Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte II)

Su carrera de pintor

Van Gogh encontró en el arte una manera de expresar los sentimientos que tanto le costaba comunicar a los demás, era un amante de la naturaleza y de los maravillosos paisajes que esta le regalaba; sin embargo, “no lograba ponerse de acuerdo con ella”, por lo que —con un influjo del impresionismo —creó la atmósfera que estaba en su imaginación, formando un estilo y una combinación de colores propios.

La siesta. (Tomada de Pinterest).

Uno de los temas constantes en sus cuadros es la vida cotidiana en los campos, en donde aparecen los mineros y campesinos por quienes sentía gran simpatía. En esos tiempos le escribió a su hermano —con quien tenía una relación muy estrecha— esta carta:

 “Querido Théo: Estoy copiando dibujos y creo que si los vieras no los encontrarías tan mal. Si ya tienes los que te pedí de Millet, el pintor que tanto me gusta, envíamelos en cuanto puedas. No te preocupes por mí, si logro continuar dibujando me sentiré bien. He interrumpido mi trabajo para escribirte y tengo prisa por continuarlo, de manera que me despido. Te mando un fuerte y cariñoso abrazo. Vincent”.

Los comedores de patatas

Terminada en 1885, es considerada su primera gran obra de arte. En ella retrató a cinco campesinos con los mismos tonos de la tierra que cultivaban; así, la papa recién cosechada se encuentra plasmada en todo el lienzo. Sin embargo, en su época esta pintura no tuvo el éxito esperado, pero hoy en día ha alcanzado gran prestigio entre la comunidad artística.

Vincent van Gogh - Los comedores de patatas
Comedores de patatas (1885).
La noche estrellada

Uno de los cuadros más famosos, apreciados y que ha inspirado a otros artistas es La noche estrellada, aquí algunos de los datos interesantes de esta gran obra:

  • De acuerdo con las cartas que intercambiaba con su hermano Theo, para realizar este cuadro se inspiró en el paisaje que veía desde el hospital psiquiátrico Saint-Paul-de-Mausole.
  • Algunas teorías afirman que tiene cierta simbología —como los cipreses— relacionada con los cementerios y la muerte. Un comentario de Van Gogh da pie a esta sospecha:

“Mirar las estrellas siempre me pone a soñar. ¿Por qué, me pregunto, no deberían los puntos brillantes del cielo ser tan accesibles como los puntos negros del mapa de Francia? Así como tomamos el tren para llegar a Tarascon o Rouen, tomamos la muerte para llegar a una estrella”.

Noche estrellada (1889). (Tomada de Pinterest).
  • Van Gogh mencionaba en sus cartas a Theo a la “estrella del amanecer”, años más tarde, el historiador Albert Boime descubrió que esta estrella era en realidad el planeta Venus.

A pesar de realizar 900 cuadros (entre ellos más de 30 autorretratos y 148 acuarelas) y más de 1600 dibujos, fue de esos artistas que —por desgracia— en su época no fueron reconocidos y en vida solo vendió un cuadro: El viñedo rojo. Fue comprado por 400 francos durante una exposición en Bruselas por Anna Boch, una coleccionista de pintura impresionista. Sus demás obras no trascendieron hasta después de su muerte, actualmente se venden por millones de euros en subastas y ventas privadas.

Si quieres conocer más acerca de la enigmática vida de este gran artista, las razones que lo llevaron a mutilarse una oreja y las sospechas acerca de su muerte, no dejes de leer la primera entrega de este texto  Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte I),

 

Van Gogh: un maravilloso artista atormentado (Parte I)

La mayoría de los artistas buscan exorcizar sus demonios personales por medio de sus obras, transformándolas en algo maravilloso, tal es el caso del reconocido pintor Vincent Willem van Gogh (Países Bajos, 1853-1890). A pesar de haber padecido varios trastornos psicológicos, logró plasmar en sus cuadros un mundo colorido y único.

Vida personal

Su biografía es conmovedora e intrigante desde el inicio. Nació justo un año después de que llegara al mundo un hermano con su mismo nombre: Vincent Willem, quien nació muerto o falleció al poco tiempo. De acuerdo con algunos psicólogos, la muerte del primer niño puede tener repercusiones tanto en los padres como en el hijo siguiente y seguramente fue impactante para él ver una tumba en donde estaban grabados su nombre y apellidos.

Pintando (tomada de Taringa).

A Van Gogh le costaba relacionarse con los demás y sus trastornos lo llevaron a internarse en un hospital psiquiátrico en varios momentos de su vida. A pesar de que recibió varios diagnósticos, como: epilepsia, esquizofrenia, neurosífilis, psicopatía y trastorno bipolar, no se ha llegado a una conclusión general sobre el mal que lo acechaba.

El misterio de la oreja y la muerte de Van Goh

Un suceso muy conocido de Van Gogh es la mutilación de su oreja. Existen varias versiones, algunos expertos dicen que fue consecuencia de sus trastornos, otros creen que lo hizo al recibir la noticia de que su querido hermano Theo se casaría, unos más, afirman que fue Paul Gauguin quien le “voló” la oreja con un golpe de espada durante una discusión. Lo cierto es que después de la mutilación, llevó su oreja como un regalo para Rachel, una mujer que trabajaba en un burdel, quien cayó desmayada al ver tan terrible obsequio.

La oreja de Van Gogh.

Otro punto del que se ha hablado mucho es la muerte del pintor. La versión oficial dice que se suicidó a los 37 años pegándose un tiro; sin embargo, en el año 2011 Steven Naifeh y Gregory White Smith afirmaron en su obra Van Gogh: la vida, que el artista falleció una tarde en que salió a pintar y accidentalmente recibió un disparo de los adolescentes René y Gaston Secrétan; él no quiso responsabilizarlos y asumió la culpa. Esta teoría no está confirmada, pero es una posibilidad.

Su carrera de pintor
Trigal con cuervos.

Le encantaba el dibujo desde que era joven pero su carrera como pintor inició hasta los 32 años y desde entonces no paró de pintar a lo largo de sus últimos cinco años de vida.  ¿En qué se inspiraba para pintar?, ¿cuáles son los secretos ocultos de su arte?, en la próxima entrega de este artículo podremos conocer la respuesta a estas y varias interrogantes más.

Continuará…

 

 

La señora Moliner

María Moliner fue una señora española que nació en Zaragoza, España, en 1900 y murió en Madrid en 1981. Tuvo un esposo y cinco hijos: tres hombres, una mujer y un diccionario.

En 1952 su hijo, el arquitecto Fernando, le regaló a su madre el Learner’s Dictionary of Current English (1948), de A.S. Hornby y otros. Esto inspiró a la señora Moliner para escribir su propio diccionario del idioma español. En un principio pensó en algo “sencillo” a terminar en un plazo de dos años, pero este modesto proyecto se convirtió en un trabajo de 15 años que culminó con el Diccionario de Uso del Español en dos gruesos volúmenes.

El diccionario Moliner, editorial Gredos.

Dicen los conocedores que el Moliner era mejor que el Diccionario de la Real Academia Española, pues la señora incluyó cientos de palabras notificando que no estaban en DRAE y además agregó ejemplos de uso y otras “linduras” que lo hicieron realmente valioso, especialmente para escritores.

De su vida

La vida de la señora Moliner fue sencilla, por no decir simple. Nació en Zaragoza en 1900. Comenzó a trabajar desde los 15 años dando clases particulares de latín, historia y matemáticas. Estudió Historia y Filología y trabajó como archivista y bibliotecaria la mayor parte de su vida. Combinó la escritura del diccionario con su trabajo en la biblioteca de la escuela de ingenieros industriales de Madrid. En 1974 murió su esposo. Cuenta su hijo que desde entonces, María “echó el cierre” y nadie logró comunicarse con ella hasta su muerte en 1981.

María Moliner, bibliotecaria.

De su obra

Por su diccionario, Moliner fue la primera mujer nominada para ocupar un sitio en la Academia de la Lengua Española, sin embargo, le fue otorgado a un filósofo. María declaró que tuvieron razón en no elegirla, puesto que “lo único” meritorio que ella había hecho en su vida profesional había sido un diccionario, pero… si lo hubiera hecho un hombre, todos se hubieran asombrado de que no estuviera en la Academia.

Después de su muerte, Gabriel García Márquez publicó en el periódico El País un artículo titulado “La mujer que escribió un diccionario”, donde contaba curiosidades al estilo del realismo mágico, como que su verdadero oficio era remendar calcetines, que no respondía las cartas porque era muy perezosa (según decía ella) o que su marido medía con cinta métrica los cúmulos de fichas con las palabras que iba definiendo. Al parecer, esto se lo había contado al escritor colombiano Pedro, uno de los hijos de Moliner.

Pero luego, otro hijo, Fernando, dijo que lo escrito por García Márquez eran puras mentiras, que el esposo nunca midió los ficheros ni María lo escribió mano ni partía las hojas en cuatro para trabajar. ¿Quién dice la verdad? Nunca lo sabremos, aunque en las fotos de la señora se le puede ver trabajando ante unos atriles y una máquina de escribir.

Moliner trabajando en su diccionario.

En realidad, lo importante es que si uno no encuentra una palabra en el Diccionario de la Lengua Española ni el del Español de México, siempre puede acudir al Moliner, es muy probable que ahí esté.

Foto de entrada por Aaron Burden en Unsplash

Pesadillas de H.R. Giger

La ciudad de Gruyères, en Suiza, no solo es famosa por el queso que lleva su nombre, sino porque ahí, en el castillo de Saint Germain, desde 1998 se exhibe la obra de uno de los artistas más escalofriantes e influyentes de la era contemporánea.

 

Hans Ruedi Giger nació en 1940. Desde su niñez tenía pesadillas. En la adolescencia sus obsesiones fueron las armas y el sexo: se masturbaba en un rincón del salón de clases y desarmaba pistolas para limpiarlas y examinar su mecanismo. Años más tarde, cuando estudiaba arte en la universidad, experimentó con la teoría de la interpretación de los sueños de Sigmund Freud, de lo que resultó el trabajo final Station Passage (1965), donde ya se ven máquinas insertadas en seres deformados, como preámbulo de sus característicos biomecanoides.

Transiciones

Una vez graduado, en 1966, H.R. consiguió su primer trabajo como diseñador de muebles de oficina. Ese año fue fructífero, aprovechó su insomnio para desarrollar los materiales de su primera exposición individual. También conoció a la actriz y modelo Li Tobler, de quien se enamoró locamente y que se convirtió en su musa.

(Poco a poco su arte evolucionaría, al probar nuevos materiales y variar los temas de sus obras sin jamás abandonar la oscuridad: de tinta, navajas y papel de radiografía a aerógrafo; de muebles por encargo a la temible silla de huesos Harkonnen; de torsos egipcios a esculturas siniestras; de paisajes al óleo a inquietantes imágenes de metálicos-enormes penes-mangueras insertos en mujeres intensamente sensuales; de performances a escenografías y otras creaciones cinematográficas… La relación con Li terminaría catastróficamente con el suicidio de la actriz a los 27 años a causa de la depresión.)

Monstruos del espacio

Los trabajos de Giger siguieron su curso: diseño de pósters y portadas de LPs, una sucesión de exposiciones individuales y trabajos colectivos, diseños espaciales y pintura erótica.

Empezó a dibujar los enormes gusanos extraterrestres concebidos por Frank Herbert en la novela Dune, para una adaptación al cine que Alejandro Jodorowsky nunca logró concretar.

Realizó una serie de terribles y asombrosas imágenes inspirado en el Necronomicón, libro imaginado por H.P. Lovecraft que muchos desearían que existiera en la realidad.

El cineasta Ridley Scott vio estos trabajos y lo contrató para diseñar la escenografía y el xenomorfo protagonista de la película Alien (1979). Gracias a esta, fue conocido en muchas partes del mundo y obtuvo un premio Oscar por Mejores efectos visuales.

Biomecanoides

Así, entre insomnios y pesadillas, lecturas estremecedoras y una intensa experimentación, Giger fue inventando su propio estilo artístico, fundado en la teoría del biomecanismo, donde seres vivos se conectan con máquinas para convertirse en biomecanoides, unas criaturas a medio camino entre lo orgánico y lo artificial, que habitan en paisajes saturados de patrones metálicos. Es también una forma de protesta contra la industrialización exacerbada, el consumismo y otras miserias que atormentan al hombre contemporáneo.

Giger transformó sus pesadillas en exquisitas obras de arte que muchos no soportan ver. Dejó de hacerlas a los 74 años, cuando cayó por las escaleras de su casa y murió. Nos dejó su universo particular, terrorífico e inexplicable, fuera de este mundo y tan terrenal como el sexo.

Todas las imágenes son fotografías de la exposición “Solo con la noche”, que se presenta en la Ciudad de México.

Los 8 excéntricos y los 4 caballeros

China, siglo XVII. La dinastía Qing llega para sustituir a la Tang en el gobierno de la nación. Se quedará en el poder durante 300 años. En el arte, la tradicionalista y egocéntrica corte imperial exigió ser la protagonista, sin embargo, en el siglo XVIII, ocho artistas de la provincia de Yangzhou se rebelaron y se negaron a retratar a los nobles, encontrando su inspiración en los “cuatro caballeros” de la naturaleza, los animales en su estado silvestre y las personas sencillas que no ostentan título nobiliario. También fueron estupendos calígrafos.

Se empeñaron en ser originales y desarrollar cada quien un estilo propio y único.

Roca y bambú de Zheng Xie

Su actitud rebelde y rompedora de tendencias artísticas les dio el sobrenombre de “Los ocho excéntricos” y su necesidad de renovar el estilo artístico convencional logró que cambiara para siempre la forma de ver el arte tradicional chino, por lo que han influido en un gran número de artistas.

Los ocho excéntricos de Yangzhou

1 Zheng Xie (1693-1765), obtuvo un puesto de funcionario del imperio, al que renunció cuando recibió un reporte por construir un refugio para personas necesitadas.

2 Jin Nong (1687-1763) fue el más culto y célebre de los ocho, aunque empezó a pintar a los 50 años. Fue un inconformista y su propio promotor, así como el primer pintor de la tradición china en hacerse una serie de autorretratos. Creó su propio estilo de caligrafía.

Ciruelo en flor de Jin Nong

3 Wang Shishen(1686–1759), toda su vida fue pobre, pero feliz de su profesión y un perseverante investigador del arte pictórico.

4 Huang Shen(1687–1772) nació en una familia de escasos recursos e inició su carrera como calígrafo, pero adquirió notoriedad al formar parte del grupo de los excéntricos.

5 Li Shan (1686–1762) fue un notable pintor desde los 16 años y ejerció como magistrado de la corte imperial.

6 Luo Ping (1733–1799), huérfano desde muy niño, pronto fue aclamado como un gran poeta y pintor. Rechazó un puesto en el gobierno para mantener su independencia artística. Poco antes de su muerte, pintó fantasmas que, según él, había visto con sus propios ojos.

Orquídea de Luo Pin

7 Gao Xiang (1688–1753), del cual decían que fue pobre y muy vanidoso.

8 Li Fangying (1696–1755), además de artista fue magistrado durante más de 20 años.

Y los cuatro caballeros de la naturaleza

Son cuatro flores muy pintadas por los artistas tradicionales chinos desde el siglo X, que pertenecen cada una a cada estación del año.

Cada caballero está asociado con ciertas características y valores.

Orquídea, la primavera, simboliza la elegancia, se asocia a lo femenino y lo efímero.

Pescador y Pescadora por Huang Shen

Bambú, el verano, metáfora de longevidad y vitalidad, representa la conducta ejemplar y el carácter noble. Se asocia con la flexibilidad.

Crisantemo, el otoño, es el triunfo contra la adversidad y la unión familiar.

Flor de ciruelo, el invierno, se caracteriza por su tenacidad y simboliza el amor incondicional y la capacidad de renovarse.

Imagen de entrada: Orquídeas y bambú de Zheng Xie.

Leyendas de Hokusai

Katsushika Hokusai (1760-1849) nació en Tokio cuando esta ciudad aún se llamaba Edo. Es uno de los artistas japoneses más conocidos e influyentes. Grabados como La gran ola de Kanagawa (1830-1833) o el erótico Sueño de la esposa del pescador (1814) forman parte de la cultura popular, hasta el punto de que La gran ola fue la primera obra de arte que se convirtió en emoji y la podemos ver en la colección de WhatsApp junto a un paraguas verde.

En el prólogo de uno de su libros más famosos, que presenta Cien vistas del Monte Fuji (1834-1835), Hokusai confesaba: “Desde los 6 años tuve pasión por copiar la forma de las cosas; a los 50 ya había publicado muchos dibujos, pero después de todo, hasta los 70 años no había hecho nada memorable. A los 73 empecé a comprender la estructura de las cosas: animales, pájaros, insectos y peces, hierbas y árboles. Así, a los 86 iré progresando, a los 90 penetraré en el verdadero significado del arte, y a los 100 años, tal vez habré alcanzado el nivel de lo maravilloso y lo divino. A los 110 años, cada línea de mi trabajo tendrá vida propia”. Luego de esta declaración de principios, hecha a los 75 años, no es de extrañar que este exótico artista esté rodeado de leyenda.

Autorretrato (1839).

1

El hombre rezó una vez más en el templo de Buda. Pidió con fervor inspiración y talento. Deseaba que su trabajo fuera mejor de lo que hasta entonces había hecho. Creía que en más de 30 años de ejercer su arte, este seguía siendo ordinario y banal. Quería que los rostros fueran más expresivos, que los animales saltaran del papel, que los árboles movieran su follaje y las olas se estrellaran en los sentidos de quienes las miraran. Sabía que su deber era seguir trabajando, no abandonar la esperanza de que algún día se convertiría en el artista que anhelaba ser. Lleno de fe, aquella noche se levantó del suelo donde estaba postrado y salió del templo. Una tormenta eléctrica destellaba en el cielo. De repente, vio un relámpago tronar sobre él y el rayo atravesó su cuerpo. Vencido, sintió la descarga y creyó que era su fin. Sin embargo sobrevivió, y fue invadido por un nuevo vigor. Los trazos empezaron a ser más sólidos, más precisos, su ojo más agudo y sus manos más sensibles al manejar la madera, la tinta y el papel. Todos a su alrededor se dieron cuenta y comenzaron a apreciar su trabajo. De boca en boca se extendió su fama y el nombre de Hokusai y las maravillas de su arte se conocerían y serían admiradas más allá del tiempo y la distancia.

Sueño de la esposa de pescador (1814).

2

La fiesta estaba en su apogeo cuando el artista llegó, sacó papel y tinta y empezó a dibujar geishas, estrellas del kabuki y personas que bebían, reían, compartiendo el ambiente festivo. Los invitados se acercaron a él para pedirle más imágenes. Bajo pedido dibujó fantasmas, brujas, demonios y dragones, hombres gordos, mujeres sensuales, personajes de leyenda con animales danzando alrededor. La noche avanzaba, el artista seguía trabajando, en sus hojas se plasmaban seres de las más diversas formas y en las más variadas posiciones: bailando, nadando, saltando, riendo o llorando, vestidos, desnudos, a caballo o descansando. Aquella noche no fue la primera ni la última, pero sí una de las más productivas del grabador. Con los meses y los años los dibujos se multiplicaron hasta ser miles y finalmente Hokusai los publicó en una serie de 14 libros llamados Manga (1814-1878), que quiere decir “dibujos caprichosos”, pero para él significaba algo así como “el pincel que se volvió salvaje”. Son los precursores de las actuales historietas japonesas.

Manga, vol. 4, personas nadando y buceando.

3

Hokusai, que tuvo más de 30 seudónimos a lo largo de su vida productiva, murió a los 89 años, sin haber logrado penetrar el verdadero significado del arte. Pero si observamos la que, al parecer, fue su última obra, El dragón de humo que se escapa del Monte Fuji (1849) nos daremos cuenta de que casi lo logró. Es una especie de síntesis de los motivos que lo apasionaron a lo largo de su ruta artística: el poder de la naturaleza que representa el monte-emblema de Japón, la ligereza del humo que brota de él, con la misma movilidad, aún más vaporosa, que la gran ola por la que se le recuerda, el misticismo del dragón que escapa hacia las alturas entre las cenizas, la elegancia incomparable de la composición vertical que hacen de Hokusai un artista inolvidable.

Dragón de humo escapando del Monte Fuji (1849).

10 cosas que aprendí de David Bowie (parte 1)

David Robert Jones (Londres, 1947-EE. UU., 2016) fue mundialmente conocido como David Bowie. Es considerado uno de los músicos más influyentes del siglo XX y paralelamente hizo carrera como actor. Como cantautor ejecutó diversos géneros y adoptó varios alter egos, de entre los que sobresalen Ziggy Stardust y Thin White Duke. Como actor, fue rey de los duendes en Laberinto (1986) Poncio Pilatos en La última tentación de Cristo (1988) y Nikola Tesla en The Prestige (2006). Se le reconoce por temas como “Space Oddity”, “Ashes to Ashes” o “Heroes”, aunque su herencia musical es mucho más extensa. Es un ícono de la cultura pop.

Sus fanáticos nos obsesionamos con su música, su talento y su apariencia. Además de disfrutarlo como artista, he aprendido de Bowie algunas cosas que van más allá de su legado musical.

  1. Se puede ser mejor siendo diferente. Un día me preguntaron: ¿Qué prefieres ser: mejor o diferente? Aunque la respuesta parece obvia para mí no lo fue. ¿Mejor en qué o mejor que quién? Cuando empecé a conocer y a admirar a Bowie empecé a entenderlo: él nunca se pareció a nadie más que a sí mismo y esto le bastó para ser el mejor.
  2. El sexo fluye y fluye y fluye… De un chico aparentemente masculino pasó a tener una imagen andrógina, luego a vestirse de mujer. Se decía que vivió en pareja con hombres, con mujeres y que participó en orgías. Dijo que era homosexual y después cambió de opinión y se declaró bisexual para, finalmente ser un padre de familia hetero. Al final, para él las especulaciones sobre su sexualidad no fueron más que etiquetas sin importancia.

    Como Ziggy Stardust (1973).
  3. Además de buen músico ser puede ser un buen mercadólogo. Quien piense que crear Ziggy Stardust fue para Bowie pura inspiración artística está en un error. Él deseaba ser famoso y no lo había logrado, así que decidió conscientemente crearse una imagen inolvidable que sorprendiera y vendiera. Incluso declararse bisexual fue una ocurrencia en su momento para que se fijaran en él (después lo negaría, al fin que ya era famoso). Así que no basta con ser talentoso, hay que hacer un esfuerzo extra para que los demás lo noten y (seamos realistas) poderlo capitalizar.
  4. Se puede crear música de un montón de géneros sin perder la esencia. Blue eyes soul, jazz, glam rock, hip-hop, heavy metal, electrónica, pop, alternativa… A Bowie se le relaciona con una larga lista de géneros musicales, incluso se le considera iniciador de algunos. Lo cierto es que, incluso cuando en ocasiones se alejó de sus raíces glam (y fue criticado por ello) nunca renunció a experimentar. Su voz y estilo, tan imitados y “homenajeados”, son tan suyos que resulta inconfundible.

    Como The Thin White Duke (1976), foto de Jean-Luc Ourlin.
  5. La belleza es un concepto. Le muestro imágenes de Bowie a mi hijo de 11 años y él me va diciendo: “Chico… chica… chica… alien… señora… señor… chico… alien”. Yo le digo que es hermoso y él responde que le da miedo ese señor tan flaco y pintado y con ropa tan extraña. Es que para muchos Bowie no es de este mundo, simplemente no hubo nadie como él. Para mí su belleza radica en esa confianza en sí mismo, en la audacia, en la personalidad que transmiten sus ojos, sus facciones y sus movimientos, no en lo que los cánones de belleza (siempre cambiantes), prescriben.

Foto de entrada por David Preston en Unsplash

Maryam, la matemática que vino del Oriente

El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, por lo que durante todo el mes se realizan acciones para concientizar y prevenir sobre este mal que, aunque la mayoría de las veces es curable, aún se lleva un gran número de vidas. Por ello, en 360 Grados deseamos recordar y rendir homenaje a tres mujeres de diferentes épocas, países y campos de estudio que murieron de esta enfermedad.

(Teherán, Irán 1977-California, EE. UU., 2017)

De niña quería ser escritora, pero en la adolescencia surgió su pasión por las matemáticas. En la prepa, participó y ganó una medalla de oro en la Olimpiada Iraní de las Matemáticas, desde entonces la joven Maryam Mirzakhani decidió su destino. Su mente voló más alto que la de la mayoría de los mortales, sus complejos conceptos superaron los conocimientos de sus profesores de matemáticas; finalmente colgó el hiyab y dejó su país natal para obtener un doctorado en Harvard.

A los 31 años ya era profesora en Stanford y desarrollaba análisis complejos con rapidez y creatividad. Le interesaba estudiar los conceptos desde diversos ángulos hasta encontrar el que hiciera avanzar una idea y pasar a la siguiente. Extendía un enorme papel en el suelo y ahí escribía y reescribía fórmulas y símbolos. Su campo de estudio eran las geodésicas en las superficies hiperbólicas (lo que sea que eso signifique, pero tiene que ver con la geodesia, es decir, el cálculo de superficies curvas aplicado a la superficie terrestre), que desarrolló desde su tortuosa tesis doctoral, rehecha una y otra y otra vez hasta que ella y su asesor quedaron satisfechos.

Maryam Mirzakhani con su hija Anahita, posando con los demás ganadores de la medalla Field (Artur Avila, Martin Hairer y Manjul Bhargava) durante el Congreso Internacional de Matemáticos 2014 en Seúl.

Sus colegas la recuerdan como una persona generosa, con extremo talento en un campo donde la presencia de las mujeres no es común y, sobre todo, muy celosa de su vida privada en compañía de su esposo, Jan Vondrák, y de su hija.

En 2014 fue la primera mujer y la primera iraní en obtener la Medalla Fields, equivalente al Premio Nobel de las Matemáticas. Cuando la recibió, en el Congreso Internacional de Matemáticos realizado en Seúl, Corea del Sur, ya estaba enferma.

A los 40 años murió. La comunidad matemática se unió en homenajes a esta mujer con conocimientos profundos, con un dominio técnico impresionante y una imaginación que llevó las ciencias a un nuevo nivel.

Maryam Mirzakhani murió de cáncer de mama.

Foto de entrada por John Moeses Bauan en Unsplash