidas entre ellas y de personalidades discordantes, que finalmente cristaliza en amistad.  Como es costumbre en Jarmusch, en Down by Law recurre completamente al minimalismo: unos pocos espacios, poquísimos personajes y economía de recursos de todo tipo. Pero no necesitó más para dejar asentado en la memoria de quienes la vimos, una portentosa y perdurabilísima historia de compañerismo y amistad.

5 The Elephant Man (David Lynch, 1980)

Basada en la historia real del decimonónico Joseph Merrick, un hombre repleto de tumoraciones y malformaciones que era exhibido en circos como un monstruo. Merrick es encontrado por el médico Frederick Treves y acogido por él de forma vitalicia en el hospital en que trabaja. Paulatinamente Treves y Merrick desarrollan un cariño íntimo rayano en lo filial. Quizá lo más insólito del filme, tan descarnado y desolador como conmovedor, es la manera en que Lynch nos sumerge en la concepción, por lo demás intemporal, de la normalidad (y la carencia de ella). Aquí el sentido humano y la valía del hombre independientemente de su apariencia son reivindicados ante el inclemente ojo social por Treves, quien presenta públicamente a Merrick y lo hace vivir de verdad por primera vez, llevándolo a teatros y demás. Treves también invita al hospital a decenas de personas de las más altas clases —incluyendo ni más ni menos que a la princesa de Gales— para que se acerquen a Merrick, conversen con él y conozcan al hombre detrás de la máscara de deformidad.

6 One Flew Over The Cuckoo’s Nest (Miloš Forman, 1975)

Atrapado sin salida es quizá la película más conocida de las hasta ahora mentadas. Si bien no podemos hablar de amistad sensu stricto, es indudable que desde que el carismático criminal (que nunca sabemos si realmente lo es) Randle McMurphy llega al hospital psiquiátrico a subvertir por completo el statu quo reunión tras reunión clínica, logra establecerse una auténtica —y comiquísima— hermandad de hombres con varios estadios de trastorno mental, desde la neurosis socialmente tolerada de algunos que están ahí por voluntad propia, hasta la completa vesania de otros. McMurphy enseña a los pacientes —a los puede y están en condiciones de entenderlo— algo que en apariencia resulta simple y sencillo pero que para personas en la situación de estos pacientes no lo es: tratar de pasarlo bien.

7 Midnight Cowboy (John Schlesinger, 1969)

Simplemente ver a un Dustin Hoffman, de menos de 1.70 de estatura, caminando —cojo y encorvado— por las calles de Nueva York al lado de un Jon Voight de 1.90 con disfraz de vaquero, resulta por lo menos hilarante. Ahora sumémosle que uno es un vagabundo estafador y el otro un exlavaplatos recientemente convertido en gigoló bisexual. Pocas parejas, tanto en suma como en parte, pueden tildarse tanto de escorias sociales como esta, incluso hoy, a más de medio siglo del lanzamiento de la película. Pero ¿esto por sí solo es suficiente para que una historia sea persuasiva y dramáticamente bien lograda? Evidentemente no, pero tanto la sordidez física y espiritual que pervive por toda la película como la complejidad psicológica y la espiral moral descendente de los personajes, hacen de este un filme inolvidable.

8 Bande à part (Jean-Luc Godard, 1964)

El nombre de la película (Banda aparte en español) ya en sí mismo sería idóneo para esta lista. En esta historia con más de una escena que se ha plagiado y homenajeado decenas de veces en la historia del cine, una mujer conoce a un hombre y le confiesa que en la casa en que vive con su tía hay varios fajos de billetes y quiere robarlos. El hombre avisa a un amigo suyo, y la tríada decide ir a la casa y asaltar a la tía. El grupo pasará por múltiples peripecias y entre dos de ellos la amistad se convertirá al final en un fuerte vínculo sentimental. Godard siempre ha sabido compensar sus deficiencias narrativas y ciertas antitramas con diálogos sólidos y memorables, así como con episodios y situaciones muy particulares.

9 I Vitelloni (Federico Fellini, 1953)

Conocida en español como Los inútiles, esta es una de tantas películas de Fellini con personajes marginales (véanse La strada o Le notti di Cabiria). Versa sobre los días y noches de errancia de un grupo de hombres desempleados que frisan los treinta años, y que no parecen querer tener empleo nunca. La naturaleza de los seis inútiles es enteramente paradójica: quieren huir de la vida de tedio en que están inmersos, pero no hacen nada para salir de ella, y esto los lleva a un indefectible círculo vicioso. Después de todo, ¿qué puede ser más marginal que un grupo de hombres de su edad que no hacen nada para ganarse la vida?

10 Freaks (Tod Browning, 1932)

Película de culto por antonomasia, trata al igual que El hombre elefante sobre seres considerados como fenómenos. La diferencia es que en la historia de Browning son más de veinte. Un grupo circense con malformaciones de todas índoles: enanos, hermafroditas, siamesas, mutilados y mancos. Aquí la naturaleza de la amistad y las relaciones es compleja pues no se trata ni por asomo de una narración que ofrezca consuelo de ningún tipo —quizá aún menos que la de Lynch— pues estos seres, los más repudiados de todos, saben que no tienen nada más que a sí mismos y a otros como ellos, y que durante toda su vida tendrán que permanecer unidos frente a los prejuicios, la injuria y la vejación. Pero igual que en El hombre elefante por lo menos hay —aquí son dos— personas que están dispuestas a hacer justicia a estos completos parias. Y si no resulta fácil llevar al cine una historia como esta hoy en día, ya puede imaginarse cómo fue en 1932.

Los mejores amigos del arte

Hoy se celebra el Día Mundial del Perro y para festejar a estos fieles amigos presentamos algunas obras de arte donde ellos son los protagonistas.

Jean Léon Gérôme, Diógenes, 1860.

Aquí vemos al filósofo griego Diógenes en su olla de barro encendiendo una lámpara en el medio del día para “buscar un hombre honesto”, mientras varios perros callejeros lo observan atentamente. Según cifras del Inegi, en México hay alrededor de 30 mil perros callejeros, ¡el 80% de los canes mexicanos viven en la calle! Ojalá que Diógenes haya adoptado a esos amiguitos.

Anthony van Dyke, Los cinco hijos mayores de Carlos I, 1673.

En esta pintura, vemos a los cinco hijos mayores del rey Carlos I de Inglaterra (tuvo nueve). Van Dyck nos deja ver la inocencia infantil combinada con el aura de autoridad que se espera de la realeza, pero el corazón de la composición es el perro gigante sentado pacientemente y brindando apoyo físico y moral al joven Carlos II.

Bartolomeo Passarotti, Retrato de un hombre con un perro, 1585.

Bartolomeo Passarotti fue un pintor italiano representante del manierismo. En este retrato el afecto entre el perro y el dueño es claramente presentado y seguramente mutuo. Parece que el perro, con su tierna mirada, quisiera consolar a este hombre al que una lágrima le corre por la mejilla.

Thomas Gainsborough, Bumper, el Bull Terrier, 1745 y Un pug, 1780.

Thomas Gainsborough tuvo un gran prestigio como retratista, pero él amaba la naturaleza y prefería pintar paisajes. Sus retratos de perros son característicos de su técnica y los canes rezuman personalidad.

Podemos apreciar claramente en estos dos perros cómo las razas han cambiado a lo largo de los siglos. Bumper se ve bastante diferente a los bull terriers que conocemos ahora, mientras que el pug tiene patas más largas y una cara con menos arrugas.

Cassius Marcellus Coolidge, Un amigo necesitado, 1903.

Esta obra forma parte de una serie de 16 pinturas que representan a perros en situaciones típicas de los humanos. El autor los muestra bailando, jugando beisbol o en partidas de póker, que son las más famosas. Coolidge trabajó como pintor de carteles, farmacéutico y agricultor. Aunque no tenía entrenamiento formal en arte, hizo caricaturas para periódicos y pinturas al óleo que los críticos las consideran “arte menor”, pero se vendieron a precios muy elevados, se adaptaron a posters y calendarios y viven en las paredes de muchos hogares estadounidenses.

Fuente de información: Daily Art Magazine.

Imagen de entrada por Atanas Teodosiev en Unsplash.

De patafísica y otras formas de ser creativo Parte III

Moraleja o todo está conectado

Los redactores de marketing de contenidos no tenemos que ser poetas o dramaturgos ni irnos a beber absenta o fundar colegios extraños, pero sí podemos tomar algunas enseñanzas de estos “locos positivos” para mantener fresca nuestra escritura y generar continuamente nuevas ideas. En primer lugar, el sentido del humor puede aportar frescura a nuestros textos y enganchar a los lectores a leer de principio a fin.

Cadáver exquisito de Man Ray, Max Morise, André Breton e Yves Tanguy (1928)

Si bien la Patafísica aporta cuestionamientos divertidos pero inútiles, buscar soluciones nuevas y conexiones inesperadas puede dar un plus a una que otra de las historias que contamos.

Los surrealistas y dadaístas ensayaron diversas técnicas que resultaron en obras maravillosas. Probar algunas de ellas puede alimentar nuestra inspiración y ayudarnos a soltar la pluma, especialmente en los tan temidos “bloqueos creativos”.

Aquí hay algunas “correspondencias inesperadas” entre las técnicas de estos vanguardistas y cómo podemos aplicarlas en el universo del marketing de contenidos:

Muestra de escritura automática
  • El cadáver exquisito. Es un juego que inauguraron los surrealistas en el que entre dos o más personas aportan para hacer una obra de arte escrita o dibujada. En una hoja de papel, un participante escribe una frase o comienza un dibujo y la dobla, el segundo participante, sin saber lo que hizo el primero, continúa y así hasta lograr un escrito o imagen asombrosa. En una tormenta de ideas dos o más personas de un equipo aportan las ideas que se les ocurran y a partir de ellas se crea una campaña o un proyecto. La única diferencia es que todos ven al mismo tiempo lo que se está creando.
  • El collage. Los dadaístas, en su anhelo de deconstrucción, usaron palabras sueltas y las convirtieron en poemas, o recortes de distintas publicaciones o materiales y los convirtieron en cuadros impactantes. Los redactores escuchamos distintas voces, consultamos diversas fuentes para elaborar nuestros productos.
Collage de Hanna Hoch
  • La escritura automática. Muchos textos surrealistas partieron de esta técnica, creada por André Breton influido por el psicoanálisis freudiano, que consiste en “un dictado del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón y fuera de toda preocupación estética o moral”. Se trata de entrar en un estado que hoy podríamos llamar de “conciencia plena” y escribir rápidamente, sin prejuzgar, lo primero que se nos venga a la mente. Parece no tener mucha utilidad, pero esta “escritura mindfulness” quizá nos relaje, nos despeje y nos libere del bloqueo creativo.
  • El manifiesto. Tanto dadaístas como surrealista emitieron sus declaraciones de existencia por medio de manifiestos, donde proclamaban quiénes eran, cuáles eran sus propuestas creativas y cómo deseaban que su arte impactara al mundo. ¿Acaso no es esta la misión, visión y valores de una empresa?
Manifiesto dadá (1918)

Foto de entrada por Noémi Macavei-Katócz en Unsplash

De patafísica y otras formas de ser creativo Parte II

La Patafísica renació (más bien, se “desocultó”) el 20 de abril del 2000 (día de San Cocodrilo, según el calendario patafísico) con la insigne exposición “Agujeros, Nadas y Espejismos”. Esta vez trascendió fronteras. Se inauguraron Colegios en Valencia, España y Buenos Aires, Argentina, entre otros lugares del mundo. La ciencia de las soluciones imaginarias sigue viva para deleitarnos con su sentido del humor y sus sospechas del estilo

“Existen bípedos, cuadrúpedos, pero, ¿de una sola pata también?”

Raymond Queneau, sátrapa y surrealista

Básicos del Dadaísmo

Origen: 1916 en el Cabaret Voltaire en Zúrich, Suiza, en medio del desencanto por la Primera Guerra Mundial.

Características: movimiento de vanguardia o antiarte. Busca romper las convenciones en las artes plásticas y la literatura. Crítico de la burguesía y el positivismo. Intenta expresarse mediante la destrucción del lenguaje y de los materiales tradicionales en la plástica.

Representantes: los fundadores, Hugo Ball, Tristan Tzara y Jean Arp, entre muchos otros que años después devinieron surrealistas.

Hugo Ball declama poema dadaísta

Sátrapas de ayer y hoy

Los miembros originales del Colegio de Patafísica eran surrealistas y uno que otro dadaísta y presidieron alguna de las Subcomisiones del Colegio. Están, por ejemplo:

  • Raymond Queneau, poeta y novelista surrealista, encargado de la Subcomisión de Epifanías e Ipifanías.
  • Boris Vian, escritor y músico de jazz, también surrealista, encargado de la Subcomisión de las Soluciones Imaginarias.
  • Marcel Duchamp, artista plástico y ajedrecista, representante del dadaísmo y del surrealismo, encargado de la Subcomisión de las Formas y de las Gracias.
  • Joan Miró, artista plástico español y surrealista, encargado de la Subcomisión del Grande Extraordinario.
Boris Vian, sátrapa y músico

Podríamos seguir, pero son 77 Subcomisiones, así que basta mencionar a otros patafísicos ilustres, como Julio Cortázar, en su Rayuela hay muchas influencias de la Patafísica; Fernando Arrabal, el artista español que fundó el Grupo Pánico junto con Alejandro Jodorowsky; los hermanos Groucho, Chico y Harpo Marx, en cuyas películas podemos ver un humor y sinsentido bastante patafísicos.


Básicos del Surrealismo

Origen: 1924 en París, influenciado por el dadaísmo, el simbolismo, la obra de Alfred Jarry y la teoría del psicoanálisis.

Características: busca crear a partir de la interpretación de los sueños y el subconsciente. Poemas, novelas, películas, pintura y esculturas que parecen ilógicas y desconcertantes. ¿Qué significa “dadá”? Según sus fundadores, nada.

Representantes: El fundador, André Breton, y otros escritores, cineastas y artistas plásticos como Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Max Ernst y Man Ray.

Marcel Duchamp, surrealista y patafísico

Esta historia continuará…

Muy bonitos y loquitos los patafísicos, pero ¿de qué sirve esto para el marketing de contenidos? ¿Nos dejará algún cliente aplicar la “ciencia de las soluciones imaginarias” en nuestros escritos?

La moraleja de esta historia en la tercera parte.

Foto de entrada por Adrien Converse en Unsplash

De patafísica y otras formas de ser creativo Parte I

Como generadores de marketing de contenido, tenemos la misión de estar siempre buscando alternativas para “exprimirnos el cerebro” y sacar todo el jugo a nuestra creatividad. El arte es una excelente opción para tener nuevas ideas y renovadas formas de expresarnos, así que echemos un vistazo a unos cuantos “locos positivos” que con sus propuestas artísticas han fascinado e influido a artistas, creativos y admiradores.

El inicio de todo

Todo empezó hace más de cien años con un tipo bastante original. Se trata del francés Alfred Jarry (1873-1907), quien durante sus 34 productivos años de vida escribió teatro, novelas, poesías y artículos literarios. Inventó un personaje que hasta ahora es bien reconocido en los circuitos artísticos, especialmente el teatral: el rey Ubu o Ubu roi.

Jarry tenía un sentido del humor burlón y excesivo que resultó genial para algunos y repulsivo para otros. Ubu es un monarca excéntrico que representa todos los vicios que puede conllevar el poder: corrupción, cobardía, abuso, y lo hace de forma tan exagerada que termina dando risa. Es una parodia de numerosos dictadores europeos que abusaron de su poder durante el siglo XIX e incluso antes.

Alfred Jarry en bicicleta.

A Alfred le encantó su creación, tanto que adoptó algunas características de Ubu, sobre todo beber absenta en exceso, lo que lo llevó a deslizarse por una espiral de excesos que lo dejó endeudado y enfermo. Aun así, la literatura de Jarry inspiró el teatro del absurdo, a los dadaístas y los surrealistas. Su obra póstuma también ha sido fuente de nuevas creaciones hasta la actualidad: la novela Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, donde se enuncian los principios de una nueva ciencia.


Básicos del Teatro del Absurdo

Origen: años 40 en Europa, influenciado por el existencialismo, los autos sacramentales medievales, las obras del Alfred Jarry, entre otros.

Características: tramas ilógicas e incoherentes, diálogos repetitivos, situaciones disparatadas, personajes incomunicados, atmósferas oníricas, uso del humorismo. Intentan encontrar el sentido del hombre en el mundo.

Representantes: los cuatro grandes son Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Arthur Adamov y Jean Genet.  


50 años después

Las enseñanzas del doctor Faustroll quedaron enterradas durante 50 años, hasta que en 1948 un grupo de artistas tan locos como Jarry lo revaloraron y fundaron el Colegio de Patafísica, en el que renovaron el concepto y lo llevaron a la práctica.

Ubu Rey por Alfred Jarry

La palabra “patafísica” viene del griego y significa “lo que está alrededor de lo que está más allá de la física”. Alfred Jarry definió a la patafísica como “la ciencia de las soluciones imaginarias” y estudia las leyes que rigen las excepciones:

“La patafísica irrumpe, a veces de manera estruendosa, para acabar con los pensamientos únicos que pretenden ofrecerle a la vida una linealidad coherente. La patafísica es continuidad, es creación y destrucción de las formas por el azar y la risa; es aceptación sin vergüenza de nuestro lado grotesco.

Alfred Jarry

Lo que hacían los patafísicos, en realidad, era burlarse y parodiar a las academias de arte y de ciencias mediante investigaciones inútiles, asociaciones absurdas y títulos rimbombantes. Sus miembros se llamaban sátrapas y organizaban reuniones donde discutían de ciencias y temas tan trascendentales como absurdos: Liricopatología, Cocodrilogía, Alcoholismo estético, Aniñamiento voluntario e involuntario y muchos más.

Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, la biblia de la Patafísica.

De estos ejercicios de imaginación salió en principio una revista que registraba los “conocimientos” adquiridos tras aquellas reuniones (que seguramente eran de lo más divertidas). Este florecimiento de la Patafísica duró hasta 1974, cuando el Colegio entró en un Periodo de Ocultación debido a que muchos de sus miembros habían muerto o estaban ya muy ancianos.

Foto de entrada Mark Thompson en Unsplash

Esta historia continuará…

¿Se quedaron los sátrapas enterrados en sus tumbas para siempre? ¿Sirvió de algo su absurdo desempeño? ¿Nos revelarán sus nombres y personalidades? Esto y más en la segunda parte.

Curiosidades medievales: bebés horribles y conejos asesinos

Hay un montón de mitos y suposiciones acerca de la Edad Media, esos mil años de oscuridad. Lo que nos enseñan en la escuela es que fue en Europa (como si el resto del mundo no existiera), hubo unas guerras llamadas Cruzadas, mucho dominio de la religión católica y comenzaron las cacerías de brujas.

En realidad, durante el “Oscurantismo” pasaron muchas cosas y si nos adentramos mínimamente al arte medieval, encontraremos que tenían una enorme imaginación y su particular concepto estético. Es aquí donde nos encontramos a los bebés horribles y los conejos asesinos.

El extraño caso de los bebés con cara de viejitos

Los bebés de las pinturas medievales son ominosos. Tienen unas proporciones extrañas y unas caras que calificar de feas sería poco. Lucen hostiles, malencarados y enfermizos. He aquí algunas explicaciones sobre este extraño caso:

  • Para empezar, no eran bebés cualquieras. Los artistas medievales no estaban interesados en pintar niños terrenales y quien les encargaba la chamba era la Iglesia, así que los temas se limitaban a la Virgen con el niño Dios y uno que otro bebé bíblico.

  • O sea que el 99.9% de los bebés de las pinturas medievales eran Jesús Verbo Encarnado. Y según los preceptos católicos de la época, desde su nacimiento Jesús ya estaba perfectamente formado. Es decir, no se trata de bebés, sino de ¡homúnculos! Hombres hechos y derechos pero chiquitos, de ahí la cara de adultos.

  • Era el estándar de la época. Todos los artistas recibían los mismos pedidos, todos debían pintarlos de forma similar, por lo que realmente no había otras obras con la cuales compararlos. Por lo tanto, todas las personas estaban acostumbradas a esta convención y a nadie le parecían feos (o cuando menos, no lo decían en voz alta).

  • Los artistas medievales simplemente no estaban interesados en el realismo, se movían mejor en un estilo más expresionista. Era la estética de la época.

Después, con la llegada del Renacimiento, las ideas comenzaron a cambiar: los artistas voltearon hacia las formas clásicas e idealizadas, los temas se ampliaron y el niño Dios dejó de ser el único retratado. Por supuesto, quienes encargaban el retrato de sus hijos no querían que éstos se vieran como adultos pequeños con calvicie prematura, sino como los querubines de caritas llenas y sonrosadas que tan bien le salían a Rafael.

El fenómeno de los conejos asesinos

Muchos manuscritos medievales están ilustrados o enmarcados con imágenes cómicas e incluso grotescas que fueron llamadas drolleries. De entre ellas llama la atención la abundancia de tiernos conejitos haciendo cosas no tan tiernas, por ejemplo… asesinar. ¡¡¡¿Por qué?!!!

  • En la Edad Media los conejos representaban muchas cosas: por un lado, la pureza, la inocencia y el desamparo; por otro, la cobardía, la fertilidad y el órgano sexual femenino (en latín conejo se dice cuniculus, un término bastante parecido a coño).

  • Las drolleries ilustraban animales fantásticos, barberos con pata de palo (otro misterio, en la Edad Media esto les parecía súper cómico) y escenas extravagantes donde invertían los papeles naturales de los personajes.

  • Entonces, si los conejos eran considerados tiernos, inocentes y cobardes, en las drolleries se convertían en valientes, agresivos y sanguinarios.

En la muy recomendable película Monty Python and The Holy Grail (1975) el Rey Arturo y sus nobles caballeros de la mesa redonda deben luchar contra un terrible monstruo. Seguramente los comediantes conocían las drolleries y el raro fenómeno de los conejitos asesinos.

ToTo: el cine se va de gira

Cien años de soledad, la novela cumbre del realismo mágico, empieza cuando Aureliano Buendía (“frente al pelotón de fusilamiento”) recuerda las maravillas que unos gitanos llevaban periódicamente a su pueblo: el imán, la lupa, el hielo. Eran los inicios de la vida en Macondo y sus habitantes o conocían aún muchos inventos y descubrimientos hechos por el hombre.

En México, nuestra realidad es similar. Hay amplias zonas marginadas donde los adelantos tecnológicos son cosas de ciencia ficción y las oportunidades de disfrutar eventos divertidos escasean. Así que cuando, de repente, llegan unos vehículos llamados “Totonetas” y bajan de ellos unas personas que distribuyen volantes que dicen que por la noche algo extraordinario (y gratito) ocurrirá, la emoción de grandes y, sobre todo, de chicos, es inmensa.

Si además agregamos que con el equipo vienen unas bicicletas que lo cargan de energía y quien quiera hacerlo puede pedalear un rato, la comunidad entera se llena de sonrisas.

Así funciona Cine Móvil ToTo.

Cultura + ecología + responsabilidad social

Cine Móvil Toto es una iniciativa coordinada por Roberto Serrano y Diego Torres, que tiene como objetivo difundir el cine mexicano en comunidades que tienen difícil acceso a verlo, y lo hace con un equipo que funciona con energía solar. Cada año recorren distintas zonas de México y promueven la cultura y el entretenimiento, así como la conciencia ecológica. Durante sus siete años de existencia, Toto ha alcanzado cifras asombrosas:

+ de 100,000 personas beneficiadas

+ de 60 películas mexicanas proyectadas

+ de 450 funciones

+ de 100,000 kilómetros recorridos

+ de 540,000 watts generados

Tan solo en su gira más reciente, donde visitaron el norte del país lograron neutralizar 27 toneladas de carbono, lo que les permitió recibir créditos de compensación de la organización México CO2 y hacer sus próximas giras con emisión neutra de carbono.

Otros aliados de Cine Móvil Toto son el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México, que avala la colaboración de Toto en el cumplimiento de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la ONU ha establecido que se cumplan en 2030. Y Filmin Latino, la plataforma digital del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), que permite la difusión de cine nacional ofreciendo las películas de su catálogo.

Dolores Díaz, de IMCINE; David Colin, de México CO2; Roberto Serrano, de ToTo; Edgar González, del PNUD; Arturo Ledesma, de ToTo. Presentación a prensa de “Girando por el Sureste con Cine Móvil ToTo”.

Stop

Por ahora, Toto tuvo que suspender la segunda edición de “Girando por el Sureste con Cine Móvil ToTo” que daría funciones en comunidades de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. La retomará cuando pase la contingencia por COVID-19.

En el cortometraje Enamorado del cine (República de Kirguistán, 2017), un niño de un pueblito de aquel lejano país que alguna vez perteneció a la URSS, llega a un galerón donde hay personas formadas. No tiene dinero para entrar, así que, asomado por una ventana, intenta ver lo que pasa dentro: un hombre pone una película VHS en una antigua videocasetera. En la pequeña tele a la que está conectada empieza a verse una película que el niño mira emocionado. Tanto como los espectadores que, mientras pedalean, contemplan lo que pasa en una pantalla mucho más grande y, por añadidura, verde.

Material de promoción de “Girando por el Sureste con Cine Móvil ToTo”.

Pesadillas de H.R. Giger

La ciudad de Gruyères, en Suiza, no solo es famosa por el queso que lleva su nombre, sino porque ahí, en el castillo de Saint Germain, desde 1998 se exhibe la obra de uno de los artistas más escalofriantes e influyentes de la era contemporánea.

 

Hans Ruedi Giger nació en 1940. Desde su niñez tenía pesadillas. En la adolescencia sus obsesiones fueron las armas y el sexo: se masturbaba en un rincón del salón de clases y desarmaba pistolas para limpiarlas y examinar su mecanismo. Años más tarde, cuando estudiaba arte en la universidad, experimentó con la teoría de la interpretación de los sueños de Sigmund Freud, de lo que resultó el trabajo final Station Passage (1965), donde ya se ven máquinas insertadas en seres deformados, como preámbulo de sus característicos biomecanoides.

Transiciones

Una vez graduado, en 1966, H.R. consiguió su primer trabajo como diseñador de muebles de oficina. Ese año fue fructífero, aprovechó su insomnio para desarrollar los materiales de su primera exposición individual. También conoció a la actriz y modelo Li Tobler, de quien se enamoró locamente y que se convirtió en su musa.

(Poco a poco su arte evolucionaría, al probar nuevos materiales y variar los temas de sus obras sin jamás abandonar la oscuridad: de tinta, navajas y papel de radiografía a aerógrafo; de muebles por encargo a la temible silla de huesos Harkonnen; de torsos egipcios a esculturas siniestras; de paisajes al óleo a inquietantes imágenes de metálicos-enormes penes-mangueras insertos en mujeres intensamente sensuales; de performances a escenografías y otras creaciones cinematográficas… La relación con Li terminaría catastróficamente con el suicidio de la actriz a los 27 años a causa de la depresión.)

Monstruos del espacio

Los trabajos de Giger siguieron su curso: diseño de pósters y portadas de LPs, una sucesión de exposiciones individuales y trabajos colectivos, diseños espaciales y pintura erótica.

Empezó a dibujar los enormes gusanos extraterrestres concebidos por Frank Herbert en la novela Dune, para una adaptación al cine que Alejandro Jodorowsky nunca logró concretar.

Realizó una serie de terribles y asombrosas imágenes inspirado en el Necronomicón, libro imaginado por H.P. Lovecraft que muchos desearían que existiera en la realidad.

El cineasta Ridley Scott vio estos trabajos y lo contrató para diseñar la escenografía y el xenomorfo protagonista de la película Alien (1979). Gracias a esta, fue conocido en muchas partes del mundo y obtuvo un premio Oscar por Mejores efectos visuales.

Biomecanoides

Así, entre insomnios y pesadillas, lecturas estremecedoras y una intensa experimentación, Giger fue inventando su propio estilo artístico, fundado en la teoría del biomecanismo, donde seres vivos se conectan con máquinas para convertirse en biomecanoides, unas criaturas a medio camino entre lo orgánico y lo artificial, que habitan en paisajes saturados de patrones metálicos. Es también una forma de protesta contra la industrialización exacerbada, el consumismo y otras miserias que atormentan al hombre contemporáneo.

Giger transformó sus pesadillas en exquisitas obras de arte que muchos no soportan ver. Dejó de hacerlas a los 74 años, cuando cayó por las escaleras de su casa y murió. Nos dejó su universo particular, terrorífico e inexplicable, fuera de este mundo y tan terrenal como el sexo.

Todas las imágenes son fotografías de la exposición “Solo con la noche”, que se presenta en la Ciudad de México.

Los 8 excéntricos y los 4 caballeros

China, siglo XVII. La dinastía Qing llega para sustituir a la Tang en el gobierno de la nación. Se quedará en el poder durante 300 años. En el arte, la tradicionalista y egocéntrica corte imperial exigió ser la protagonista, sin embargo, en el siglo XVIII, ocho artistas de la provincia de Yangzhou se rebelaron y se negaron a retratar a los nobles, encontrando su inspiración en los “cuatro caballeros” de la naturaleza, los animales en su estado silvestre y las personas sencillas que no ostentan título nobiliario. También fueron estupendos calígrafos.

Se empeñaron en ser originales y desarrollar cada quien un estilo propio y único.

Roca y bambú de Zheng Xie

Su actitud rebelde y rompedora de tendencias artísticas les dio el sobrenombre de “Los ocho excéntricos” y su necesidad de renovar el estilo artístico convencional logró que cambiara para siempre la forma de ver el arte tradicional chino, por lo que han influido en un gran número de artistas.

Los ocho excéntricos de Yangzhou

1 Zheng Xie (1693-1765), obtuvo un puesto de funcionario del imperio, al que renunció cuando recibió un reporte por construir un refugio para personas necesitadas.

2 Jin Nong (1687-1763) fue el más culto y célebre de los ocho, aunque empezó a pintar a los 50 años. Fue un inconformista y su propio promotor, así como el primer pintor de la tradición china en hacerse una serie de autorretratos. Creó su propio estilo de caligrafía.

Ciruelo en flor de Jin Nong

3 Wang Shishen(1686–1759), toda su vida fue pobre, pero feliz de su profesión y un perseverante investigador del arte pictórico.

4 Huang Shen(1687–1772) nació en una familia de escasos recursos e inició su carrera como calígrafo, pero adquirió notoriedad al formar parte del grupo de los excéntricos.

5 Li Shan (1686–1762) fue un notable pintor desde los 16 años y ejerció como magistrado de la corte imperial.

6 Luo Ping (1733–1799), huérfano desde muy niño, pronto fue aclamado como un gran poeta y pintor. Rechazó un puesto en el gobierno para mantener su independencia artística. Poco antes de su muerte, pintó fantasmas que, según él, había visto con sus propios ojos.

Orquídea de Luo Pin

7 Gao Xiang (1688–1753), del cual decían que fue pobre y muy vanidoso.

8 Li Fangying (1696–1755), además de artista fue magistrado durante más de 20 años.

Y los cuatro caballeros de la naturaleza

Son cuatro flores muy pintadas por los artistas tradicionales chinos desde el siglo X, que pertenecen cada una a cada estación del año.

Cada caballero está asociado con ciertas características y valores.

Orquídea, la primavera, simboliza la elegancia, se asocia a lo femenino y lo efímero.

Pescador y Pescadora por Huang Shen

Bambú, el verano, metáfora de longevidad y vitalidad, representa la conducta ejemplar y el carácter noble. Se asocia con la flexibilidad.

Crisantemo, el otoño, es el triunfo contra la adversidad y la unión familiar.

Flor de ciruelo, el invierno, se caracteriza por su tenacidad y simboliza el amor incondicional y la capacidad de renovarse.

Imagen de entrada: Orquídeas y bambú de Zheng Xie.

Leyendas de Hokusai

Katsushika Hokusai (1760-1849) nació en Tokio cuando esta ciudad aún se llamaba Edo. Es uno de los artistas japoneses más conocidos e influyentes. Grabados como La gran ola de Kanagawa (1830-1833) o el erótico Sueño de la esposa del pescador (1814) forman parte de la cultura popular, hasta el punto de que La gran ola fue la primera obra de arte que se convirtió en emoji y la podemos ver en la colección de WhatsApp junto a un paraguas verde.

En el prólogo de uno de su libros más famosos, que presenta Cien vistas del Monte Fuji (1834-1835), Hokusai confesaba: “Desde los 6 años tuve pasión por copiar la forma de las cosas; a los 50 ya había publicado muchos dibujos, pero después de todo, hasta los 70 años no había hecho nada memorable. A los 73 empecé a comprender la estructura de las cosas: animales, pájaros, insectos y peces, hierbas y árboles. Así, a los 86 iré progresando, a los 90 penetraré en el verdadero significado del arte, y a los 100 años, tal vez habré alcanzado el nivel de lo maravilloso y lo divino. A los 110 años, cada línea de mi trabajo tendrá vida propia”. Luego de esta declaración de principios, hecha a los 75 años, no es de extrañar que este exótico artista esté rodeado de leyenda.

Autorretrato (1839).

1

El hombre rezó una vez más en el templo de Buda. Pidió con fervor inspiración y talento. Deseaba que su trabajo fuera mejor de lo que hasta entonces había hecho. Creía que en más de 30 años de ejercer su arte, este seguía siendo ordinario y banal. Quería que los rostros fueran más expresivos, que los animales saltaran del papel, que los árboles movieran su follaje y las olas se estrellaran en los sentidos de quienes las miraran. Sabía que su deber era seguir trabajando, no abandonar la esperanza de que algún día se convertiría en el artista que anhelaba ser. Lleno de fe, aquella noche se levantó del suelo donde estaba postrado y salió del templo. Una tormenta eléctrica destellaba en el cielo. De repente, vio un relámpago tronar sobre él y el rayo atravesó su cuerpo. Vencido, sintió la descarga y creyó que era su fin. Sin embargo sobrevivió, y fue invadido por un nuevo vigor. Los trazos empezaron a ser más sólidos, más precisos, su ojo más agudo y sus manos más sensibles al manejar la madera, la tinta y el papel. Todos a su alrededor se dieron cuenta y comenzaron a apreciar su trabajo. De boca en boca se extendió su fama y el nombre de Hokusai y las maravillas de su arte se conocerían y serían admiradas más allá del tiempo y la distancia.

Sueño de la esposa de pescador (1814).

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La fiesta estaba en su apogeo cuando el artista llegó, sacó papel y tinta y empezó a dibujar geishas, estrellas del kabuki y personas que bebían, reían, compartiendo el ambiente festivo. Los invitados se acercaron a él para pedirle más imágenes. Bajo pedido dibujó fantasmas, brujas, demonios y dragones, hombres gordos, mujeres sensuales, personajes de leyenda con animales danzando alrededor. La noche avanzaba, el artista seguía trabajando, en sus hojas se plasmaban seres de las más diversas formas y en las más variadas posiciones: bailando, nadando, saltando, riendo o llorando, vestidos, desnudos, a caballo o descansando. Aquella noche no fue la primera ni la última, pero sí una de las más productivas del grabador. Con los meses y los años los dibujos se multiplicaron hasta ser miles y finalmente Hokusai los publicó en una serie de 14 libros llamados Manga (1814-1878), que quiere decir “dibujos caprichosos”, pero para él significaba algo así como “el pincel que se volvió salvaje”. Son los precursores de las actuales historietas japonesas.

Manga, vol. 4, personas nadando y buceando.

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Hokusai, que tuvo más de 30 seudónimos a lo largo de su vida productiva, murió a los 89 años, sin haber logrado penetrar el verdadero significado del arte. Pero si observamos la que, al parecer, fue su última obra, El dragón de humo que se escapa del Monte Fuji (1849) nos daremos cuenta de que casi lo logró. Es una especie de síntesis de los motivos que lo apasionaron a lo largo de su ruta artística: el poder de la naturaleza que representa el monte-emblema de Japón, la ligereza del humo que brota de él, con la misma movilidad, aún más vaporosa, que la gran ola por la que se le recuerda, el misticismo del dragón que escapa hacia las alturas entre las cenizas, la elegancia incomparable de la composición vertical que hacen de Hokusai un artista inolvidable.

Dragón de humo escapando del Monte Fuji (1849).