Inteligencia artificial: ¿puede un algoritmo crear? Parte 1 de 2

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La noticia llegó en mayo de 2023 para arruinarle el día a los seguidores de Severance, el adictivo drama ciencia ficcional de Apple TV: después de arrasar con premios durante el año anterior, la producción de su segunda temporada quedaba varada junto a Stranger Things, Abbott Elementary y Yellowjackets. ¿El culpable? La huelga de escritores de Hollywood.

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¿Las peticiones? Lo mismo de siempre: derechos básicos, remuneración digna, protección contra robots invasores que vienen a robar sus voces, ideas y trabajos. 

La última huelga levantada ocurrió 15 años antes, cuando el sindicato exigía mayores ganancias sobre ventas de DVD y “nuevos medios”, como ese incipiente streaming que ya para entonces había comenzado a alterar las formas en que consumimos historias y, por tanto, cómo se producen.

En 2023, los problemas aún se resumen en tecnología, ese concepto tan complejo y malentendido desde la Revolución Industrial, un periodo que transformó las máquinas en monstruos.

Nueva tecnología, los temores de siempre

Tale as old as time: con cada nueva tecnología, el ser humano encuentra una forma creativa de darle uso y lenguaje, la vuelve un medio de expresión con posibilidades infinitas. Esto nos lleva de nuevo a los robots.

Aprendizaje automático, aprendizaje profundo; inteligencia artificial que puede analizar  cantidades inimaginables de datos, detectando patrones y generando (¿creando?) material original basado en lo aprendido. La ironía no se escapa, nos dice Reuters: “Los guionistas de Hollywood han escrito durante décadas películas de ciencia ficción en las que aparecen máquinas que se apoderan del mundo. Ahora, luchan para que esas máquinas no les quiten el trabajo”.

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Detengámonos un momento y, hablando directamente a nuestros lectores que producen contenido, pensemos en lo que sabemos hoy, noviembre de 2023, sobre optimización para buscadores. Pensemos en que, en este momento de la historia, cualquier creador necesita saber un mínimo de optimización SEO simplemente para tener la oportunidad de comunicar, necesita una presencia en la red, un expertise tecnológico que, mientras mayor sea, mejorará el perfil logrado, la audiencia alcanzada, el mensaje resonando.

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Pensemos, entonces: estas presencias internáuticas son nuestra carta de presentación, nuestro book, la forma en que mostramos nuestra voz y trabajo al mundo. Por supuesto, esto lleva implícita la vulnerabilidad al plagio, pero, ¿qué pasaría si ese plagio pasara a ser un gemelo idéntico que no solo copia el contenido que creamos, sino que produce uno nuevo? Pensemos que esa nueva creación es indistinguible de lo nuestro, no nos pertenece y sobre ella no tenemos poder ni voto. Pensemos que nos roban la voz.

Identidad, plagio, autoría

Esta idea es central en el llamado “Problema de Nora Ephron” que el sindicato de escritores utilizó como ejemplo durante la huelga para sustentar su preocupación por el uso de IA en la industria cinematográfica. Ephron es la guionista tras éxitos como When Harry Met Sally y You’ve Got Mail; el ejemplo imagina el escenario donde un estudio “alimenta” a una inteligencia artificial con todos los guiones de Nora Ephron, generando una nueva película en su estilo, en su voz. 

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¿A quién pertenece esa película? ¿Quién recibe ganancias, regalías? ¿Cómo definimos la autoría? ¿Cómo evitamos que las máquinas literalmente nos reemplacen cuando pueden imitar nuestros patrones de escritura, adaptarlos a tendencias y gustos del público y producir obras completas a velocidad supersónica, sin quejarse, demandar derechos laborales o hacer huelgas?

Escribir va más allá de sintaxis y gramática. Aun así, el plagiarismo está en el centro de toda conversación sobre creatividad e inteligencia artificial, lo cual limita peligrosamente el potencial de su empleo para mejorar no solo nuestra productividad laboral (un asunto por sí mismo éticamente complicado), sino nuestra experiencia humana entera. Curioso que ese sea uno de los temas centrales de Severance: el trabajo está en el centro de nuestras vidas, queramos o no. ¿Sería la inteligencia artificial un posible camino para mejorar el balance, para delegar lo burocrático y concentrarnos en lo trascendental? 

Como parte de su comunicado oficial, el Gremio de Escritores de América menciona: “Es importante señalar que un programa de inteligencia artificial no puede crear. Solo genera una regurgitación de lo que consumió (…) El plagio es una característica de su proceso”. Aquí es donde se complica la historia, donde podemos confundir la fina línea entre aprendizaje y plagio. ¿Cómo debemos redefinir conceptos tan fundamentales, cuando  nuestras delimitaciones de lo humano y lo artificial cada vez quedan más obsoletas? 

Tal como ocurrió con el monstruo incomprendido en esa fábula precautoria que es Frankenstein, nuestros miedos nacen de un precedente histórico: la pérdida masiva de empleos que desarrollos como la máquina de vapor y la electricidad trajeron consigo. Tale as old as time: con cada nueva tecnología, el ser humano encuentra una forma destructiva de darle uso, de volverla un monstruo. 

La Cuarta Revolución Industrial ya está aquí. No lo digo yo, lo dice la ONU. 

¿Cómo podemos asegurarnos de estar preparados? Te lo contamos en la segunda parte de este artículo. Haz clic aquí.

Mientras tanto averigua si ¿volvimos al pasado o al futuro? El horario de verano que no se quiere ir.